El agonizante placer de la escritura

Por Wilson Guillermo Díaz Rodríguez

«Castigo cruel  y  severo» una forma de tortura. 

Charles Bukowski, Noche de escupir cerveza  y maldiciones

 

La novela autobiográfica Factotum de Charles Bukowski narra los años de su juventud y la insistencia de convertirse en un escritor. Contiene una sobredosis atroz de los diferentes empleos que tuvo para sobrevivir. La novela, escrita en el año de 1975, tiene ochenta y siete capítulos donde Henry Chinaski —el alter ego de Bukowski— narra, desde lo más escueto, una vida sórdida donde el vino barato, una barra sucia, y los bares de mala muerte son el entorno para transgredir la soledad y burlarse melancólicamente con ironía de la muerte. 

Esta narración contundente, cargada de diferentes puñetazos, impacta en el realismo sucio y, a su vez, denota lo quínico de Chinaski, el personaje principal que, por las circunstancias que atraviesa, se ve iluminado en una sociedad de olvidados, prostitutas, ebrios, desechos humanos de un sueño americano que se va disolviendo en el instante en que a veces se acaricia la ilusión.

Charles Bukowski hace un pacto narrativo con Chinaski para que relate los episodios más grotescos de su vida íntima y pública, haciendo que lo quínico llegue al extremo más absoluto de las imágenes que se construyen desde la fragmentación de los capítulos.

Su triángulo de vello púbico estaba casi oculto por su barriga flácida y bamboleante.

El sudor estaba haciendo que se le corriese el maquillaje. De repente se estrecharon sus ojos. Yo estaba sentado en el borde de la cama. Se arrojó encima de mí antes de que yo pudiera reaccionar. Su boca abierta presionaba la mía. Sabía a esputo y a cebollas y a vino rancio y (me imaginaba) el semen de cuatrocientos hombres. Empujó su lengua dentro de mi boca. Estaba espesa de saliva, me ahogaba y le eché fuera con una náusea. Se puso de rodillas, me abrió la bragueta y en un segundo mi floja picha estaba en su boca. Chupaba y movía la cabeza. (Bukowski, 1989, p. 28). 

Al hacer referencia del quínismo griego, Peter Sloterdijk descubre como argumentos la animalidad del cuerpo humano y de sus gestos al desarrollar un materialismo pantomímico. La exageración que muestra el fragmento de Bukowski transgrede la imagen en sí misma, porque no sólo se queda en un hecho anecdótico. Al contrario, hace un descubrimiento desde la resignificación del lenguaje sucio.

Lo feísta entre la combinación de estremecimientos se va haciendo, cada vez, más ardoroso y hace énfasis a poetas y escritores japoneses cuyos nombres son: Issa Kobayashi y Ryu Murakami, para ellos su mayor preocupación era hacer de una imagen poética o prosaica, una materialidad que no desconociera las acciones grotescas que pueda llegar a tener el cuerpo humano controlado por sus deseos o excitaciones más escandalosas. 

Ahora bien, Martha, la prostituta que llega a la habitación de Chinaski, representa lo indecente de esa realidad que se nutre de acciones, que cada vez llegan a transferir el fondo de una sociedad marginal al describir lo más horripilante, perverso y cruel que existe entre las entrañas de la existencia. 

La connotación de la insatisfacción se refleja en la boca abierta del placer, el círculo de la composición entre la succión y la música clásica contrasta y, a su vez, deleita la locura de esa fiera inclemente.    

—Antes de que pudiera hacer nada, ella estaba otra vez de rodillas mamándomela. Me estrujaba los huevos sin piedad con ambas manos. Su boca se abrió, me atrapó; su cabeza subía. Bajaba, chupaba. Dándole en tremendo tirón a mis pelotas al tiempo que casi cercenaba mi polla por la mitad, me forzó a echarme al suelo. Los sonidos de succión invadían la habitación mientras en mi radio sonaba Mahler. Me sentía como si estuviese siendo devorado por una fiera inclemente. Mi picha se levantó, cubierta de esputo y sangre.

La vista de la misma la hizo caer en el frenesí. Sentí como si me estuviesen comiendo vivo. (Bukowski, 1989, p. 29).

Mientras me doblaba para tratar de apartarla de un tirón en el pelo, ella me agarró otra vez los huevos y los estrujó sin contemplaciones. Sus dientes parecían tijeras en mitad de mi polla, como si quisiera cortármela en dos.

