Perverso amor

Por Daniel Silva

En los cuentos de hadas, sean clásicos o adulterados en versiones edulcorantes, siempre hay una cláusula para la felicidad. Esta es impuesta por el malo de la historia y es imprescindible en la consumación del amor buscado. Dicho sacrificio es cumplido a cabalidad, sin importar si esto afectara a quien solicita el favor o a terceros. Si el sacrificio implica la muerte, ¿alguien sería capaz de firmar el contrato?

En El hilador, obra escrita y dirigida por Paula Zelaya Cervantes, se presenta al espectador una historia de amor diferente, donde se plantean y cuestionan todas las proezas que el ser humano logra con tal de estar junto al ser amado.  Elena es una pequeña cuyo amor se inclina por todo aquello que produce luz; Quirón, por otro lado, es asistente de la muerte. Luz y sombra se conocen el día en que la muerte decide llevarse al padre de Elena. Entre ambos surge odio, resentimiento, no ante la naturalidad de la muerte, sino ante la cobardía del joven ayudante. Sólo el paso de los años reencontrará a Elena y Quirón, ya jóvenes, libres de toda culpa y vergüenza, entregados  a un  objetivo irremediable: amarse. Sin embargo, el amor exige un requisito fundamental: la muerte. 

La historia de Paula Zelaya Cervantes ―quien también dirige― guarda cierta familiaridad con la película de Walt Disney Encantada (2007): la obra y la cinta se hermanan, no sólo en sus elementos fantásticos, sino también en el tratamiento del amor que requiere distanciarse de la ficción con tal de consumarse, de lograr un final feliz. Pero, ¿acaso un sentimiento tan puro goza de libertad en el mundo real? ¿O es ésta la prueba de fuego?

Ana González Bello (Elena) y Evan Regueira (Quirón) deshilvanan el misterio en una escenografía que trae reminiscencias claras de brujas, seres luminosos y la eterna lucha del bien y el mal, matizada con la iluminación que proyecta los claroscuros y desafíos a confrontar. Un escenario que lo mismo es sótano, cueva, cárcel. Y para dejar testimonio del sacrificio amoroso de los jóvenes amantes, un tendedero donde las almas se mecen al aire, almas ignorantes de su  contribución a un bien tan egoísta como el amor. El tono de El hilador se aleja de la cursilería y los elementos cliché de un fairy tale y se enriquece de diálogos ―aderezados por momentos con humor negro― que marcan la transición de la fantasía a la realidad, acompañada en este último aspecto de sonidos citadinos tan típicos como el correr de un vagón de metro o la irritante voz del ropavejero. Entonces el mundo real ―y humano― deshilvana el tejido: se descubre el hilo negro, la perversidad detrás de un sentimiento en apariencia vivificante, pacífico. ¿Trastoca esto a los protagonistas? ¿O persiste su egoísmo?   

Aunque se habla de un cuento de hadas, El hilador es una experiencia en la cual cada quien se verá reflejado en uno o todos los aspectos implicados en el amor y sus lunáticos alcances. Esta obra presenta su última función este 12 de septiembre  a las 20:30 horas en el teatro principal del Centro Cultural Helénico. 

Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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