El Pájaro Speed, composición de una banda solitaria en la gran ciudad

Por Wilson Guillermo Díaz

Padre Nuestro inyéctanos de vez en cuando

una inyección de morfina en las venas para no sentir

ese dolor de no ser de aquí ni de allá ni de la lluvia ni del sol. 

 Rafael Chaparro Madiedo, El Pájaro Speed y su banda de corazones maleantes 

 

La novela El párajo Speed y su banda de corazones maleantes del escritor bogotano Rafael Chaparro Madiedo, es una mordedura a la experiencia cotidiana que se va agriando en el relámpago. Sus prófugos personajes mantienen un sonoro diálogo con el asfalto, los parques, el licor, el humo desolado del cigarrillo en los bares, el triste olor del desinfectante en los baños de un cine porno. 

La banda de corazones maleantes compone, entre el vacío y lo absurdo de vivir en la gran ciudad, una estela de monólogos que palpitan y muerden desde la fragmentación de sus voces opacas. La lluvia triste, los rayos del sol que se cuelan entre las rendijas de las alcantarillas y el día que se ausenta en nubes desfiguradas son espacios donde se manifiesta la experiencia del sinsabor de los días. 

Las tensiones y las peripecias de Adriana Mariposa, El Lince y El Pájaro Speed en los diferentes escenarios reales de Bogotá abren una puerta narrativa de imaginarios ficcionales, para arrastrar desde la composición poética la intimidad volcada hacia el desastre de una vida agrietada por el tedio. 

La naturaleza como las hojas secas, los árboles, las flores amarillas junto con el pavimento, los cables de la luz, los techos de las casas y los edificios con sus paredes descascaradas, son vasos comunicantes en donde se representa la soledad y el aburrimiento de la gran ciudad. 

 Lo esencial en la obra de Chaparro Madiedo es la pérdida del sujeto, la destrucción de la futilidad dentro de las vitrinas abarrotadas de sentimientos artificiales. Agamben sostiene que “hoy sabemos que para efectuar la destrucción de la experiencia no se necesita en absoluto de una catástrofe y que para ello basta perfectamente con la pacífica existencia cotidiana en una gran ciudad”.  

Dicha afirmación crea adherencia con la novela, ya que está se va desarrollando  sutilmente en los desplazamientos de sus personajes en los diferentes lugares de Bogotá. Es de vital importancia suspenderse en el tiempo, en la multitud de botones y zapatos que transitan por las calles interminables de La Séptima, hasta desaparecer en los recovecos de los almacenes clandestinos en la Caracas o en los parques antiguos aledaños a ellos. 

Caminan de nuevo por chapinero, comentan las patadas de Bruce Lee y se despiden en la 60 con un besito amargo y cada uno coge por su lado, tú hacia Lourdes, ella hacia la Caracas y tu corazón se llena de humo, tu corazón se va invadido por todo ese ruido de los buses que se te mete por los pies y te hace estallar la cabeza en mil pequeños infiernos y te das cuenta de que estás en el punto de partida, te das cuenta de que no eres más que el reflejo difuso de ti mismo en las vidrieras de Chapinero (Madiedo, 2012, p. 22). 

El reflejo difuso de la presencia indeterminada en El párajo Speed y su banda de corazones maleantes, elabora la figura de la lejanía al ser consciente de que los múltiples estallidos que bombardean su corazón, son instantes vividos y expoliados  dejando un recuerdo fragmentado en el sujeto. A partir de la impresión que deja sus esquirlas se construye desde los espacios una transformación sonora de palabras que reclaman una redención a través de la plegaria, pero está siempre se encuentra obstruida por los pequeños infiernos arrastrados en la trasgresión.  

Padre Nuestro que estás en el whisky, Padre Nuestro que estás en el humo, Padre Nuestro que estás en el cielo santificado sea tu nombre santificado sea tu whisky Padre Nuestro que estás en los puentes en las prisiones en las pistolas Padre Nuestro que estás en las hojas de los árboles en las téticas en las manitas de la mujeres Padre Nuestro que estás en la lluvia vénganos tu Reino Vénganos tu dulzura ven hacia nosotros y protégenos bajo tus alas transparentes (Madiedo, 2012, pp. 25 – 26). 

