“Entre el Dr. Atl y yo”: Carmen Haro

Carmen Haro. Foto: Facebook.

Por Majo Ramírez

Cuando se habla de arte en México a uno se le vienen a la mente personajes como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Frida Kahlo o Remedios Varo, pero pocas veces se habla de pintores del paisaje como Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl. No sólo eso, ¿cuántos pintores mexicanos son los ejes centrales de novelas o cuentos? Gerardo Murillo protagoniza la novela más reciente de la escritora mexicana Carmen Haro: Yo soy Atl (Textofilia ediciones, 2017), una biografía que permite tener una visión bastante completa del pintor. Se trata de una novela que acerca a los lectores a la vida, y un poco a la obra, de Gerardo Murillo. En La Liebre de Fuego nos dimos a la tarea de entrevistar a la autora para conocer un poco más sobre este texto.

Carmen Haro (Ciudad de México, 1959) estudió Historia del arte y cuenta con estudios de posgrado en Museología e Historia de México. La autora de la novela El amor encadenado de Fortuna Compeán (Planeta, 2014) también se ha desempeñado como maestra, ensayista y cuentista. 

 

Liebre de Fuego: Sé que te tomó cerca de 3 años realizar esta novela biográfica, ¿cuál fue el proceso de armar este libro?

Carmen Haro: El proceso de armado o la idea de esta novela viene desde mi tesis de licenciatura, porque justo la hice sobre Gerardo Murillo, Dr. Atl. Gracias a esto ya tenía  bastante checado el tema de documentación y libros escritos sobre el tema. Entonces, para armar bien este libro, me metí un poco a repasar historia de México, novelas de la época y también traté de buscar todos los libros que había escrito el Dr. Atl; conseguí casi todo para empaparme de su voz. Todo me sirvió de contexto para empezar a novelar.

L.F.: ¿Cuál fue el mayor reto al que te enfrentaste para poder construir esta novela?

CH: Sin duda, respetar su voz. Como escritora quiero hablar yo, como yo pienso, todo el tiempo. Cuando uno está escribiendo, se vuelca en el texto y da sus puntos de vista, sus pensamientos, sus interpretaciones de todo. Entonces, tratar de respetar la voz de Atl, las cosas que él contaba y no meterme yo tanto como autora fue, para mí, el ejercicio más difícil. Por supuesto que no se logra esto todo el tiempo, pues al final estoy interpretando y estoy expresando.

L.F.: ¿Tuviste algún problema para adquirir algún archivo o información importante?

CH: Como ha sido un personaje tan investigado, tuve muchas facilidades para poder hacerme de material. Me ayudé de distintos libros, como El símbolo y la acción de Olga Sáenz, donde interpreta todo lo que se ha escrito y todas las teorías que se han formado alrededor de la vida del Dr. Atl. Además, me sirvieron los estudios que se realizaron en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

L.F.: Entonces, ¿la dificultad vino en lo creativo?

CH: En lo creativo y, cuando tienes documentación y un personaje mitómano como Atl —justo eso lo platico en la novela—, entonces sí es difícil determinar dónde termina la verdad y empieza la mentira en su vida. Como autora, es difícil elegir sobre las opiniones de los estudiosos, de la gente que ha trabajado muy en serio al Dr. Atl y las cosas fantasiosas que él platica de su vida. Ahí elegí darle vida a las fantasías de Atl. 

L.F.: ¿Cuál era tu objetivo, es decir, qué buscabas al hacer esta novela sobre el Dr. Atl?

CH: Después de dedicarme tantos años al Dr. Atl descubrí que había muchos libros de arte, libros que se han trabajado en Estéticas, en el Colegio Nacional, en otras palabras, ha sido un autor muy trabajado en el sentido teórico. Hay algunas novelas en las que se ha tomado un poco al Dr. Atl —más como hilo conductor—, pero no había una novela específica sobre él. Entonces, quise hacer una obra que acercara al público en general al conocimiento de este pintor. Porque tuvo una vida bastante interesante, no sólo pintoresca y no sólo en el tema estético o en el tema creativo, sino que es un personaje histórico que fue pasando a lo largo de su vida por todos varios eventos importantes de México. El Dr. Atl se supo mover muy a su aire —y muy bien— en el juego político, pues al final se relacionó con todos los presidentes. Toda esta parte de este personaje valía la pena plasmarlo en un trabajo que estuviera accesible a la gente, en el sentido de hacer una novela biográfica. 

Además, hay mucha gente que no tiene idea del trabajo del Dr. Atl, como que les suena el nombre pero no conocen el trabajo de Gerardo Murillo. Y creo que, más que su pintura, sin restarle validez porque es muy importante su aportación, su vida es mucho más interesante.

L.F.: ¿Qué tanto de lo que presentas en tu novela es ficción y qué tanto es biografía?

