#TintaVioleta: Sexualidad, tabú en la literatura escrita por mujeres

Por Brenda Pichardo

El 2018 fue un año de reivindicación literaria para las mujeres: premios y homenajes a escritoras que antes no habían sido reconocidas. Ferias del libro en México en las que la presencia de autoras fue notable y no pasó desapercibida.

La reivindicación literaria de las mujeres es una forma de estar paradas en donde la iluminación del escenario apunta, lo que implica ser vistas, estar expuestas a la opinión pública. Pero, ¿basta con ser visibles? No. La literatura es para ser leída. La proeza de anotar cada una de las singularidades de sus libros, es lo que resultó inevitable y cautivador en el transcurso del año pasado. 

En esta labor de reseñar o hacer ensayos sobre literatura escrita por mujeres, la primera dificultad que concienticé, a través de las lecturas y los meses, fue la de “matar al ángel del hogar”, ese personaje creado por Virginia Woolf:

“… Descubrí que si quería dedicarme a la crítica de libros, tendría que librar una batalla con cierto fantasma. Y este fantasma era una mujer, y, cuando conocí mejor a esta mujer, le di el nombre de la protagonista de una famosa poesía, «El Ángel de la Casa». Ella era quien solía obstaculizar mi trabajo, metiéndose entre el papel y yo, cuando escribía reseñas de libros. Ella era quien me estorbaba, quien me hacía perder el tiempo, quien de tal manera me atormentaba que, al fin, la maté (…) La describiré con la mayor brevedad posible. Era intensamente comprensiva. Era intensamente encantadora. Carecía totalmente de egoísmo (…) estaba constituida de tal manera que jamás tenía una opinión o un deseo propios, sino que prefería siempre adherirse a la opinión y al deseo de los demás (…) Descubrí que ni siquiera la crítica de una novela se puede hacer, sin tener opiniones propias, sin expresar lo que se cree de verdad de las relaciones humanas, de la moral y del sexo. Y, según el Ángel de la Casa, las mujeres no pueden tratar libre y abiertamente estas cuestiones”.

Después de leer este fragmento de Woolf llegó la incertidumbre: ¿cómo reseñar los libros escritos por mujeres sin permanecer en la cómoda postura del halago y los aplausos? A sabiendas de que la marginación femenina en la cultura y en especial en el ámbito literario comienza a denunciarse, me resultó un reto no dejarme llevar por el ímpetu de visibilizar y no permitir que la condescendencia hacia mi propio género me dictara todo lo que escribiría sobre sus textos.

Frente a esta disyuntiva, decidí enfocarme en el contenido y no en la forma; me resulta más familiar la cuestión discursiva de qué se dice, que las estructuras gramaticales y retóricas. 

¿Por qué no podía permitirme el genuino aplauso condescendiente? Porque eso es lo que ha sucedido en la llamada “literatura universal”, con un androcentrismo enraizado en las costumbres culturales y por ende en la sociedad, tanto en hombres como en mujeres: en las grandes obras literarias no se había reconocido a las mujeres, sólo algunas excepciones. Tendencia que no es la misma en lo que se refiere a escritoras. Una marcada diferencia está en la literatura erótica: varios escritores han sido vanagloriados por su manera de representar el sexo y las mujeres; en cambio, cuando alguna mujer ha escrito sobre temas de erotismo y sexualidad, el tabú sigue machacando a las escritoras y dejándolas en una especie de nicho del olvido, en un espacio censurado, arrinconadas. Es el motivo por el que me he interesado en los temas de la literatura escrita por mujeres, porque no me queda duda de que las mujeres pueden llegar a ser tan exquisitas y eruditas en su gramática y retórica como los hombres, pero no es eso lo que se pone en cuestión, ya que las mujeres saben hacer escritura creativa, lo que da escozor son los temas que algunas abordan y el hecho de que lo haya escrito una mujer. Erotismo, sexualidad, maternidad, lesbianismo, entre otros son algunos temas que más comúnmente producen irritación e incomodidad, porque una mujer debe cuidar la imagen que proyecta en lo que escribe, no puede quedar como una desvergonzada sin valores, idea que lamentablemente todavía impera. Quizá ese es el detonante de la crítica literaria que ha invisibilizado a las mujeres. 

Para las mujeres, el derecho al voto vino acompañado del derecho a la opinión pública. Poder opinar está intrínsecamente relacionado con poder escribir. Y tanto quienes escribían los libros como quienes los reseñaban eran predominantemente varones. Mujeres marginadas de la prensa y de la literatura hasta apenas algunos lustros. Imaginemos a una mujer que escribe reseñas de libros de erotismo para un periódico o revista de gran circulación a nivel nacional… Hace unas décadas eso hubiera generado polémica. Eso explica porqué hasta ahora salen a la luz una cantidad insospechada de textos escritos por mujeres que fueron firmados con nombres masculinos. En este sentido, la literatura como ejercicio de libertad es un sendero pedregoso en el caso de las escritoras.

Reconozco que hay obras literarias escritas por varones que también han sido censuradas, pero no por ser escritos por un hombre sino por lo controversial del tema. En la literatura escrita por mujeres es el tabú hacia los tópicos, y principalmente, reitero, que haya sido escrita por una mujer, la injusta causa del poco reconocimiento público. No se trata de contraponer para enemistar sino de hacer énfasis en el contexto —social, político, cultural, económico— que impide el reconocimiento pleno de la literatura escrita por mujeres, de tratar de concientizar sobre dicha marginación para poder erradicarla. 

Brenda Pichardo (Ciudad de México). Ciencias de la Comunicación, en Facultad de Ciencias Política y Sociales, UNAM. Egresada del Seminario Género, Filosofía y Pensamiento Crítico en 17, Instituto de Estudios Críticos, donde también cursé el Seminario Cine Documental e Historia: confluencias. Renunciando a mi androcentrismo literario. Descubriendo la literatura diversa: otras narrativas, otras voces.

Contacto: brendapich@gmail.com

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