¿Qué tal si…?

Ilustración: Anthony Browne, ¿Qué tal si…?

Por Wilson Guillermo Díaz Rodríguez

La lectura debe liberar, dejar escuchar la voz del texto 

 —que no es la voz del autor—que es su voz matriz, que

está en él tal como, en los cuentos, el genio está en la botella”.

Michèle Petit 

Michèle Petit aborda un tema interesante para reflexionar acerca de la promoción de la lectura en espacios para la lectura. En principio hay una curiosidad, un descubrir íntimo en la imagen que se refleja al desplazar la timidez como un acto de liberación, de encuentro con una caja metálica, en este caso un Paradero, Paralibros, Paraparques. Un lugar en donde las dinámicas de la lectura con los libros se hacen públicas. Petit llama a estas dinámicas “[r]obar una imagen, una voz”. 

“La cultura se hurta; pero ¿qué robamos exactamente cuando leemos? ¿Qué buscamos con ese frenesí, esa pasión, a pesar de las prohibiciones? Una imagen para empezar, puede ser” (Petit, 2001, p. 97-98).  

La respuesta a dicha pregunta podría estar infundida con la sensación que genera el libro álbum desde mi experiencia como lector. Pero también hay una pulsión que permite encontrarnos, “echar un ojo” hacia el libro que de alguna manera amigable tiene un secreto, una historia para mostrar. La complicidad que existe entre el lector y el libro demuestra que el deseo por seguir las pistas imaginarias remite hacia una reparación fantástica de lo materno. 

A través de dicha interacción se hurta la voz, el propósito de abrir el círculo interior del deseo por crear un mundo posible de lenguaje literario. Tal vez desde esa acción inconsciente, el instante de abrir el libro se convierte en un fabulador que se expresa desde un espacio público. Desde esa medida posiblemente lúdica, la lectura llega al corazón de la tranquilidad, al gesto inocente de la alegría. Michèle Petit argumenta que la fantasía del niño no se anda con rodeos, busca apropiarse de lo que existe en su interior. 

“Él desea penetrar el cuerpo materno, despedazarlo, devorarlo” (Petit, 2001, p. 98). 

Después de ese deseo simbólico, también hay otro de reconciliación y reparación como lo expresa Melanie Klein, ya que la lectura también restablece la integridad del cuerpo materno hacia un mecanismo de interacción con la imagen representada en el texto. No obstante, se fecunda el encuentro y a su vez se zarpa al espacio público de la lectura.  

La exploración es indeterminada, ya que la lectura o la presencia de la imagen es liberadora. Se zarpa hacia las ondulaciones imaginarias de la palabra. El juego subjetivo adquiere dinámicas expresivas que encanilla el movimiento visible de la voz, lo materno se hace eterno cuando se comparte con el otro ser de papel que en cierta manera vislumbra el entorno real.  

Es así como se atraviesa por esta frontera o experiencia lectora (literaria), en donde el acercamiento de la lectura encalla hacia las riveras del tacto, del olor metafóricamente entrañable. Louise M. Rosenblatt argumenta que la posibilidad del derecho a la cultura escrita dilata la evidencia en construir un hogar de letras, en gozar de la diversidad de la experiencia humana. 

El espacio hipnótico de la lectura

Ilustración: Riki Blanco, Cuentos pulga.

horas transcurridas con el libro y en el libro en las que el mundo

a nuestro alrededor desaparece y los sentidos están atentos a la 

vibración de las palabras y a lo que ellas evocan

(Dubois, 2002, p. 20).

Bien se sabe que cuando se lee, algo indómito atrapa al lector. Quizás sea la rebeldía dentro de un espacio hipnótico. O simplemente se hace una arquitectura silenciosa o sonora, en donde las vibraciones de la imagen titubean con el espacio hipersensible al crearse a través de la lectura. En dicho espacio de lectura la imaginación funciona y gira en diversas maneras, ya que los personajes y los lugares producen en el lector sensaciones múltiples, dimensiones emancipadoras que recrean el espacio trascendental de la lectura. Y el espacio común, simple, alejado temporalmente de la cultura escrita, se transforma en un espacio más dinámico, cómplice de lo que sucede en el acto de leer. 

