El templo y la metamorfosis del Hombre Torcido

Por Majo Ramírez

¿Quién es el Hombre Torcido? Esa es la pregunta que me vino a la mente en cuanto abrí Templos de Genaro Ruiz de Chávez. ¿Es sólo Guadalupe Guadaña? ¿Es un burócrata o un contador detrás de un escritorio? ¿Soy yo? El poeta nos presenta en “La quema del Hombre Torcido” a Guadalupe Guadaña, un personaje que somos todos los asalariados —si se ha trabajado en una oficina, no se puede negar que se tiene o se ha tenido la membresía a una de las más tristes tribus urbanas: el Godinato. En Guadaña se presentan algunas de las características del godínez: deudas, escritorio, liquidación y un sin fin de etcéteras que vienen acompañados de ansiedad y luego pobreza, o pobreza y luego ansiedad.  

Guadalupe Guadaña lo sabe, le ha ganado al sistema al quemar su templo, porque él mismo es un templo que debe calcinar. Al inicio se nos invita a formar parte de la pira, al espectáculo del Hombre de Mimbre: la metamorfosis es necesaria para el ciclo de la vida, “Tienes que ser un buen Hombre de Mimbre para que todo vuelva a florecer, para que renazcan los dividendos del despacho y la vida continúe”. Sabe que su sacrificio es necesario, que el traje de leña no le queda tan bien como la pesada musculatura de una mariposa negra (y es que para entrar al mundo godín se amputa una parte de la propia identidad, o se agrega una prótesis; así, Guadaña pasa de mariposa negra a Hombre de Leña). Pero para volver a ser mariposa, primero debe acabar con el templo. Para acabar con el templo es necesario el peregrinaje —prótesis de identidad, convivencia con otros godínez, despido, encuentros desafortunados con el barrio, rechazo, entre otros. 

Señales de que es hora de encender la pira, Guadalupe Guadaña recuerda que añora ser mariposa negra: 

“Conmoción en la oficina: una mariposa negra (Ascalapha odorata) se ha posado sobre el marco de la puerta. Bromas y presagios: Alguien va a morir. Alguien ganará un millón de dólares. Alguien envía un mensaje escrito en sus alas.

El Jefe, inquieto, le pide a Guadalupe que la saque. Se levanta de su cubículo, sube a una silla, toma a la madeja de polvo entre sus manos —siente la potente musculatura— y la despide por una ventana. Huele la piel de sus manos”.

El Hombre Torcido es esa mariposa negra que no pertenece a una oficina de contables, detrás de un escritorio; con setecientos sueños que cumplir, sabe que debe arder. El momento de la hoguera es la oportunidad de transformarse de nuevo. 

Quemarse es resistir, ¿no deberíamos tirar un fósforo a nuestros trajes de madera?

Bonus: La Pipiana, el Mowgli Mogollón, y tal vez el Marlon y el Brandon, hacen una aparición antes de protagonizar “La erótica desventura del Huamantlo”, pieza poética en tres actos que se publicó en este mismo sitio. 

También puedes leer: “La erótica desventura del Huamantlo” Parte 1Parte 2 y Parte 3.

Templos de Genaro Ruiz de Chávez Oviedo, Editorial Literal. Foto: Majo Ramírez.

*Texto leído durante la presentación de Templos en la XVIII Feria Internacional del Libro en el Zócalo.

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