El aflorar del terror

Por Daniel Silva

Desde hace tiempo, El árbol ha sido una de las obras más representadas de Elena Garro. Tras el éxito de público y crítica que recibió en su más reciente presentación en el foro A poco no, en esta ocasión la puesta en escena a cargo de Miguel Romero en la dirección llega por una temporada trimestral en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico.

La trama, originalmente planteada en un cuento homónimo de La semana de colores (1964), es en apariencia sencilla: Martha (la rica, la señora “de mundo”) recibe la inesperada visita de Luisa (la pobre, la india), una amiga que relata sucesos de su vida, mismos que se confunden entre una llamada de auxilio y un enigmático e irresoluble tormento.

En su propuesta del texto de Garro, Miguel Romero se adueña de una serie de contrastes que llevan al extremo algunos temas ya recurrentes en la obra, no sólo dramática, sino también narrativa de Garro: la persecución, el poder de persuasión ante la desgracia. Dicha posesión, no obstante, viola un poco las reglas establecidas por la autora en el texto: mientras la acotación señala una “habitación de dormir grande y espaciosa, amueblada con objetos y muebles de época”* y otros detalles ostentosos, sobre el escenario el paradisiaco entorno se reduce a  un cuarto lleno de plantas, un cómodo sofá y un árbol seco que anticipa la catástrofe, la tranquilidad mancillada. Estos elementos se ven encarnados en la intromisión de Luisa, cuya presencia pone en juego, más allá de lo anímico, planteamientos sociales, como la humildad y la soberbia, que deambulan de un personaje a otro: la serenidad, indiferencia e incredulidad de Martha se rinden a la turbación de Luisa, cual Scherezada maldita va desplegando su historia, donde es víctima y victimaria de sus pasiones, de la sociedad y sus códigos establecidos. Ese miedo impregnado en nuestra mujer de mundo es poca retribución para Luisa. Hay detrás de ello un quitarse la venda, un estar frente a prejuicios, frente a la incapacidad de brindarse mutuo apoyo, una obstinación por defender ideales masculinos ―¿machistas?―, un medir con incredulidad los horrores cotidianos y cegarse (o rendirse) ante ellos. 

Mahalat Sánchez ―Martha― y Ángeles Cruz ―quien alterna con Myriam Bravo en el papel de Luisa― logran dosificar con justicia a los personajes en un nerviosismo y firmeza proyectados tanto en el lenguaje como en los movimientos, ambos elementos que enriquecen el suspenso de la obra hasta dejar al espectador mudo, mas no inhábil, para experimentar el mágico y funesto horror de abrazar un árbol donde repose la angustia. Con el alivio florecen  dos preguntas al aire: ¿cómo reforzar la condición femenina? ¿Es insuficiente una alianza sólo por ser del mismo sexo o sigue repeliendo la condición social?

El árbol, una producción de Miro Arte Teatro, se presenta todos los lunes a las 20:30 horas en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico (Revolución 1500, Col. Guadalupe Inn, en Álvaro Obregón).

*Garro, Elena. “El árbol” en Obras reunidas II: Teatro. FCE, México, 2009, pp. 287.

Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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