Femina Suite, polifonía entre un yo narrativo que se despliega en la trilogía de R.H. Moreno-Durán 

el

Por Wilson Guillermo Díaz Rodríguez

El destino de los navegantes es descubrir mediterráneos 

Antonio Machado  

La trilogía Femina Suite, del escritor R.H. Moreno-Durán, es la multiplicidad de la contemplación y celebración, así como de un juego narrativo donde lo significativo determina la configuración devoradora de un polifónico yo representativo. La novela entra hacia una dimensión narrativa exquisita en donde los personajes manifiestan situaciones que se abren y se cierran sobre una suspensión del tiempo metafórico como lo expresa Juan García Ponce. 

Juego de damas la primera novela de la trilogía, parte desde luego, de una teoría que es concebida por un escritor que no aparece en la novela, pero también es un personaje cuyo nombre es Rodolfo Monsalve. Este irritante sujeto profesa la amenazante teoría de la Coñocracia, la cual se encuentra también en el origen de la cultura y la civilización, y ha sido investigada por Bachofen en el siglo pasado. Estas amazonas o furias telúricas y devoradoras encarnan en Femina Suite la seducción polifónica del lenguaje hirviente en la escritura. 

Ahora bien, ese concierto de voces que se manifiesta con un carácter incitable sostiene que la mujer debe desarrollarse rigurosamente de acuerdo con sus facultades naturales, es decir será primero una Menina, después una Mandarina y finalmente alcanzará la madurez y la honrosa categoría de Matriarca. 

Y sólo de esta manera se cumple, en efecto, un orbis tertius en el sentido como lo expone Ovidio: un círculo en que las divinidades son infernales y son femeninas y al mismo tiempo terriblemente seductoras y poderosas en su carácter femenino (Ovidio, 2002, p. 12).  

Femina Suite de R.H. Moreno-Durán, Alfaguara.

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El propósito del cuerpo erótico que se desdobla en el yo narrativo revela sus divinidades infernales, como la Ninfa Eco, las Tres Caras Bellas, la Pinta, la Niña y la Loca María. De esta manera las MeninasVerbi gratia explotan entre las profundidades de cada costura que se va agrietando en el lenguaje y a su vez se clasifica en “Una vida, una idea y un mundo”. 

 Cada vez que el Maestro diga conciencia piensen en su coñito, y cuando diga saber piensen en el placer. Cuando pronuncie la palabra Absoluto ya no hay nada que hacer, queridas, pues eso ya es un despelote orgásmico del carajo (Durán, 2002, p. 31).  

El juego de la palabra crea una conciencia absoluta en la seducción entre el placer de saberse excitado, hasta alcanzar el más allá del límite del placer. R.H. Moreno-Durán elige un coloquio seducido por el conocimiento, la experiencia rítmica en la vida misma, como un símbolo infernal, en donde Femina Suite avanza someramente en el ámbito de un fuego que se va engendrando en el tono. El arte también se encuentra presente en la novela como una incrustación pictórica que aborda la parodia y la fantasía literaria en cuadros de una belleza narrativa. 

A continuación un fragmento de las Meninas: 

Una idea— A las seis de la tarde las Meninas de Velázquez, sentadas en butacas de terciopelo carmesí, se abanicaban el chocho… 

—¿Y eso qué es? —pregunta alguien a su lado— Un fragmento de El Entierro del Conde de Orgaz, del buen Picasso—contesta el sabihondo de la clase al tiempo que, como si fuera un Nicolasito Partusato de excepcionales dotes, pone a trabajar su mano bajo la falda de Elisa Aponte, primera Mari – Barbola que encontró a su alcance (Durán, 2002, p. 41).  

La funcionalidad del diálogo gira a través de la fragmentación, la polifonía narrativa se disuade hacia el acontecimiento erótico, que invita a ser partícipe de dicha intimidad sobre el movimiento pictórico en la obra.    

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Después se va abriendo el espectro junto a la denominación o clasificación de las mujeres en este caso las Mandarinas que conforman la obra. El diluvio de voces oscila entre murmullos, dichos que van ejemplarizando bonachonamente y humorísticamente la descripción de los personajes. El esplendor en la obra va fluyendo por medio de otras obras que se nombran como la Mamá Grande, El Carnero entre otras, para que lo hibrido se acreciente.  

Te habrás dado cuenta de que la Menina es la expectativa del poder, la Mandarina el presente del goce, y la Matriarca esa suave, inolvidable nostalgia… (Durán, 2002, pág. 71).  