Pegué un alarido, solté su pelo, caí de espaldas. Su cabeza subía y bajaba incansable. Estaba convencido de que la chupada podía ser oída en toda la pensión.

—¡No! —chillé. (Bukowski, 1989, p. 29). 

No sólo lo sexual es el tópico de la novela Factotum, también están las diferentes peripecias  que tiene Henry Chinaski en los trabajos, la ebriedad en el cuarto de la pensión o en los bares, pero lo más diciente y profundo en la obra de Charles Bukowski es la persistencia del personaje para ser publicado y reconocido como un escritor. El ejercicio de la escritura está sujeto a los cambios de entorno, que en la novela se manifiestan como una búsqueda o preocupación por hacer de su escritura un estilo que enmarca la autenticidad.

El análisis también permite encontrar la poética de la cotidianidad inmersa en los pensamientos que tiene constantemente el protagonista. La reiteración de la soledad y los trabajos como dice Charles Bukowski: “Tenía el trabajo que nadie quería”. Muestra la lucha a la que se tiene que someter Chinaski para sobrevivir. 

Me metí a la cama, abrí la botella, doblé la almohada y me la ajusté bajo la espalda, respiré con ganas y me quedé sentado en la oscuridad mirando por la ventana. Era la primera vez que me había quedado solo en cinco días.

Yo era un hombre que me alimentaba de soledad; sin ella era como cualquier otro hombre privado de agua y comida, Cada día sin soledad me debilitaba. No me enorgullecía de mi soledad, pero dependía de ella. La oscuridad de la habitación era fortificante para mí como lo era la luz del sol para otros hombres. Tomé un trago de vino.

De repente la habitación se llenó de luz. Hubo un traqueteo o rugido. Un puente del metro pasaba a la altura de mi habitación. Un convoy se había parado allí.

Observé un manojo de caras neoyorquinas que me observaban. El tren arrancó y se alejó. Volvió la oscuridad.

Entonces la habitación volvió a llenarse de luz. De nuevo contemplé los rostros escalofriantes. Era como una visión del infierno repetida una y otra vez. Cada nueva vagonada de rostros era más horrible, demente y cruel que la anterior. Me bebí el vino. (Bukowski, 1989, p. 32). 

Luz y sombra son los dos determinantes interrumpidos que acompañan al poeta en su soledad, al escritor en la disciplina de la escritura, al vagabundo que se encierra mirando la calle o a los transeúntes a través de las rejillas cerradas de su habitación.

En una carta que escribe Charles Bukowski en los Ángeles el diecinueve o el veinte de octubre de 1960, a Sheri Martinelli —artista plástica, escritora, crítica literaria, modelo de portada de Vogue y editora— hace hincapié a lo que más adelante se iba a transformar su novela. Esta correspondencia entre 1960-1967 fue llamada de la siguiente manera Noche de escupir cerveza y maldiciones.

Lo que se debe analizar de la obra de Charles Bukowski es que en sus cartas cargadas de dinamita hay la posibilidad de volver a reescribir fragmentos que muy seguramente se encuentran presentes en Factotum.

Los Ángeles, Calif.

19 o 20 o lo que sea de oct., 1960

Querida Sheri, ma:

                                  Una temporada horrible el paso de cicatrices a través de ventanas cerradas, y sol sin sentido, peine forte et dure, (en francés, «castigo cruel y severo» una forma de tortura) el cornudo de la tortura, un Sansón vacila en la fina telaraña del estremecimiento y las agujas de titán, y no hay ningún Sansón en absoluto –dice el escarabajo bupréstido u hombre común sólo puede sonreír huracanas esperando más cerca del coma. (Bukowski y Martinelli, 2001, p. 137).  

El cinismo de las cartas de Bukowski muestra un realismo que se va macerando entre la postmodernidad americana, hacia una filosofía  del desencanto, la desesperanza, la depresión y la inconformidad de seguir las reglas establecidas ya sean en las ciudades de Nueva Orleans, San Francisco, Los Ángeles, Filadelfia, San Luis, Miami, Nueva York como se describe en Factotum. El detonante es la furia de su escritura, el rugido de las palabras por encontrar desde su interior una libertad artística, cuando asume la posición de escritor con relatos cortos. 

