La ridiculez del amor existencial en Milan Kundera

Por Mara Covarrubias Sánchez

“Es posible que todas estas preguntas que inquieren acerca del amor,

 que lo miden, lo analizan, lo investigan, lo interrogan, 

también lo destruyan antes de que pueda germinar”.

—Milán Kundera, La insoportable levedad del ser—

El libro de los amores ridículos es el título de una de las primeras obras del novelista checo Milan Kundera, está conformada por siete capítulos o relatos en los que se exponen las perspectivas de los protagonistas acerca de la vida, las emociones, el sexo y el amor. Fue escrito entre 1959 y 1968, periodo que estuvo enmarcado por la Guerra Fría; el conflicto bélico de Vietnam; el desarrollo de la exploración espacial; los regímenes comunistas y socialistas en el mundo; la gestación de la Primavera de Praga,(1) así como el auge del pensamiento existencialista.(2) 

Es notorio que los relatos fueron escritos a lo largo de varios años pues son inconexos, la narrativa es variable y el planteamiento en cada uno de ellos pudiera obedecer al desarrollo personal del autor, quien para 1968 tenía apenas 39 años de edad pero ya había sido expulsado por primera vez y readmitido en el Partido Comunista; había experimentado el desempleo a causa de la prohibición de sus obras en Checoslovaquia debido a la publicación de su novela La broma; se había casado y se encontraba próximo a emigrar a Francia, país que le daría la ciudadanía en 1981.

Muy al estilo del autor, los relatos son descriptivos y la minuciosidad con que se construye la psicología de cada personaje favorece la comprensión del lector e incluso consiguen envolverlo en su contexto. Al paso de las páginas se descubren las historias de hombres y mujeres en franca desnudez de su ser: a veces apáticos, otras expectantes, contradictorios e inseguros; por momentos limitados por su juventud y en ocasiones por su vejez, pero siempre concebidos como seres individuales contrariados e inmersos casi voluntariamente en la tragedia o en situaciones derivadas de sus torpes decisiones.

Antes e incluso después de leer El libro de los amores ridículos, es inevitable preguntarse qué hace que el amor pueda caracterizarse por la ridiculez. A mí me parece que la noción de amor de Milan Kundera está atravesada por la versión filosófica existencial de su tiempo, producto de dos guerras mundiales que devastaron el ánimo europeo en el que la vida resultara obscena y sin sentido debido a su inherencia con la muerte, lo que provoca que el ser humano asuma su fúnebre destino con resignación cínica. Los afectos derivados del amor, tales como la inseguridad, la insatisfacción, la vanidad y la contrariedad frente a otro(3) ser humano resultan secundarias, casi absurdas y paradójicamente hilarantes: ridículas. 

En ese orden de ideas, los personajes de los siete relatos del Libro de los amores ridículos que pudieran caracterizarse por su sobriedad, posición, hazañas o incluso por la belleza física, resultan burlescos en su realidad interior: ya sea por sus motivaciones vanas, su irreflexión, sus acciones paradójicas e incluso sus comentarios fatuos; como lector, resulta posible detectar con relativa obviedad la profundidad de las problemáticas de cada protagonista, pero se descubre con inminencia la ineptitud del curso que toman sus decisiones. Por lo que respecta al amor la dinámica es invariable, puesto que no se detecta una noción definida entre éste, la sexualidad y el erotismo, constriñéndole entonces a disolverse conceptualmente con la satisfacción mediocre de un impulso biológico que solamente trasciende al cuerpo si desencadena alguna consecuencia funesta. 

Me he propuesto acotar el presente trabajo a la cuarta parte del libro titulada Symposion, en el que cinco personajes charlan y beben vino en la sala de guardia de un hospital sobre sexo, amor y las relaciones existentes entre ellos, ya que se encuentra en él prácticamente un catálogo de los postulados existencialistas. Tanto las circunstancias como cada personaje completan un ridículo absurdo, a saber: 

Espacio, tiempo y causalidad

El relato se desarrolla en la sala de guardia de los médicos de un hospital; Kundera (2008) enfatiza que se trata de la “sección cualquiera de un hospital cualquiera de una ciudad cualquiera” (p.125). Lo anterior, de inicio, propina la sensación de que esta situación permea a la humanidad, no es exclusiva en geografía ni en circunstancia: podría tratarse de cualquiera. 

Un hospital es un lugar en el que conviven la vida y la muerte, la esperanza y el desahucio; en dicho escenario, los personajes encargados de velar por la vida y salud de los enfermos se toman una pausa durante su guardia nocturna para hablar aleatoria y descaradamente de sus pulsiones(4), seguido de la ineludible responsabilidad del hombre a pesar de su ignorancia, incluso de las tetas de la enfermera dedicada a pinchar culos de viejecitos; o bien de la libertad de elegir sin aparente motivo; del amor platónico y la majestuosidad de la juventud; del placer de mear bajo la luz de la luna, el suicidio, el deseo y la inseguridad de todas las cosas, mientras beben vino (Kundera, 2008). 