Existe en la obra una gran disertación de pensamiento y visión de mundo para caracterizar el proceso completo de Menina a Matriarca, donde se abarca aproximadamente unos cuarenta años expresados en el yo narrativo. O también entre los veinte hasta los sesenta, más o menos, ya que la etapa de Menina a Mandarina requiere como mínimo un lapso de quince a veinte años.  

Es así que esta Mecánica de Funcionamiento inventada por Monsalve es una especie de Aquelarre hacia la inevitable conquista del sexo. Un opus que se debe respetar bajo pena de muerte, befa, humillación y repudio absoluto. Pero antes de consolidarse los parámetros del goce, un pájaro excitado y de mal agüero se pavonea entre las voces orgiásticas de la sinfonía. 

El preámbulo de la normatividad burlesca y lujuriosa anuncia entre las ruidosas voces, la letanía de la seducción, el anonimato, el cornudaje, sacrificio de cuidar la calaña de los maridos. 

Lo ideal para ellas en esta primera etapa es atrapar un marido que no se meta para nada en sus asuntos, tranquilito él, que no tenga celos profesionales ni de los otros y que acepte todos los riesgos de su matrimonio: anonimato y cornudaje, entre otros. Y como es evidente que esta clase de maridos está a punto de extinguirse, algunas Meninas, para estar preparadas y en forma para la gran final de la que hablamos, han llegado incluso a importar especímenes de países remotos y a cuidarlos como sus propios ojos (Durán, 2002, p. 74).

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El esplendor que se interpreta en la obra Femina Suite de R.H. Moreno-Durán es la sucesión polifónica de un desafío como supremacía de sostener la fama de Matriarca hasta la muerte. Cada situación reina y rememora un premio, una sentencia que se desdobla entre el pensamiento y las peripecias de estas muñequitas infernales. 

El laissez faire, laissez passer erótico de los alucinantes demonios de ojos dulces es la cofradía desvencijada de la destrucción. Gorjeos, ronroneos, invocación y hasta el rasgar de guitarras entre el deseo y la penetración crepuscular de los cuerpos cansados se difuminan sobre los contrastes de las carnes inclinadas. 

La inquisitiva orgía de las palabras alegóricas, sustentan en forma descriptiva a las ninfas que se van transformando frente a la ilusión de su pervertida naturaleza.  

Flaca era, en efecto, pero endemoniadamente atractiva. Mantenía su cabello corto, animado de vislumbres y tonalidades castañas que, en tardes y noches como está, y casi de acuerdo a sus estados de ánimo, adquiría dorados reflejos que se imponían  magistralmente coronando de seda y luz tan elevada testa. Pero Paulette —mujer efectiva en el segundo tiempo— volvía a reconquistar su privilegio de caderas para abajo. Tornábanse anchas, duras, acogedoras y casaban a perfección su acuerdo con sus largas piernas. Pese a lo delgada que la Ninfita parecía —ya desciende y se nos aproxima—, sus muslos estaban muy bien provistos y excelentemente distribuida su carne. Cómo negarle clase y factura a esas larguísimas y bien torneadas zancas, estrechadoras y estranguladoras a la hora de la verdad que, para el caso de la Ninfa Eco, era la única dimensión de cada uno de sus instantes presentes. Qué hembra. Y tan delicada, tan suavecita, tan etérea, tan —¡Deténte, Stella!—, sí, tan puta (Durán, 2002, p. 81). 

Y es únicamente de esta manera que el coloquio de estas extrañas ninfas se parece a ese blues de Porter Granger, cuando su ritmo dice: pónlo aquí o quédate allá… Es el estrangulamiento de la voz que se construye en la ficción narrativa hasta desplegar una descripción aniquiladoramente femenina. 

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Lo obsceno se va vislumbrando en el pacto de las féminas, que se intoxica frente a las aberraciones, a las desdichas, a las referencias mitológicas del gnomo Alberico, esa criatura negra y repugnante que le robó el tesoro a las hijas del Rhin. O también a esa moral transmitida desde el confesionario con una luz de amargura, bilis e indigestiones humanas.  

Femina Suite, de Moreno-Durán, también es lo excesivo y apabullante de una luz que se descompone entre los espectros del simbolismo, los matices y los halos polifónicos al elevar los cuerpos entre remolinos de magenta, iris que van navegando en purpuras de poesía. La ironía viaja con el delirio al comprobar que la existencia lúbrica, arrugada del cuerpo, es alterada por la misma explosión entregada y a veces ausente de las palabras. Balbulus, el tartamudo  también se encarna en las entrañas risueñas del coloquio.      