La trasgresión de la oración religiosa en el discurso narrativo, funciona de una manera tormentosa en donde los vicios del cuerpo y las obsesiones de la adicción, son de alguna manera elementos sensitivos en concordancia por hacer visible la invisibilidad del yo narrativo. Vénganos tu Reino es un ruego desesperado por proteger lo que desde hace tiempo se encuentra desaparecido. La oración religiosa es una extensión de la angustia por no dejar que se difumine las tentaciones de la carne en la artificialidad de un paraíso impostor. 

El Dios que se nombra es un vacío de alas transparentes, que duda de la existencia de la banda solitaria, que no tiene conocimiento de que es vivir en Bogotá, que sus manos no alcanzan a traspasar los bordes de las nubes por la avalancha de la lluvia triste al caer en las sillas del parque. Es un dios innombrable que nunca se moja ni siente frío, es ciego y vive solitario en el reino de los cielos. 

Rafael Chaparro Madiedo en la novela hace que sus personajes reflexionen filosóficamente sobre el ser, a pesar del turbulento consumismo que en repetidas ocasiones entra en sus cuerpos jóvenes o quizás deteriorados por el aburrimiento. Los lanza hacia la eternidad de ninguna parte, sus acciones se evaporar en segundos porque nadie los espera. 

Tal vez no somos más que el reflejo difuso de nuestras ningunas partes que se lleva por delante la tormenta de whisky de los días tal vez no somos más que un espejismo que se diluye en el whisky un olor ahogado un grito apagado tal vez la lluvia nos esté borrando poco a poco de la superficie débil de los días (Madiedo, 2012, p. 31). 

La composición de la fragmentación del ser en la obra, es atravesada por un reflejo opaco que se va transformando en un cuerpo líquido, cuya voz no grita al contrario se enmudece. El silencio es emboscado por las agujas ruidosas de la lluvia. Las palabras y los sentimientos del corazón se van borrando sin dejar una pequeña presencia de su existencia. Todo se torna apagado hasta el olor del licor es apagado, se ahoga en la monotonía de la ciudad. 

Un barco borracho y oscuro donde habían metido todos los malos olores oh my God todos los desempleados todos los solitarios todos los travestis todos los ladrones todas las téticas solitarias todos los besitos robados dos p. m. mete y saca mete y saca fuck me oh my God y todo el cine empezó a oler a whisky y todo se empezó a mover como si todos estuviéramos en la mitad de una pequeña tormenta absurda la tormenta de las dos de la tarde la tormenta de las mil tetas con silicona era como una sensación como si una cuchilla de afeitar estuviera cortando las venas lentamente (Madiedo, 2012, p. 35). 

Especialmente el lugar del cine porno muestra un ambiente sórdido, la interacción de Adriana Mariposa, El Lince y El pájaro Speed tercian por las imágenes caóticas aproximándose al teatro del absurdo, como si el cine fuera una prisión visual en donde el público marginado muestra varias facetas maleantes de su personalidad. 

 La tormenta del tedio de las dos de la tarde, precipita a la pulsión embriagada en liberar los temores de la prohibición que se encuentra en la ciudad. Es un desprendimiento y a su vez el vértigo de un no lugar en el tiempo. Es la prolongación de un instante, que ha estado insatisfecho y la única manera de sentirse activo es involucrándose en el desorden. 

Nos sentimos sin nombre, sentimos que en lugar de sangre por nuestras venas corre humo azul y que nuestros sueños  están llenos de humo azul y que detrás de nuestra piel hay mil animales que aúllan y espantan los días y a veces las palabras. A veces de nuestras bocas salen aves heridas que surcan el cielo y dejan escrito con sangre nuestros nombres en el cielo pavita, colilla. Contra la pared (Madiedo, 2012, p. 44). 

La alusión a la pavita, colillita, puchito como lo expresa Chaparro Madiedo expone que el humo que se filtra entre los cuerpos, causa un efecto disperso de lo que se considera tangible. Es decir aquellos días cargados de humo azul remplaza la circulación de la identidad y la elimina. La expresión física de los personajes se vuelve volátil, incluso la palabra como sonoridad verbal pasa al plano de la mudez. El nido de las aves heridas que salen de sus bocas para escribir los nombres ensangrentados son alucinaciones impertinentes creadas por el hastío. 