El médico jefe

La desgracia que provoca al médico jefe la felicidad de su matrimonio deriva de la ausencia de libertad, incluso de la queja ante la monogamia que el vínculo legal le impone mas no le impedimenta; al ejercer la infidelidad con aparente convicción en nombre de la libertad, se degrada, inevitablemente, la no bien recibida felicidad. Aunque refiere estar enamorado de la doctora que los acompaña en la reunión, el impedimento para no exceder de sus encuentros clandestinos es su matrimonio desafortunadamente feliz. 

El médico jefe asegura que todas las mujeres pueden ser conquistadas mientras expone una teoría acerca del erotismo, señalando que no se trata solamente de un deseo del cuerpo sino en la misma medida de un deseo de honor; a manera de prueba relata una anécdota de cómo el rechazo de una chica guapa que gozaba de ir hasta con el que llevaba los cadáveres, le hizo acreedor a un extraordinario honor, lo que hasta hoy considera su mayor éxito erótico. El resultado de la paradoja es tragicómico.

Havel, el doctor conquistador

Popular conquistador de mujeres, el doctor Havel se da el lujo de despreciar públicamente a Alzbeta, la enfermera no tan vieja ni tan fea que se le ofrece a la menor provocación pero cuyo arrojo le hace sentir que exige reciprocidad. El desprecio no lo ejerce bajo el argumento de su vejez ni su fealdad, sino por el gusto de ejercer la libertad de rechazarla. Niega tajantemente encontrar en la enfermera la imagen de su significado humano y a cambio recibe la burla de la doctora que lanza sobre él la aseveración de que eso sería demasiado pedir, concediéndole sin embargo la libertad de rechazarla a cambio de conservar la ilusión de que a las mujeres las elige él. Ridículamente termina acostándose con esa doctora, desencadenando una disertación de amor, amistad, suicidio y hasta de autoestima, lo que a decir de ella, contribuirá a la salvación del alma del joven conquistador. 

Frajsman, el médico más joven

Frajsman llega tarde a la reunión ya que por ser el más joven se le envió a conseguir el vino; se comporta con las mujeres como un caballero, alardea de no tolerar la violencia contra ellas porque le inspiran lástima. Se defiende de la burla de la enfermera Alzbeta dados sus infructuosos intentos por acostarse con Klara, de quien dice estar enamorado, pero pareciera sólo pretender de él la función utilitaria de conseguirle un piso. Con afán de apuntalar moralmente a su joven colega, el médico jefe sugiere que la causa del rechazo de Klara se deba a que ella se quede petrificada por la angustia que le produce el amor hacia Frajsman, y que eso mismo es lo que le impide acostarse con él. Después de un trágico incidente donde la muerte juega un papel preponderante, resulta prendado de Alzbeta gracias al sentimiento de culpa que se despierta en él, pero al declararle a ésta la felicidad que le provoca su simple existencia, prefiere abstenerse de proponerle matrimonio y resuelve que ambos permanezcan separados y por tanto agradecidos por existir.(5) Ella no comprende el argumento, pero a cambio le devuelve una boba sonrisa de felicidad. 

Alzbeta, la enfermera

Es provocativa e infructuosa la forma en que Alzbeta se ofrece al doctor Havel; se encuentra demasiado alcoholizada y decide simular un striptease en su fallido intento por seducirlo. Se sienta en sus piernas y le pide un estimulante; él se levanta dejándola caer humillada al piso para proveerle un somnífero. A pesar del patético cuadro que ella misma diseñó, mira con rencor a Havel, grita enfurecida, rompe en llanto ante las miradas de lástima del resto y sale de la sala acusándoles de salvajes y de no saber nada. Unas cuantas páginas más tarde, Frajsman la descubre desnuda en la habitación de enfermeras, yaciendo inconsciente, aunque con vida, a causa del gas que accidentalmente escapaba de la cocinilla y del cual ni se percató dado su elevado estado etílico. No repara en ese momento que el desgraciado evento mortal le provocaría la felicidad del amor existencial.(6) 

La doctora

La doctora es amante del médico en jefe, ninguno es sexualmente exclusivo del otro y se conforman con ello; ella desprecia de él su calvicie y repudia la comicidad propia de su vejez, pero a cambio de ello ostenta un buen puesto en el hospital así que afirma quererlo, aunque siente lástima por él. Coquetea con el joven Frajsman y no muestra interés por Havel salvo porque eventualmente le lanza frases de desprecio por ser un engreído Don Juan; sin embargo, pasado el accidente provocado por la fuga de gas, va en su búsqueda para consolarle y eximirle de la culpa por rechazar a Alzbeta, dado que su objeción hacia la enfermera tenía como origen la ridícula moda de no acostarse ya nadie con ella. Termina liándose con Havel bajo el argumento de ser el único que aprecia de verdad al médico jefe y jamás le haría daño, lo que le garantiza discreción.