El acto de leer. Debe estar emocionalmente listo para hacerle frente a este reto. Es también esencial que tenga una experiencia lo bastante rica como para que las palabras sean signos de cosas y de ideas. Un conjunto de marcas en una página —GATO— se llega a vincular  auditivamente con cierto sonido preciso (Rosenblatt, 2002, pp. 51-52).  

Ilustración: Carlos Nine, 99 Fábulas fantásticas. Ambrose Bierce

El proceso hipnótico de la lectura es camaleónico, rítmico de matices simbolizados en la página. La experiencia se vincula con el tinte en el espacio no convencional hacia un lenguaje experiencial. En la fábula El tigre y el ratón # 83 de Ambrose Bierce, se interrelaciona en la imagen la transformación del conjunto de marcas al desplegarse entre el espacio hipnótico, para generar desde la fábula u otra tendencia literaria el circulo comunicativo en la lectura. Dicho ejemplo sintetiza el ejercicio de la lectura en los espacios no convencionales. 

El otro aspecto determinante es la experiencia sensorial de la lectura, en donde se  refleja por medio de la usanza, recuerdos de acontecimientos o sonidos pasados que se van cruzando, entre expresiones de lenguajes simbólicos. Su percepción bombardea la vida, la cuestiona hasta el punto de embellecerla. 

Lo primordial que siempre debe surgir en las dinámicas de la lectura es dejar escuchar la voz del texto, las voces inmersas de la cultura escrita, que siempre está en espera para ser descubiertas, “vivir a través” de lo que está siendo creado durante la lectura como lo expresa Louise M. Rosenblatt. De esta única manera el acto de leer, que también es un acto de rebeldía, se libera hacia los universos posibles de la imaginación.  

Ilustración: Patacrúa & Magicomora, Verlioka

Referencias

Blanco, R. (2006). Cuentos pulga. Alcalá de Guadaira: Thule Ediciones. 

Bierce, A. (2010). 99 fábulas fantásticas. Madrid: Libros del Zorro Rojo. 

Browne, A. (2014). ¿Qué tal si…?  México, D. F.: Fondo de Cultura Económica. 

Patacrúa & Magicomora. (2005). Verlioka. Galicia: OQO Editora. 

Peroni, M. (2003). Historias de lectura. Trayectorias de vida y de lectura. México: Fondo de Cultura Económica. Espacios para la lectura.          

Petit, M. (2001). Lecturas: del espacio íntimo al espacio público. México: Fondo de Cultura Económica. Espacios para la lectura.

Petit, M. & Docampo, P., X. (2002). Pero ¿y qué buscan nuestros niños en sus libros? Leer, ¿para qué? México: Fondo de Cultura Económica. Lecturas sobre lecturas /2. 

Rosenblatt M. L. (2002). La literatura como exploración. México: Fondo de Cultura Económica. Espacios para la lectura.  

Wilson Guillermo Díaz Rodríguez (Bogotá, 1978). Cursa Estudios Literarios en la Universidad  Autónoma de Colombia. Ha sido promotor de literatura infantil y juvenil en espacios no convencionales desde el año 2006. Ha desarrollado talleres de lectura para niños y jóvenes. Algunos de sus poemas han sido publicados en la Fundación y Editorial DomingoAtrasado. Obtuvo el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo Ojos erectos, presentado en el Vigésimo Sexto Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2011 y el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo La apocalíptica Yoknapatawpha County, en tres relatos del escritor William Faulkner, presentado en el Trigésimo Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2014. Su poema Locomotora- Film fue seleccionado en el segundo semestre del 2013 en la revista cartagenera Cabeza de Gato. Ha sido uno de los ganadores en el primer Slam de Poesía en el Ring realizado por el colectivo Las Desobedientes en febrero del 2015. Participó en las VIII Jornadas Universitarias de poesía ciudad de Bogotá “Nuevas voces para la poesía Iberoamericana” en septiembre del 2016. Su libro de poesía Las Heridas del Ruidofue publicado por la Editorial y Librería La Valija de Fuego en diciembre del  2015. Una selección de sus poemas ha sido publicados en las revistas Literariedad y Primera Página de México.

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