Moliere… otra vez

Por Daniel Silva

Moliere es montaje obligado en toda época, en todo momento. No hay época en que no encaje su obra. No obstante, las compañías teatrales apuestan por El avaro y Tartufo, lo cual pareciera restringir al comediógrafo francés a esas únicas dos obras.

¿Por qué, entonces, apostar por Las preciosas ridículas? Volviendo a la obviedad de su vigencia, Octavio Michel retoma este montaje —tras una pausa durante el periodo decembrino—, en el cual reitera el imperio de la ignorancia y las pretensiones esnobistas bienintencionadas y que cuyo camino siempre está allanado de tropiezos, de prejuicios, de gente cuyo juego es tan macabro que al final ya no se sabe quién desenmascara a quién. Así mismo, se representa otra lucha constante hoy día: la equidad de género, la amplitud de las mujeres a un mundo más allá del casero.

Antes de iniciar, un flautista recibe a los convidados en el vestíbulo del teatro: su música los ambienta en el siglo XVII, los seduce para el encuentro mismo de esta comedia. Cathos (Karla Camarillo) y Madelón (Cecilia Ramírez Romo), dos jóvenes parisinas, son obligadas por Gorgibus (Marco Antonio García), tío de la primera y padre de la segunda, a encontrar un marido. El caballero les presenta a dos hombres distinguidos, quienes son rechazados por el par de damas quienes los consideran incultos y sin los mínimos requisitos para cumplir sus expectativas, es decir, un romance digno de las mejores novelas románticas. Al verse rechazados, Du Croisy (Fernando Bueno, alternando con Rodrigo Alonso) y La Grange (David Lynn, actor invitado), idean una venganza. Mientras tanto, frente a las dos jóvenes aparece Mascarilla (Jorge León) y Jodelet (Carlos Ordóñez, alternando con Misha Arias), un par de hombres cuyo objetivo es ganarse el afecto de las mujeres casaderas con poesía, con música, con todo el bagaje cultural que Cathos y Madelone han exigido en el perfil del hombre ideal. A partir de esta situación, la parodia, las situaciones cómicas acompañadas de música del siglo XVII y coreografías dignas de un bufón se desatan y encaran al espectador frente la banalidad y estereotipos arraigados que prometían esfumarse con el paso del tiempo y, no obstante, se aferran a seguir poblando el mundo y las mentes hasta la actualidad. 

El acierto de este nuevo montaje es, además del renovado aire a los diálogos y a las actuaciones que envuelven al público en la farsa, la escenografía. David Molina resalta tonalidades pastel (un azul abundante) incorporadas al estilo neoclásico afrancesado y aderezado con una estética steampunk —labor de Libertad Marden en el diseño de vestuario— logran, a través de una hiperbólica poesía escénica, que el espectador aprecie a una sociedad ávida de cultura, de romper el cerco de la exclusividad de cultura y oportunidades para las altas esferas y el público masculino. 

Las preciosas ridículas, producción de la CNTeatro y dirigida por Octavio Michel se presenta hasta el 10 de febrero en el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque (Paseo de la Reforma y Campo Marte s/n, Chapultepec, CDMX) los jueves y viernes (20 hrs), sábados (19 hrs) y domingos (18 hrs).

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Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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