Como puede observarse, Symposion es un relato cargado de conceptos filosóficos existenciales: las motivaciones de los personajes poseen un carácter vivencial indisociable de los dilemas, contradicciones e incluso la estupidez humana; sus personalidades son nihilistas puesto que se avocan a existir desprovistos de interpretación moral alguna: no se juzga de correcta o incorrecta una conducta, mucho menos de la naturaleza buena o mala de cada uno, simplemente son. 

Los cinco personajes del relato conforman un sociograma en el cual el vínculo al que se denomina amor, ni siquiera se le percibe como un afecto elevado digno de dedicarle proezas ni sublimación, sino como un hecho circunstancial que se confunde con el sexo, aunque no por eso es estéril, ya que desata una serie de consecuencias patéticas que hacen eco en la angustia, el vacío y el inevitable desahucio del que tienen que hacerse responsables conscientemente.(7) Y en efecto, cuando el médico jefe expresa, por ejemplo, su deseo de que Havel tenga un buen cargo de conciencia, éste lo interpreta como un reproche y responde en tono de contrición; de inmediato la doctora le interrumpe, como recordándole que no hay vuelta atrás.

Por otro lado, la figura del doctor Havel alude al donjuanismo que Camus desarrolla en El Mito de Sísifo (1985), se detecta en él un remoto vacío que resulta de su compulsión a la repetición, busca la saciedad que no obtiene de ninguna mujer y si por excepción rechaza a alguna, no es porque no la desee, sino porque ya desea a otra. Así pasa la vida empapado de absurdo con el desenlace de una existencia vuelta hacia goces sin mañana hasta culminar con la muerte. El mismo Havel se adjudica el calificativo de coleccionista, en cuyo imperio no hay nada imposible porque es el imperio de la muerte (Kundera, 2008, p. 152).

La posibilidad del suicidio de Alzbeta desconcierta al resto de los integrantes del simposio, sería lógico que intentara matarse para resolver su absurdo individual en tanto ha encontrado el límite de la aceptación ante el desprecio, la humillación y el caos que desató su penoso intento por seducir a Havel, considerando la provocación directa que le lanzó: “Mírame! ¡No ves que estoy viva! ¡No me estoy muriendo! ¡Yo todavía sigo viva! ¡Yo estoy viva!” (Kundera, 2008, p. 144). No obstante, siguiendo nuevamente la lógica de Camus, se envía al lector un mensaje en el que el personaje es redimido y el evento malinterpretado como suicida, se reduce ridículamente a un accidente etílico. Así, Alzbeta, convaleciente, encuentra la rebeldía de vivir en el contradictorio amor de Frajsman.

De la misma forma, la disertación que se hace acerca del caos provocado por el supuesto acto suicida, desde el cual cada uno de los personajes ofrece una teoría, sugiere la posibilidad incipiente de realidades múltiples con las que Kundera le juega ahora una broma al lector, e incluso le involucra dirigiéndose directamente a él.(8) 

En conclusión, considero que el concepto de amor que Kundera nos propone a través de sus personajes es difuso, absurdo y está condenado al fracaso desde su surgimiento, igual que la existencia humana a la cual es inherente, pero también indispensable para generarnos el conflicto suficiente que nos brinde la ilusión de decidir con libertad y nos regale el despertar de la conciencia de estar vivos, así como la responsabilidad que esto conlleva. Es un amor existencial y por tanto un amor ridículo. Como indica Ricardo Rodulfo (2017): “El amor no tiene solución. Es entonces cómico —o, en ocasiones, tragicómico— que se imagine hacer de él una solución para otra cosa que tampoco la tiene: la existencia humana” (p.7). 

Referencias

(1) Se denomina Primavera de Praga al periodo comprendido entre enero y agosto de 1968, en el cual el secretario general del Partido Comunista de Checoslovaquia, Alexander Dubček buscó modificar progresivamente aspectos totalitarios del régimen soviético y avanzar hacia un “socialismo con rostro humano”, lo que implicaba la promoción de la libertad de prensa y de expresión, el aligeramiento de la censura y la liberalización de las actividades culturales, que Kundera defendió en un discurso público y le valieron ser considerado disidente y posteriormente exiliado de Praga. Asimismo se introdujeron prudentes reformas económicas frente al régimen, no obstante la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), dirigida por Leonid Brézhnev, ante el temor de que estas reformas pudieran debilitar la posición del bloque comunista en plena Guerra Fría, envió a Praga una treintena de divisiones soviéticas apoyadas por unidades de países del Pacto de Varsovia (Bulgaria, Hungría, Polonia y Alemania del Este), acabando brutalmente con el proceso efímero del cual resultaron aproximadamente 400 pérdidas humanas.