La singularidad se transforma en lluvia, en nombres de animales, en objetos desagradables que buscan desesperadamente la presencia de Dios, pero sólo el vacío es la contestación a su negación. De esta manera la desesperación, el tedio irrumpe en la repetición de palabras, creando el puente de imágenes orgánicas, otras dolientes frente a la jaula del mundo.  

Cuatro de la tarde speed lluvia carrera Trece te duelen los pies de tanto caminar te sientes animal jaguar tigre gato perro rata alcantarilla te sientes alcantarilla te duelen las manos de tanto buscar a Dios en el aire te duelen los labios de tantos besos que huyen de tu lengua te duelen las piernas te duele el corazón te duele la sangre te duele la jaula del mundo te duele la lluvia (Madiedo, 2012, p. 63). 

La repetición rítmica del narrador con el Pájaro Speed traza la bifurcación valorativa de lo nombrado, la animalidad en la ciudad cumple una verosimilitud en el espacio, en la expresión de los sentimientos contrariados, para hacer una composición de frases agudas y de alguna manera hilvanada hacia el bullicio conceptual de la gran ciudad. 

Madiedo busca en el juego narrativo la ruidosa fragmentación hacia la máxima expresión. Palabras como nectarios, necios, necrosos, nebulosos, neblinosos entre otros, son frases estridentes que proponen una estructura creativa cuyo fin  es la desaparición del sentido de la palabra hasta dejar solo escombros silábicos. 

Las luciérnagas sin luminiscencia en la obra de Madiedo, no son fantásticas, se encuentran perdidas, enmarañadas entre el agua sucia de las calles. Sus movimientos son imperfectos, sólo alumbran oscuridad. A continuación un ejemplo de ello. 

Y entonces Pájaro Speed nos convertimos en leves luciérnagas perdidas que volamos en el agua sucia de la noche sin saber a dónde ir nos volvemos totalmente nectarios necios necrosos nebulosos neblinosos y allí en la mitad  de esa niebla tratas de recordar cuantas sonrisas llevas consignadas en el fondo de tu mirada pero pura mierda Pájaro Speed pura mierda (Madiedo, 2012, p. 70). 

La composición de la banda solitaria no se aleja en ningún momento en hacer reflexiones del transcurrir por la gran ciudad. Muestra también el reflejo inarmónico de los buses al compararlos con cajas mortuorias, atestadas de cadáveres sudando, escupiendo frío y destrozados entre la multitud. 

La experiencia del desastre ilumina de forma quebrantada el tiempo caótico en donde transcurren los acontecimientos cotidianos. La experiencia es empujada, asediada en el ataúd de la noche. Las ventanas cerradas son la representación de la imposibilidad de la libertad. La banda consternada observa desde la sepultura el otro mundo carnavalesco de los travestis y las prostitutas de Chapinero. 

Los árboles están cagados del frío los buses son como cajas mortuorias llenas de cadáveres que sudan se estrujan se escupen se destrozan por favor córranse al fondo del ataúd que está vacío por favor abran las ventanas siete de la noche lluvia lluvia lluvia speed las chicas de Chapinero ya han salido al ataque señor sí usted 5000 pesos Motel Los Vientos Egipcios habitación con agua caliente vino espumoso látigo sí señor no se haga el loco siete de la noche mierda los travestis ya salieron a las esquinas y se apoderan de los faroles de luz (Madiedo, 2012, p.71).  

El vértigo se manifiesta en el estado anestésico de los personajes, mientras el mapa de la lluvia borra y espanta los sonidos ambulantes que hace el Pájaro Speed. Todo retumba en la adrenalina incoherente de la ciudad, muerde su propio despojo desangrándose en los rostros invisibles del vacío. 

