Politizar la infancia

Por Daniel Silva

En la educación infantil, inculcar valores y fomentar el respeto hacia el entorno y la sociedad es una tarea fundamental y relativamente sencilla de llevar a cabo. Una proeza un tanto heroica en una época en donde lo “políticamente correcto” y sus difusos objetivos han vuelto difusos los límites entre lo bueno y lo malo. No obstante, dicha educación queda incompleta aún. Se relegan otros aspectos tales como el político, ya que los padres, aunque están conscientes de la inteligencia infantil y su fácil absorción de conocimiento, ignoran la forma ideal de hablar con sus hijos sobre este aspecto que, tarde o temprano, tendrán que conocer y ejercer.  

Adrián Ladrón, en alianza con Tercer Teatro y Untitled Films, presenta un El canto de la rebelión, cuyo slogan advierte al espectador: “un musical de títeres para levantar las antenas”. Durante poco más de hora y media, el público de todas las edades tendrá la oportunidad de adentrarse en un universo no tan distante de la realidad: la lucha de la sociedad por su libertad, por sus ideales. 

Basado en la fábula “El canto de la cigarra” del cubano Onelio Jorge Cardoso, el musical nos adentra en “El podrido”, un microcosmos habitado por todo tipo de insectos: grillos, abejas, moscas, una luciérnaga, una abeja y una cigarra… todos ellos gobernados por un escarabajo autoritario. Un día, el pueblo nota la imposibilidad de seguir habitando la zona, en la cual derrumbes y temblores provocados por el trote de las vacas están a la orden del día. Paralelo a su descontento, los habitantes de “El podrido” han escuchado rumores sobre un lugar más ameno en donde vivir. Su tarea será convencer al obstinado gobernante de semejante traslado, el cual tendrá no pocos altibajos y obstáculos. 

Quizá el espectador adulto, al asociar música y marionetas, tendrá el presentimiento de otro musical del montón, repleto de lugares comunes, de una historia edulcorada con tintes de Disney y de canciones pegajosas pero sin sentido alguno. Adrián Ladrón, consciente de semejante tradición, explota al máximo todos sus recursos y, junto a Sergio Solis —con quien codirige—, Leonardo Soqui —coautor de las melodías— y Santiago Alonso —en los títeres— armonizan los tres puntos en el escenario diseñado por Félix Arroyo. Elementos suficientes donde el público infantil es capaz de asombrarse, de emocionarse ante las dimensiones que va tomando el conjunto. 

Dicha transición se ve reflejada, además del tamaño, en el carácter de cada personaje. Como en las buenas fábulas, está el optimismo, encarnado aquí en la cigarra (Alicia González), personaje cuya riqueza destaca más allá de un valor o un arquetipo: su defecto más grande, a ojos del gobernador, es el canto. Y es ese defecto su arma más poderosa: es una reflexión del arte (en este caso la música) como un agente para el cambio, para alentar a todo un pueblo renuente y ablandado por las intrigas del Escarabajo (Salvador Jiménez, alternando con Leonardo Zamudio), representante digno de la censura y la represión cobarde a través de sus emisarios (los moscos, interpretados por Yanet Miranda y Luis Eduardo Yee). Un desafío iniciado en soledad y cuya fortaleza se intensificará conforme la valentía germine, primero en Lucy (Meraqui Pradis) y poco a poco en el resto del pueblo, cuyas tribulaciones y su temor infundado tendrá que ser aniquilado para no morir en el intento o, de lo contrario, seguirán regodeándose en el pavor, en una sociedad carente de valores y, sobre todo, de coraje (en el mejor sentido del vocablo).

El elenco se complementa con las actuaciones de Francia Castañeda, Ricardo Zárraga, Roam León, Miguel Jiménez, David Silvestre Villarruel (ambos alternando funciones), y el acompañamiento musical de Leonardo Soqui y Aldo Hidalgo. 

El canto de la rebelión se presenta todos los fines de semana, del 9 de febrero al 21 de abril en la sala principal del Centro Cultural Helénico a las 13 horas. 

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Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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