Ese tópico del escritor en marcha quizás sea el más interesante que suscita Factotum, porque retoma la insistencia de la escritura literaria y la vida de Charles Bukowski, cuando a los veinticuatro años escribió el texto autobiográfico “Secuelas de una larguísima nota de rechazo”, publicado en Story Magazine, al poco tiempo se desilusionó con el proceso de publicación y dejó de escribir durante una década. 

Iba yo dando un paseo y se me vino a la cabeza. Era la más larga que había recibido nunca. Normalmente sólo te decían: «Lo sentimos, pero no tiene la suficiente calidad» , o «lo sentimos, pero no se ajusta exactamente a nuestra línea editorial» . O, lo que sucedía más a menudo, te enviaban el impreso de rechazo estándar.

Sin embargo, esta era la más larga, la más larga que había visto nunca. Se refería al relato que les envié, «Mis aventuras en medio centenar de pensiones». Pasé por debajo de una farola, saqué la notita del bolsillo y volví a leerla.

«Estimado señor Bukowski:

Una vez más, nos encontramos ante un conglomerado compuesto por una parte extremadamente buena y por otra atestada de idolatradas prostitutas, de escenas de vómitos sobrevenidos a la mañana siguiente, de misantropía, de elogio del suicidio, etc., que es algo que una revista no puede publicar de ninguna de las maneras. No obstante, se trata de algo muy parecido a esas odiseas que viven determinado tipo de personas, y creo que en ese sentido ha hecho usted un trabajo auténtico. Probablemente publiquemos algo suyo en alguna ocasión, aunque no sé cuándo exactamente. Eso depende de usted.

Se despide atentamente,

 Whit Burnett» (Bukowski, 2008, p. 5).      

Después retoma este tópico para hacer de su experiencia una revelación de su trabajo como escritor. Es de suma importancia conocer los antecedentes para así establecer las semejanzas que  tiene la novela. A continuación Factotum vuelve a recuperar parte de dichas experiencias de Charles Bukowski ya sean reales o ficcionales.

Gladmore me devolvía muchas cosas con notas de rechazo escritas por él mismo. La verdad es que la mayoría de estas notas no eran muy extensas, pero eran amables y me daban ánimos. Las grandes revistas usaban notas de rechazo ya impresas. Incluso las notas de rechazo impresas de Gladmore parecían tener algún calor amigable: «Lamentamos que, vaya, esta sea una nota de rechazo pero…» (Bukowski, 1989, p. 52). 

Al sumar otro componente de lo quínico con el rechazo, el licor y lo escatológico, como degradaciones humanas, se presenta en la novela tintes de lo inferior pero, al mismo tiempo, excluido o no aceptado, porque transmite repugnancia y en cierta medida sensaciones ásperas y grotescas. 

Al abordar el realismo sucio desde la perspectiva de la monotonía como una indagación de la existencia, se empieza a percibir los cuestionamientos de Chinaski al referir que es un hombre sin ambiciones pero que debe asumir una oposición a lo que le ofrece la vida.

Cierto que yo no tenía muchas ambiciones, pero tenía que haber un lugar para la gente sin ambiciones, quiero decir un sitio mejor que el que se reserva habitualmente para esta gente. ¿Cómo coño podía un hombre disfrutar si su sueño era interrumpido a las 6:30 de la mañana por el estrépito de un despertador, tenía que saltar fuera de la cama, vestirse, desayunar sin ganas, cagar, mear, cepillarse los dientes y el pelo y pelear con el tráfico hasta llegar a un lugar donde esencialmente ganaba cantidad de dinero para algún otro y aún así se le exigía mostrarse agradecido por tener la oportunidad de hacerlo? (Bukowski, 1989, p. 116).

Me picaba el escroto. Empecé a rascarme. El picor se fue haciendo insoportable. Seguí caminando y rascándome los cojones. Yo no podía ser un reportero, no podía ser un escritor, no podía encontrar una mujer decente, todo lo que podía hacer era andar por ahí rascándome como un mono. Me apresuré a montar en mi coche, que estaba aparcado en Bunker Hill. Conduje apuradamente hasta el apartamento. Jan no estaba en casa. Fui al baño y me desnudé.

