Un coro un tanto desafinado

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Por Daniel Silva

Es posible encontrar en cartelera obras teatrales de tinte político que el espectador ya no sabe decidirse por una sola. Entre las propuestas más arriesgadas de este tema se encuentra El coro, creación colectiva de la compañía TribuTeatro que tras presentarse en un festival en Marruecos y haber obtenido un reconocimiento en Egipto, así como diversas presentaciones en diversos recintos de la ciudad, vuelve en esta ocasión al Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico.

Antes de iniciar la obra, el público tiene dos opciones: ver la obra desde la comodidad de su asiento o ser uno de los veinticinco afortunados que estará (casi) en contacto con los actores, en pleno escenario, para testimoniar todo acontecimiento  durante los poco menos de noventa minutos que dure la obra. Ya ejercida cierta diplomacia, se ingresa al foro, donde la cortesía de un par de actores acoge al público sin más petición que el gozo del espectáculo. El público ocupa el lugar elegido y, al estar ya sea como espectadores o testimonios directos, el desastre comienza: un desfile de “godinez” (traje, corbata, saco, faldas, pantalón) se desata. Primero en apetitos sexuales, discusiones que desembocan en un baile grupal, en círculo, al cual sigue el sofoco, el hastío que conduce a la rebelión: un simple despojo de prendas cuyo uso pasa de la formalidad al primitivismo del taparrabos, a un regreso al punto de partida, el comienzo de la sociedad. Sin bases, sin reglas, con un cetro de madera, herencia del tótem de la tribu, los integrantes no estarán exentos de disputas, guerras, pactos, estirpes nuevas y muerte. Todo compactado en un tiempo relativo que apenas si alcanza para resolver la barbarie y la tribulación general.   

Esta suerte de ejercicio antropológico contemporáneo se desenvuelve a través de un ejercicio coreográfico a ritmo de música tribal, un lenguaje creado exclusivamente para la obra; elementos que, a la par de la excelente labor de María Vergara en la iluminación —quizá el factor que más logra destacar los claroscuros y el sanguinario padecer de la trama— tratan de sostener una historia que bien podría haberse desenvuelto mejor en un thriller político o en la ciencia ficción. La ambición de El coro es tal que, al observar cada ejercicio experimental, va desnudando sus costuras y poco a poco muestra su evidente evocación a El señor de las moscas de Golding y otras historias del mismo corte. Conforme pasa el tiempo, el espectáculo desfallece, los clichés abundan (el ya mencionado cetro) y la redundancia se fortalecen aún más que los guerreros que se disputan el honor de asumirse líderes, donde se sabe de antemano que el constante latido del corazón terminará en infarto. No así el espectador, quien saldrá ileso de semejante festín y se preguntará si la nota discordante en el coro no es acaso la monotonía ¿O será necesaria la presencia de todo el público sobre el escenario y así comprobar si es efectiva la propuesta de Romanni Villicaña y Ariana Candela (directores escénicos)? 

El coro se presenta todos los miércoles del 8 de mayo al 12 de junio en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico a las 20:30 horas. 

Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s