Vencer miedos (sin tintes de autoayuda) 

Por Daniel Silva

Optimismo: un concepto agotado en todas partes, sea en terapias psicológicas, libros de autoayuda o programas televisivos donde conductores con sonrisa perfecta incitan al público a esbozar una sonrisa para comenzar un día repleto de aventuras. Como si unos dientes brillantes y palabras melosas resolvieran todos nuestros conflictos internos. Soluciones conducidas más al fracaso o a la superficialidad que a un problema más hondo todavía: el miedo. Ambos conceptos se hermanan y repelen en la propuesta del Colectivo Eutheria Teatro Vine a Rusia porque aquí me dijeron que acá vivía un tal Chéjov, obra que se presenta en el teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque. 

Libre de tintes alegres ―por no decir melosos―, Vine a Rusia presenta a un grupo de jóvenes cuyo único sustento es una caja de libros inventariados que van a la hoguera conforme a la intensidad del frío. Desfilan, entre las víctimas,  teatro del absurdo, social y, claro, chejoviano. Este último, no obstante, es rescatado por los cinco amigos quienes, si bien se asumen reflejados en la simpleza y mediocridad de los seres acogidos en la obra de Chéjov, quieren evadir su herencia en sus propias vidas. A diferencia de un personaje chejoviano, cada amigo tiene un sueño: ser actriz, escritor o, simplemente, ser alguien en este mundo. Para ello, su primer desafío será cruzar la puerta y afrontar la invernal ―e infernal― ventisca, uno de varios impedimentos que intentarán doblegar su mayor ambición: llegar a Rusia, a esa tierra prometida de teatros, palacios y espectadores ávidos de grandes dramas y comedias. 

Acorde a la declaración de Luis Ángel Gómez, director de la puesta en escena, Vine a Rusia… surgió a partir de un seminario de investigación sobre la obra chejoviana y también a partir de anécdotas e improvisaciones por parte del elenco. La cuestión académica es casi imperceptible, por suerte, y ello logra que los actores  ―Carolina Berrocal, Héctor Sandoval, Jorge Viñas, Nareni Gamboa y Talia Yael― dialoguen con la escenografía de Jesús Giles, cuya precariedad de recursos manifiesta la precariedad económica y emocional de los personajes. Sólo un baúl con lo indispensable y un árbol llamado Beto serán sus recursos durante su viaje a lo imposible: conocer a un brillante perdedor llamado Anton Chéjov. 

La alusión rulfiana en el título despertará en la mente del espectador lugares comunes y afines sobre la búsqueda: muerte, susurros, ecos y, sobre todo, fantasmas. Fantasmas cuyo hábitat natural es la mente. Además de combatir adversidades climáticas, son las psicológicas las enemigas a vencer, y por ello unos cuantos integrantes desertarán en el camino al ver que su destino ha sido  la nada, el vacío. ¿Es esto un impedimento para comenzar de nuevo? Una pregunta que  estará en boca del público, sobre todo en el juvenil, pues Vine a Rusia porque aquí me dijeron que acá vivía un tal Chéjov se dirige a todos aquellos que tienen miedo a ese concepto tan bellamente ornamentado pero jamás ejecutado: el OPTIMISMO. 

La obra se presenta jueves y viernes a las 20 horas; sábados a las 19 y domingos a las 18 horas hasta el 11 de noviembre. 

Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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