Ese vacío en el que estás inscrito ese vacío que te rompe los vértices verticales verticalidad del día ese vacío de tiempo y espacio que te hace liviano y te marea ese vacío que te alza al 

                                                          vérrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr  

                                                                                                                                    r

                                                                                                                                r

                                                                                                                                     r

                                                                                                                                  r 

                                                                                                                             r

                                                                                                                               rtigo de las calles y te rompe el cuerpo como si estuvieras hecho de vidrio y entonces mil víboras vibradoras empiezan a vibrar speed speed speed en el interior de tu sangre mil víboras viboritas te envuelven con su frío abrazo los huesos (Madiedo, 2012, p. 81).  

En La experiencia crítica de Javier Gasparri, define algunos rasgos que posee la literatura del desencanto al citar algunos fragmentos del libro La experiencia opaca. Literatura y desencanto de Florencia Garramuño. 

Garramuño afirma que llego el momento en donde el sujeto lucidamente sufre varias mutaciones. La escritura aparece más cercana a una idea de organismo vivo, irracional, que respira, que es la construcción acabada u objeto concluido que se expondría, incólume y soberano ante la mirada de los otros. La experiencia se manifiesta con el sujeto en algo sufriente  y gozoso, desbordante de libido y humores. 

Garramuño enfatiza que el desencanto es la desconfianza, la desilusión, el desengaño y hasta la desesperanza o el desaliento. El vacío de los días llega a una caída interminable, en donde el vértigo se va malogrando en la sufriente sensación de soledad. La mirada que propone Madiedo en la obra es suburbana, sucia, malgastada que en cada segundo se hiere por los instantes rasgados que simultáneamente rugen en el interior de los cuerpos cansados. 

Las mutaciones se conectan con la composición de la banda solitaria, al sentir como ruge la gran ciudad en la Surfin Chapinero, al llegar el ruido atravesando las calles, las vitrinas de los almacenes, los perfumes opacos de los cuerpos femeninos. 

Del otro lado del muro llegaba todo el ruido ambiguo de la ciudad, de esa ciudad que estaba empezando a funcionar. Funcionaba el perfume de los árboles, funcionaba el olor de las mujeres que caminaban hacia el trabajo, funcionaba el ruido de los buses, funcionaba el cielo, las nubes. Funcionaba la gran ópera de la mañana. Todos los habitantes estaban ejecutando sus partituras secretas, sus músicas lejanas y rotas que se prolongaban hasta el final del día, sus melodías ausentes que poco a poco se iban enredando unas a otras hasta formar una gran disonancia macabra que día tras día, noche tras noche, minuto a minuto anunciaba el festejo del tedio, la fatiga, y el miedo (Madiedo, 2012, p. 85). 

Foto: Paul Guerrero. El Pájaro Speed y su banda de corazones maleantes de Rafael Chaparro Madiedo.

Referencias 

Madiedo, C. R. (2012). El Pájaro Speed y su banda de corazones maleantes. Zaragosa: Tropo Editores. 

Garramuño, F. (2009). La experiencia opaca. Literatura y desencanto. México: Fondo de Cultura Económica.

Wilson Guillermo Díaz Rodríguez (Bogotá, 1978). Cursa Estudios Literarios en la Universidad  Autónoma de Colombia. Ha sido promotor de literatura infantil y juvenil en espacios no convencionales desde el año 2006. Ha desarrollado talleres de lectura para niños y jóvenes. Algunos de sus poemas han sido publicados en la Fundación y Editorial DomingoAtrasado. Obtuvo el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo Ojos erectos, presentado en el Vigésimo Sexto Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2011 y el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo La apocalíptica Yoknapatawpha County, en tres relatos del escritor William Faulkner, presentado en el Trigésimo Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2014. Su poema Locomotora- Filmfue seleccionado en el segundo semestre del 2013 en la revista cartagenera Cabeza de Gato. Ha sido uno de los ganadores en el primer Slam de Poesía en el Ring realizado por el colectivo Las Desobedientes en febrero del 2015. Participó en las VIII Jornadas Universitarias de poesía ciudad de Bogotá “Nuevas voces para la poesía Iberoamericana” en septiembre del 2016. Su libro de poesía Las Heridas del Ruidofue publicado por la Editorial y Librería La Valija de Fuego en diciembre del  2015. Una selección de sus poemas ha sido publicados en las revistas Literariedad y Primera Página de México.

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