Vivir en una ecuación

Por Daniel Silva

Sea matemática o química, siempre nos será difícil resolver una ecuación. El resultado tiene, por fuerza, que derivar de dos factores o más, y por consiguiente, demostrar que nuestro resultado no es producto del delirio o de un cálculo surgido de la nada. ¿Es acaso el problema matemático una simple representación numérica? ¿O también en la vida?

AB es una obra de Anthar Santos, protagonizada por Lilia Cabral y Fernando Calvario —quien también dirige—, en la cual se presentan, no dos personajes, sino dos factores: A y B. Ambos tratan de resolver una ecuación cuyo resultado sea efectivo, exacto. Un desafío casi imposible al desarrollar la operación en la vida misma y no en un papel donde anotar, triunfal, un resultado comprobable.

Anthar Santos define esta propuesta como un “ejercicio escénico” en el cual “se proponen distintas situaciones para que los actores las resuelvan a través de una improvisación”. Concepto limitado y al mismo tiempo sugerente. Es decir, el peso de la solución no recae por completo en los actores. AB exige un espectador sagaz, meticuloso, en continuo estado de alerta. El público tiene frente a sí dos actores, dos coeficientes: material disperso y suficiente para calcular, borrar, tachonar en la mente todo cuanto desee. Al final le quedará un vacío repleto de incógnitas e imposibilidades labradas tanto de coreografía escénica como de lenguaje, ya que este último apenas si da alguna pista que aclare, despeje y compruebe que se ha llegado a un efecto preciso. 

Vestuario y escenografía ―que consta sólo de tres huacales― se coordinan en color: ambos son blancos. Representación, quizá, de la ingenuidad con que se aterriza en el mundo. Actores y mobiliario se coordinan entre sí: se arman, se despejan, se vuelven a armar de diversas formas: a veces A quiere ser B y viceversa; a veces ambos se enorgullecen de ser meras incógnitas y al poco rato se arrepienten de serlo. Así pues, ambos rompen el espacio brindado e incluso, al sonido de la campana, sus personalidades varían. ¿Suena esto familiar? En este juego, la relación matemática con la vida es más cercana de lo normal. Por más fórmulas existentes, por más adición y sustracción, por más elevaciones a décima o vigésima potencia, la ciencia de la vida tiene sus dificultades no plasmables en un papel o altibajos insuficientes para representar en una gráfica, pues todo el juego parece anunciar al espectador: has caído en una farsa, ya que la esencia misma de este juego está en sus conflictos, mas no en sus soluciones. Esta sentencia, claro, es sólo una hipótesis más, entre otras tantas que AB dejan, no a modo de reflexión ni de tajante resultado. Después de todo, el álgebra y la vida son únicamente incompatibles en eso: en sus varias respuestas. No hay aún nada definido en el amor, ni en la cotidianeidad, ni en el destino. La única regla a romper es no ser un autómata. 

AB, producción de Fantasía Teatral, se presenta todos los jueves en la Sala Novo del Teatro La Capilla (Madrid 13, col. Del Carmen, Coyoacán) a las 20 horas hasta el 28 de febrero. 

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Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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