Sin novedad en los baños

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Por Daniel Silva

Por Piedad Teatro se ha distinguido, en la mayoría de sus montajes, por ser una compañía donde la simple contemplación es una regla a violar y se adentra en la mente del espectador para que este arme un rompecabezas disperso, ya sea en diálogos o ideas, y se lleve, al salir, no una solución total, sino un enigma aún mayor del presenciado en escena.

No sería extraño que en Los baños, un montaje más de la compañía ya aludida, el público se sienta más involucrado de lo normal. En esta ocasión, el escenario es el Palacio de Bellas Artes, testimonio de una historia desarrollada en la Irlanda de los años cincuenta, en la que el suicidio de un político renombrado, a causa de un escándalo, es el punto de partida para la trama principal. Un matrimonio. Una negociación que implica prostitución y venta de información confidencial y, al final un enigma policial: ¿Quién es culpable? ¿Quién inocente? ¿Quién es víctima y quién victimario?  

Desde antes de iniciada la obra, cuya autoría es del irlandés Paul Walker, la curiosidad del público ―la obra admite sólo cuarenta y ocho asistentes por función― aflorará al ser recibido por tres acomodadoras de dudosa amabilidad quienes los dividirá y guiará, no hacia una butaca numerada, sino directo al lugar de los hechos: el baño. O mejor dicho, los baños: uno de hombres, uno de mujeres. Dos perspectivas regidas por nerviosismo, expectación y un misterio por desenmascarar. 

Todo armoniza en este macabro plan: el vestuario de época, la ambientación sonora y, claro, las actuaciones. Público y actores convergen más allá de un escenario; los primeros atestiguan desenvoltura y ágiles diálogos en los segundos. Un acierto más de Ana Graham (Emily Watson) y Antonio Vega (Señor X), quienes encabezan el elenco junto a Arturo Ríos (John Watson), Hernán Mendoza (un extraño) y la presentación de Romanni Villicaña como Billy. 

Quizá la nota discordante en todo el conjunto sea la más vital: la historia. Al dejar patente que la interacción directa con el público es fundamental, Los baños va perdiendo equilibrio. Al desdeñarse la historia principal, el espectador presencia un drama policial sin sentido, sin una ruta que desentrañar ―se entiende que esto  último corresponde a cada asistente, e incluso se reitera―. Incluso despojada de los matices políticos y de su sentido de denuncia social. Puntos en los que se hace hincapié y, no obstante, se resisten a dejarse entrever o insinuar (salvo en la voz en off inicial) durante los casi sesenta minutos donde persiste esa pieza faltante, esencial para armar el conjunto e imposible de hallar sólo en las reflexiones de un espectador. En cierto modo, se tiene la sensación de haber sido timado por un extraño en un baño. ¿Significa esto que sólo veremos un melodrama sin sentido? Quizá radique ahí el verdadero propósito de este montaje un tanto diferente en el repertorio de Por Piedad Teatro.  

Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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