De Twin Peaks a Ecatepec: la construcción de monstruos para explicar el terror

Por Zulay Saxe Castro

A propósito del asesino de Ecatepec y la justificación de sus acciones por “enfermedad mental” no pude evitar recordar una de mis series favoritas:

Aclaro de antemano que Twin Peaks no es una serie “progresista” en la cuestión de género, es una serie de los años 90 donde las protagonistas mujeres tienden a ser objetos sexuales pasivos, idealizados y violentados constantemente por hombres; la fórmula de la damisela en aprietos es puesta en uso más de una vez a lo largo de la serie, a fin de cuentas es una construcción de mujeres a partir de la mirada de un hombre, y eso es algo que no podemos dejar de lado.

Muy brevemente, la serie inicia con la muerte de Laura Palmer, la prom queen, la chica más popular del highshcool, su cuerpo inerte es encontrado envuelto en plástico a la orilla del lago (como tantas víctimas de feminicidio en México) la noticia de su muerte causa conmoción en el pequeño pueblo de Twin Peaks —rápidamente te dejan claro que fue violada y asesinada de forma brutal. En este contexto llega el Agente Cooper, del FBI a trabajar su caso, sospechando que ella es la víctima más reciente del asesino serial que lleva años persiguiendo. Así, la primera temporada y parte de la segunda giran alrededor del misterio: ¿quién mató a Laura Palmer? No diré más por que intentar explicar cualquier creación de David Lynch es como intentar contar un sueño, tiene sentido, pero no. 

De quien yo quiero hablar es de uno de los personajes más importantes de la serie, si no es que el más. En Twin Peaks existe un espíritu que se alimenta de la miseria humana llamado Bob, él toma posesión del cuerpo de un hombre y a través de él viola y mata mujeres por años, cuando el hombre muere, Bob simplemente busca otro cuerpo para seguir haciendo lo suyo. Eventualmente el hombre que usó de “transporte” es puesto como la verdadera víctima porque no sabía lo que hacía, porque no era él, era Bob.

La serie parece girar alrededor de la violencia hacia la mujer, claro que tiene otros elementos, pero todo vuelve siempre a que la forma en la que Bob existe es aterrorizando y haciendo sufrir a las mujeres a través de los hombres. Y no es sólo Bob, a lo largo de la serie son varios hombres los que reproducen esta violencia. No hay una sola protagonista en Twin Peaks que no sufra de algún tipo de violencia masculina; el universo de Twin Peaks está entintado de novios y padres celosos, golpeadores, asesinos, controladores, violentos, etcétera.

Pero Bob se vuelve una justificación de la violencia, la maldad y el machismo. En el caso de Twin Peaks es a través de elementos místicos (Bob siendo un espíritu) que se hacen estas justificaciones, porque es mas fácil admitir la maldad en un espíritu maligno (o en una enfermedad mental) que darse cuenta de que el monstruo es estructural, que vive y respira y crece entre y con nosotros.

Recuerdo cuando vi esta serie por primera vez, me quedó grabada una escena donde uno de los personajes dice: “quizá eso es todo lo que Bob es, la maldad del hombre, quizá no importa cómo lo llamemos” (“Maybe this is all Bob is, the evil that men do, maybe it doesn’t matter how we call him”).

Lo cual lleva a mi interpretación favorita que se ha hecho de Bob: Más que un ser mítico, o un espíritu del bosque que obliga a los pobrecitos hombres a hacer cosas horribles en contra de su voluntad, Bob es en realidad un parásito del colectivo social explicado a través de la metáfora, la representación de algo más grande, de una enfermedad estructural de la sociedad:  

The evil that men do

Lo que quiero decir con todo esto es: no volvamos al asesino de Ecatepec un “Bob”, un monstruo psicópata, un enfermo mental, un poseído por el mal, un caso aislado e inexplicable… este horror y esta violencia están implantadas en las raíces mas profundas de nuestra sociedad. 

El primer paso para matar a Bob es admitir que no es un solo hombre, que no es un individuo actuando, que no es Bob el que está enfermo, sino la sociedad tóxica, machista y violenta en la que vivimos y respiramos todos los días. 

Zulay Saxe Castro (1994, Ciudad de México). Fotógrafa y estudiante de antropología social en la ENAH, tiene una relación amor odio con la Ciudad de México y el mal hábito de usar palabras rimbombantes (y muchas veces innecesarias) para llenar vacíos; todo tipo de vacíos, desde los existenciales hasta los creativos, y en este caso, su semblanza.  Instagram y Twitter @Zzoolay

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s