CH: La parte de ficción es donde yo construyo a partir de los huecos, donde no sé qué pasó con la vida del Dr. Atl, ahí es donde yo hago el ejercicio de novelista. En el resto de la obra estoy partiendo, básicamente, de lo que cuenta su biógrafo, Luna Arroyo, quien también fue su amigo cercano. También me ayudo de lo que el mismo Atl cuenta en Gentes profanas en el convento, a partir de esto y otros textos que encontré de él hablando de su vida. Uso mucho sus cuentos para rellenar espacios, porque, aunque los  tiene editados en diferentes volúmenes, parecen anécdotas de su vida —o al menos así narra—; él era protagonista de sus mentiras, de sus narraciones. Todo el marco histórico es real, el resto lo hacemos entre Dr. Atl y yo.

L.F.: Leí que te enamoraste del Dr. Atl a partir de que viste uno de sus cuadros en un museo en Nueva York. Una vez que conoces la vida del artista, ¿puedes ver de manera distinta su obra?

CH: La vida y la pintura del Dr. Atl permanecen separados. La pintura es una constante que no se ve influida por su vida personal. Él sale a pintar y representa lo que ve, lo que siente, lo que captura del paisaje. Entonces, estas dos van totalmente separadas, son dos líneas diferentes: por un lado, las locuras que él hizo y por otro, su pintura. Son dos temas distintos, y como su vida no influye en su pintura, no cambia la percepción que puedas tener sobre su obra.     

Yo soy Atl de Carme Haro, Textofilia ediciones, 2017. Foto: Textofilia.

L.F.: En su faceta como escritor, ¿cuál es tu obra favorita del Dr. Atl y cuál recomendarías leer primero?

CH: Me gusta casi todo, pero, definitivamente, Gentes profanas en el convento es mi favorita. También creo que El padre eterno, satanás y Juanito García es una novela muy simpática, y los Cuentos bárbaros y todos colores me encantan. Un hombre más allá del universo y Un grito en la Atlántida son libros un poco inaccesibles y uno puede llegar a perderse en la lectura.

L.F.: En la novela también plasmas la relación que tuvo Atl con la artista Carmen Mondragón —Nahui Olin—, quien fue importante en la vida del pintor, ¿crees que ella influyó en su obra de alguna forma o viceversa?

CH: No creo, porque ella tiene una interpretación del mundo muy colorida y muy diferente, pues ella no hace paisaje. Quizá la convivencia y los escritos fue lo que más marcó a estos personajes, pues estuvieron en una relación bien difícil y bien tormentosa. Cada uno siguió haciendo sus trabajos, lo que compartieron fue la poesía, el amor, la pasión, los celos. Si han visto la pintura de Nahui Olin se darán cuenta que es muy diferente la paleta de colores y la temática, por lo que no me parece que haya influencia alguna del Dr. Atl sobre ella. Al revés tampoco, porque él continúa pintando paisajes en la misma línea en la que él iba.

L.F.: Alguna vez llegaste a tener la oportunidad de tener un cuadro del Dr. Atl pero a la mera hora no se pudo, si en este momento pudieras adquirir una obra del pintor, ¿cuál sería?

CH: Pues mira, no está difícil, está imposible. Si ahorita tuviera un montón de lana, compraría un aeropaisaje, eso es lo que más me gusta de su obra. Pero me conformaría con sus dibujos en lápiz; a lo mejor algún día podría adquirir un dibujito, esos son más accesibles. Además, él era muy buen dibujante, la verdad sería muy emocionante tener uno de esos colgados en mi casa para poder ver, todos los días, alguno de sus dibujos. Sin embargo, hay muchas cosas incompletas, y la verdad, no todo lo que hay vale la pena.

L.F.: ¿Tu cuadro favorito de Atl?

CH: Te puedo decir que tiene un cuadro que menciono en la novela que se llama “Mañana luminosa sobre el Valle de México”, parece que te sumerges en él por la manera en la que está manejada la perspectiva. Si tú te paras enfrente del cuadro es como si entraras en éste. Después sus aeropaisajes, porque se invierte la visión de la naturaleza, cómo ves desde arriba y la interpretación de Atl, cómo ve él. También la obra del Paricutín, por la expresión, el tema de la fuerza destructora de la naturaleza.

L.F.: La portada del libro es bastante atractiva, ¿tuviste algo que ver con su diseño, hiciste alguna recomendación para ella?

CH: No, eso fue totalmente diseño de Textofilia, de Abril Castillo. Este retrato está en Poliforum, eran amigos cercanos Siqueiros y él, de ahí lo sacamos.

L.F.: Llama la atención que la A es un volcán.

CH: Sí, eso me parece maravilloso. La verdad creo que la portada es un gran acierto.

L.F.: Ya has presentado en varias ocasiones este libro, ¿tus lectores se han acercado a ti?

CH: Sí, he tenido varias presentaciones, en la FIL Guadalajara, en Gandhi, en la Feria del Libro de Minería. Y sí me ha tocado que la gente se acerque a mí, pero no en las presentaciones, el acercamiento ha sido por redes sociales; por ejemplo, Facebook. Ha habido gente que me manda mensajes sobre el libro, la verdad eso se agradece un montón, porque permite saber qué piensa la gente de tu obra y te permite saber que está llegando, efectivamente, al lector.

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