(2) El existencialismo es una corriente filosófica surgida en Europa en el siglo XIX y desarrollada en el siglo XX; su apogeo se presentó después de la Segunda Guerra Mundial. Su enfoque es antropocéntrico en tanto que ubica como objetos de estudio la existencia y condición humanas; se caracteriza por un marcado pesimismo y por oponerse a las corrientes filosóficas como el racionalismo y el empirismo. Postula que la existencia precede a la esencia. Su discusión considera temas como el absurdo de vivir; la significancia e insignificancia del ser; el dilema en las guerras; la infinitud del tiempo; la libertad; la relación entre el hombre y dios; el ateísmo; la naturaleza del hombre; la vida y la muerte; las emociones; el compromiso individual y la autoconciencia principalmente.

(3) El concepto de otredad es ampliamente abordado y desarrollado por diversos autores existencialistas. Una de las nociones más relevantes es aquélla en que se afirma que dos entes que están dentro del mundo y que, además, por sí mismos carecen de mundo, no pueden tocarse jamás y por tanto ninguno de ellos puede estar junto al otro. Heidegger, M. (2009). El Ser y el tiempo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, p. 64.

(4) Una idea fundamental del existencialismo de Arthur Schopenhauer consiste en referirse a la voluntad como un impulso o pulsión (Trieb), carente por completo de fundamento y motivos. Así también refiere que el impulso sexual en el hombre encuentra su satisfacción de forma instintiva e independiente de toda reflexión hasta elevarse al punto de convertirse en una poderosa pasión. El mundo como voluntad y representación (2005). México: Akal, p. 87.

(5) De acuerdo a la frase del danés padre del existencialismo, Søren Kierkegaard: “Igual que el amante es transformado por esta paradoja del amor tanto que casi no se reconoce a sí mismo (…) del mismo modo aquella presentida paradoja de la razón actúa a su vez en el hombre y en el conocimiento de sí de tal manera que él, que creía conocerse a sí mismo, ya no sabe con precisión si quizás no es un complejo animal más raro que Tifón o si posee en su esencia una parte más dulce y más divina” (1999). Migajas filosóficas o un poco de filosofía. Madrid: Trotta, p.53.

(6) Schopenhauer se refiere al sentimiento como opuesto del saber e indica que en este concepto “se encuentran tranquilamente unidos los elementos más diversos y hasta dispares, por ejemplo, el sentimiento religioso, el sentimiento del placer, el sentimiento moral, el sentimiento corporal como tacto, como dolor, como sentido de los colores, de los tonos y sus armonías y desarmonías, el sentimiento de odio, de repugnancia, de autocomplacencia, del honor, de la deshonra, de la justicia, de la injusticia, el sentimiento de la verdad, el sentimiento estético, el sentimiento de fuerza, de flaqueza, de salud, amistad, amor, etc.” Schopenhauer, A. (2005). El mundo como voluntad y representación. México: Akal. p. 48.

(7) “El orgulloso saber del extraordinario privilegio de la responsabilidad, la consciencia de esta rara libertad, de este poder sobre sí mismo y el destino, se ha hundido en él hasta su más honda profundidad y se ha convertido en un instinto, en un instinto dominante: ¿qué nombre dará a ese instinto dominante, suponiendo que necesite una palabra para designarlo? No hay duda: este hombre soberano lo llama su consciencia”. Nietzsche, F. (2010). La genealogía de la moral. Argentina, Editorial del Cardo, Biblioteca Virtual Universal. www.org.biblioteca.org.ar 

(8) El final del capítulo La respuesta de la doctora es abierto a la interpretación del lector. Se desconoce si la doctora y Havel tendrán un intercambio sexual. Kundera remata: “¿Qué hizo el doctor Havel? ¡Vaya pregunta!”. Un par de capítulos después, se confirma la sospecha.

Bibliografía

Camus, A. (2013). El mito de Sísifo. México: Alianza Editorial.

Heidegger, M. (2009). El Ser y el tiempo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Kierkegaard,S. (1999). Migajas filosóficas o un poco de filosofía. Madrid: Trotta.

Kundera, M. (2008). El libro de los amores ridículos. México: MaxiTusquets Editores. 

Kundera, M. (1984). La insoportable levedad del ser. Barcelona: Tusquets Editores.

Kundera, M. (2016). La vida está en otra parte. Barcelona: Tusquets Editores.

Nietzsche, F. (2017). Así Habló Zaratustra. México: Alianza Editorial.

Rodulfo, R. (2017). Ensayos sobre el amor en tiempos digitales. Dominios sin dueño. Buenos Aires: Paidós.

Schopenhauer, A. (2005). El mundo como voluntad y representación. México: Akal.

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