La ironía te persigue y el azar te alcanza: los acentos que escuchas en tu desamparo te remiten a las viejas cadencias, pobres pero necesarias de Tuotilo, el monje, y Balbulus, el tartamudo, en las orillas de aquel lago lejano de Constanza… son voces que crecen, suben, se diluyen atadas ya a su complementario, el fuego o la luz —ese iris descompuesto que persigue las altas cifras de la trova, el canto, el canon abierto a las estrellas o a los amplios códices de tan antigua memoria (Durán, 2002, p. 101).  

El toque de Diana, la segunda novela de la trilogía alternativamente se sujeta a la variedad de tonos que forman el contexto narrativo a través del diálogo de Catalina con su amante. La descripción de la epidemia, (La Machaca) transmitida en forma de parábola es quizás el regreso de la teoría de la Coñocracia de Monsalve. Los recuerdos que son apolillados entre las escaramuzas de una experiencia tardía. 

A la izquierda, separado apenas algunos metros de su cama, el inmenso armario aparece pletórico de recuerdos agresivos, llenos de guiños y vestidos, atento siempre al orden del día como si fuera un avieso argumento de lo irremediable (Durán, 2002, pág. 345). 

R.H. Moreno-Durán. Foto: Indira Restrepo

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En cierta forma, la incisiva añoranza es atravesada por el navajazo de los años, el escenario, como lo expresa el yo narrativo, es un crisol de agresivos recuerdos que se estampan en las fisuras de los trapos viejos. 

Finale capriccioso con Madonna, la última parte de la trilogía enmarca el no tiempo, la no continuidad. En ella todo gira en el deseo y en la inmovilidad, en la separación de Irene Almonacid y en la amante judía Myriam León Toledo. Allí copula la antigüedad con el placer novelístico de la escritura. Se restablece la alternancia del whisky JB con los cañonazos del polvo blanco. Allí las nalgas de los amantes hablan por sí solas al mundo.  

Se levanta del chester y lentamente se dirige hacia las escaleras que conducen al mezzanino sin advertir siquiera la ávida mirada de Moncaleano Junior a sus espaldas, atrapado por la visión del intruso pliegue de la bata que no sólo le marca al caminar el canal interglúteo sino que resalta, sin pudor alguno, sus dos mundos pródigos haciendo visible lo intuible y acrecentando de forma perturbadora para él las magníficas formas de mujer (Durán, 2002, pág. 625). 

La caprichosa delicadeza en lo erótico en Madonna, en Femina Suite, pervive en movimientos casi de seda, por un voyerista que se atreve a espiar lo prohibido del sexo, como una pequeña luciérnaga que además de alumbrar el pliegue de la intimidad desea con armonía palpar, lamer, morder.  

A modo de conclusión la trilogía Femina Suite de Moreno-Durán, es el compendio de varias manifestaciones históricas, artísticas, filosóficas  que se van desmigajando en forma de sinfonía por medio de la gran polifonía en el yo narrativo. Un yo narrativo interminable, ya que la fuerza suscitada en el lenguaje es tan demoledora como el deseo sexual. 

Y es de esta manera que la obra se abre a la tempestuosa alquimia de lo erótico, y se cierra en la intriga e ironía de los acontecimientos lascivos en el entorno.     

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REFERENCIAS 

Durán, M.H.R. (2002). Femina Suite. Bogotá: Editorial Alfaguara.

Wilson Guillermo Díaz Rodríguez (Bogotá, 1978). Cursa Estudios Literarios en la Universidad  Autónoma de Colombia. Ha sido promotor de literatura infantil y juvenil en espacios no convencionales desde el año 2006. Ha desarrollado talleres de lectura para niños y jóvenes. Algunos de sus poemas han sido publicados en la Fundación y Editorial DomingoAtrasado. Obtuvo el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo Ojos erectos, presentado en el Vigésimo Sexto Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2011 y el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo La apocalíptica Yoknapatawpha County, en tres relatos del escritor William Faulkner, presentado en el Trigésimo Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2014. Su poema Locomotora- Film fue seleccionado en el segundo semestre del 2013 en la revista cartagenera Cabeza de Gato. Ha sido uno de los ganadores en el primer Slam de Poesía en el Ring realizado por el colectivo Las Desobedientes en febrero del 2015. Participó en las VIII Jornadas Universitarias de poesía ciudad de Bogotá “Nuevas voces para la poesía Iberoamericana” en septiembre del 2016. Su libro de poesía Las Heridas del Ruido fue publicado por la Editorial y Librería La Valija de Fuego en diciembre del  2015. Una selección de sus poemas ha sido publicados en las revistas Literariedad y Primera Página de México.

 

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