Escarbé ente mi escroto con los dedos y hallé algo. Lo saqué. Lo dejé caer en la palma de mi mano y lo contemplé. Era blanco y tenía muchas patas. Se movía. Me quedé fascinado. Entonces de pronto dio un salto y cayó en el suelo del baño. Me quedé mirándolo fijamente. Dio otro rápido salto y desapareció. ¡Probablemente de vuelta en mi vello púbico! Me sentí enfermo y cabreado. Me puse a buscarlo. No conseguí encontrarlo. Se me revolvió el estómago. Vomité en el retrete y luego me vestí de nuevo (Bukowski, 1989, p. 130). 

En los fragmentos anteriores, de los capítulos 55 y 62 de Factotum, aparecen las características del quínico que ventosea, defeca, orina, se desnuda para notar argumentos áridos, lacónicos y sucios de Henry Chinaski al caracterizar el aislamiento demográfico de una específica clase urbana, un errante del destino que va de pensión en pensión y existiendo el día a día.

Para concluir es primordial llegar a la escena del último capítulo de la novela con el strip-tease de Darlene, donde el voyerismo es tan latente como las diferentes escenas de penetración que están en algunos capítulos. La poética del cuerpo desnudo de esta mujer es un reluciente foco, donde se puede comprender el entusiasmo que siempre presentó Bukowski por esta clase de bares y, a su vez, por esta clase de mujeres como fuente erótica para su escritura.

El lenguaje vuelve a hacer erupción hasta que las imágenes sonoras ensordezcan la visión, porque la transgresión y el quínismo dilatan en Factotum los deleites o las repugnancias que pueden llegar a causar, con sus diferentes efectos, una propuesta abierta del realismo sucio.

Darlene se acarició las tetas, enseñándonoslas; sus ojos luminosos relucían con la plenitud del sueño, sus labios estaban húmedos y abiertos. Entonces se giró rápidamente y agitó su espléndido trasero delante nuestro. Los adornos saltaban y flasheaban entre destellos, enloquecían, centelleaban. Los focos temblaban intermitentes en el paroxismo, danzando como astros desorbitados. La banda tocaba una música frenética, desenfrenada. Darlene vibraba como una poseída. Se quitó la braguita enjoyada. Yo miré, todos miraron. Pudimos ver los pelos de su coño a través de la braga de malla color carne. La banda la estaba sacudiendo de verdad, sus nalgas parecían el corazón vivo del mundo.

Y a mí no se me pudo poner dura. (Bukowski, 1989, p. 192).  

REFERENCIAS

Bukowski, Charles, (1989).  Factotum. Barcelona: Editorial Anagrama, S. A.

__________, (1989). Secuelas de una larguísima nota de rechazo. Madrid: Nórdica Libros.

Bukowski, C., & Martinelli., S. (2001). Noche de escupir cerveza y maldiciones. La correspondencia de Charles Bukowski y Sheri Martinelli 1960-1967. Barcelona: La poesía señor hidalgo.

Sloterdijk, P. (2007).  Crítica de la razón cínica I (4ª ed.) Madrid: Ediciones Siruela.

Factotum de Charles Bukowski, Editorial Anagrama.

Wilson Guillermo Díaz Rodríguez (Bogotá, 1978). Cursa Estudios Literarios en la Universidad  Autónoma de Colombia. Ha sido promotor de literatura infantil y juvenil en espacios no convencionales desde el año 2006. Ha desarrollado talleres de lectura para niños y jóvenes. Algunos de sus poemas han sido publicados en la Fundación y Editorial DomingoAtrasado. Obtuvo el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo Ojos erectos, presentado en el Vigésimo Sexto Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2011 y el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo La apocalíptica Yoknapatawpha County, en tres relatos del escritor William Faulkner, presentado en el Trigésimo Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2014. Su poema Locomotora- Filmfue seleccionado en el segundo semestre del 2013 en la revista cartagenera Cabeza de Gato. Ha sido uno de los ganadores en el primer Slam de Poesía en el Ring realizado por el colectivo Las Desobedientes en febrero del 2015. Participó en las VIII Jornadas Universitarias de poesía ciudad de Bogotá “Nuevas voces para la poesía Iberoamericana” en septiembre del 2016. Su libro de poesía Las Heridas del Ruido fue publicado por la Editorial y Librería La Valija de Fuego en diciembre del  2015. Una selección de sus poemas ha sido publicados en las revistas Literariedad y Primera Página de México.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s