Época de cerezos

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Por Arturo Molina

La conocí en la FIL —a su pluma, quiero decir— una noche antes de que se presentara con otros talentos mexicanos. Leí un par de cuentos suyos en la red (Margaritas en la boca y La carretera). Me parecieron bien ejecutados y algo me quedó palpitando. Me compré Ensayo de orquesta (FETA, 2017) y entonces deseé que su siguiente libro llegara pronto.

Además del Julio Torri por Ensayo de orquesta, Laura Baeza ganó, también en 2017, el Premio Nacional de Narrativa Gerardo Cornejo con Época de cerezos (Paraíso Perdido 2019), volumen de cuentos publicado hace un par de meses —calientito, recién horneado.

Desde la primera historia nos sitúa en el sur del país, una ciudad con problemas inherentes a los del resto. Geografía selvática donde se construyó una central nuclear tiempo atrás y cuya existencia modificó la cotidianidad de los habitantes. Y este es el primer punto positivo que encuentro en el libro: los proyectos, orografía, accidentes y la política siempre permean en la comunidad. En ese sentido, la autora enfrenta a sus personajes a estos acontecimientos de manera afortunada en su ejecución.

Crea una atmósfera que vamos conociendo de a poco hasta sumergirnos del todo en los conflictos que rodean a los ciudadanos. Época de cerezos, como ya dijo Cástulo Aceves, “es un libro de cuentos con un hilo conductor que ya quisiera haberlo pensado yo”. En él radica parte de su valía. Cada historia funciona independiente y dentro de ellas se plantean enigmas que en otros cuentos se van retomando.

Durante la lectura sentía un extraño temor porque un relato estuviese supeditado al otro, una delgada línea que puede conseguir resultados infortunados. No obstante, Laura Baeza consigue que cada uno tenga vida propia y, al contrario, estos guiños vayan complementando una historia general que bien podría leerse como “una novela en diez cuentos”. 

Recuerdo aquella noche que la conocí —su pluma— y la sensación que me dejó La carretera, cuento en donde el accidente de la central nuclear se menciona con cierta distancia. Cuando me di cuenta que se trataba de una de las historias finales de este libro, confirmé el poderío que cada una tiene como elemento aparte. 

La narración nos lleva a un ambiente neblinoso, al apocalipsis de lo cotidiano, a compartir la ansiedad y nerviosismo de sus personajes. En Época de cerezos los aromas se materializan y, más que olerlos, los observamos transitar en esa neblina del sur. Se apoya en imágenes poderosas pero sin sobrecargarlas, lo que resulta en una lectura ágil, si se quiere, y en otra profunda, si se le mira desde la complejidad de construcción de un relato total.

Yo, igual que al terminar de leer Ensayo de orquesta, invito a acercarse a la pluma de Laura Baeza. Esta vez cierro Época de cerezos para aguardar, con paciencia —eso creo— el siguiente libro de esta autora. 

Época de cerezos de Laura Baeza, editado por Paraíso Perdido. Foto: Twitter Paraíso Perdido

Arturo Molina (1991) es un lector y charlador méxico-boliviano que juega todos los días a ser adulto, usando como objeto lúdico la palabra escrita. En 2016 recibió el VII Premio Nacional Noveles Escritores que otorga la Cámara Departamental del Libro de Santa Cruz, en Bolivia, por el volumen de cuentos Espinas, ya editado en México por La Tinta del Silencio (2019). Ha publicado textos en LetraliaPenumbria y Milenio Diario. Actualmente imparte el taller de iniciación a la creación literaria en el Centro Cultural del México Contemporáneo.

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