#TintaVioleta: El discreto encanto de narrar

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Por Brenda Pichardo

Laura Freixas, en su artículo “La marginación de las mujeres en la cultura”, reflexiona sobre las mujeres como representación de sí mismas, es decir, que el estereotipo de género en la literatura consiste en asumir que las mujeres solo saben escribir sobre sí mismas. ¿Esto es verdad o un mito? Ni una ni otra, ya que lo predominante ha sido leer historias en donde las mujeres son representadas por voces masculinas. Que las mujeres se puedan representar a sí mismas, después de haber obtenido el derecho al voto, por ende a la opinión pública y con ello a la libertad de expresión —incluido el de escribir—, es el fruto de una lucha; por otro lado, las escritoras han hecho literatura, ya sea intimista —donde se narran a sí mismas— o destacando en otros géneros literarios. Freixas también habla del lenguaje y su valor en la sociedad: refleja un discurso dominante. ¿Quién ha representado la universalidad y quién la particularidad en lo literario? Las mujeres han sido socialmente colocadas en la categoría de lo particular. En el prólogo de El discreto encanto de narrar (2017, Textofilia ediciones), la escritora Mónica Lavín, dice: “en los ochenta evadíamos el marbete de literatura de mujeres, encuentro de mujeres, antologías de escritoras. Quizá porque falsamente suponíamos que estábamos en la plataforma de la equidad”. La literatura de mujeres ahora tiene otro significado: estar presentes en donde no habían figurado con pleno reconocimiento. Y eso es un valor simbólico trascendente que yo le atribuyo a esta antología. 

Leer es un ejercicio de libertad, sí, aunque a veces se torne en un privilegio, pues no todas las personas tienen el tiempo ni la disposición para ello. Puede ser un tiempo improductivo, cuando no es remunerado; es un tiempo en el que nos enfrentamos a un choque de sentidos: el que le damos a un texto y el que tiene por sí mismo. Es por ello que no me permito abordar el libro desde lo categórico: un cuento es esto y sanseacabó. Evito las categorías de si es bueno o malo, términos cargados de ambigüedad. Más bien el qué se dice en los cuentos, qué me cuentan, eso es lo intrigante para mí. Las nueve escritoras invocan subjetividades distintas en sus personajes y también en los lectores. La ciencia ficción, lo fantástico y lo onírico convergen en este compilado que nos ofrece relatos variopintos.

Hay cuentos que nos trastocan e imprevisiblemente detonan una cadena de sentidos simbólicos asociados a la experiencia subjetiva de cada lector/a. Otros que nos orillan a la duda existencial, a pensar en qué sentido tiene estar en determinado lugar realizando una actividad sin pasión, cargando una depresión a cuestas y la sensación de desarraigo; al menos así interpreté “Al fondo Central Park” de Iliana Olmedo. Algunos nos hacen pensar en la relación de poder que ejerce el padre sobre la hija, como en el cuento de Liliana Blum, “Campo de fresas” o “De Colores” de Glafira Rocha. Leer algunos de los cuentos de Liliana y Glafira es descorrer el velo para mirar historias de abuso sexual, pederastia; lo innombrable en el núcleo familiar. Cuentos que en los puntos clímax me generó aversión pero también una triste empatía, porque el significado de lo relatado es algo que no contrasta con la realidad cotidiana de muchas mujeres. 

También encontramos narraciones que rozan la crónica y el ensayo, haciendo del cuento un género híbrido, como en el caso de la escritora Nadia Villafuerte en “Casas”. Mientras que el de “Ich”, de Glafira Rocha, parte de lo problemático del yo como una voz interna difícil de acallar, hasta que el protagonista inventa un aparato controversial. En este cuento la ciencia ficción se presenta como una lanza que atraviesa nuestros más recónditos temores individuales y sociales. 

Por otro lado, la fantasía es un anzuelo que nos ancla a otros sentidos implícitos: la muerte, lo fantasmagórico, en “El número que usted marcó” y “Una oferta imposible de rechazar”, de Raquel Castro. 

El erotismo puede tornarse perturbador cuando lo miramos desde el tabú. Pero escribir erotismo es ya un acto de reivindicación, sobre todo en una sociedad que sigue alarmándose frente a lo erótico narrado en voz de mujeres. Maritza M. Buendía crea una atmósfera erótica alrededor de los personajes: la textura, los claroscuros y el clima de afuera en contraste. “Azul” se asemeja un poco a un relato cinematográfico, en cambio, en “Quizá te extrañe” se asoma la intención de un trío erótico surgido del conflicto interno de la protagonista consigo misma y con su pareja.

“El puñal y el corazón” es un cuento en el que francamente me sentí interpelada: ¿cómo vivimos el amor romántico las mujeres?, ¿cómo lo he vivido yo? Las expectativas, mientras más elevadas, más nos precipitan hacia un acantilado del que no salimos ilesas: la decepción amorosa. Paola Tinoco, autora de dicho cuento, quizá no tuvo la intención de recordarnos lo vulnerables que somos ante eso que en estos tiempos está en un punto de quiebre y siendo cuestionado: el amor.

Socorro Venegas traslada a otro sitio a los objetos, los carga de un significado impregnado de rostros. La ausencia habita en las pertenencias de los protagonistas del cuento así titulado, “Pertenencias”, y el duelo se vive como desposesión de los objetos que nos recuerda a quienes ya no están.

El tiempo y el sueño es un tema recurrente en los cuentos de Karla Zárate. La manía por saber la hora, el sosiego generado por la certeza del tiempo en “Deshora Cero”; el hastío laboral de la personaje de “Y nunca llegaba a no sé dónde”. Un escritor soñoliento que no puede abandonarse a la creatividad sin la angustia de pensar en la hora propicia para escribir, y en medio de su desidia, el correlato de un fenómeno de la naturaleza le complica su misión; “Nocturno en blanco”, es un cuento que interpreto como el reflejo de un problema al que se enfrentan constantemente las escritoras y escritores: la página en blanco. 

Nueve escritoras, veintiocho cuentos; no escribí de todos porque aún no alcanzo a descifrar el sentido de los demás. No todo significado es rotundo, el sentido está anclado a la experiencia vivencial de la persona lectora, al universo subjetivo de quienes leemos. 

Esta antología abre un panorama hacia la literatura escrita por mujeres; un referente imprescindible de la literatura universal. 

El discreto encanto de narrar. 9 escritoras mexicanas de los 70. Foto: Twitter Textofilia ediciones

Brenda Pichardo (Ciudad de México). Ciencias de la Comunicación, en Facultad de Ciencias Política y Sociales, UNAM. Egresada del Seminario Género, Filosofía y Pensamiento Crítico en 17, Instituto de Estudios Críticos, donde también cursé el Seminario Cine Documental e Historia: confluencias. Renunciando a mi androcentrismo literario. Descubriendo la literatura diversa: otras narrativas, otras voces.

Contacto: brendapich@gmail.com

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mara Navarro dice:

    Interesante lectura, con la forma tan natural con que se puede escribir cuando se encuentra que plasmar en una hoja en blanco.

    Me gusta

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