Los desaparecidos de Shrödinger

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Por Zulay Saxe Castro

Estos días me pregunto constantemente qué implica ser un desaparecido en este país. Pareciera que México está sometido a una suerte de experimento como el de el gato de Shrödinger: los desaparecidos de Shrödinger, ni vivos ni muertos, vivos y muertos al mismo tiempo, átomos revueltos en una gran caja llena de violencia y gases tóxicos.

Y la incertidumbre de la vida, que duele más que la certidumbre de la muerte.

Nos ahogamos. Cada día encuentran nuestros cuerpos a la orilla de lagos y cloacas, en terrenos baldíos y barrancas, cuerpos jóvenes irreconocibles por el terror, nuestras manos atadas y los ojos bien abiertos ¿qué somos? ¿Cuánto vale nuestra vida? La guerra es contra el futuro, que no haya, que desaparezcan a todos los que miran el porvenir, los que a pesar del miedo tienen fe de algo, a los que les quitaron todo pero aguantan, levantan la cara y siguen, los que aman a este país a pesar del olor a muerte y desesperanza.

Somos hijos de la guerra, no conocemos otro México más que el ahogado en sangre, crecimos acostumbrados ya a la muerte diaria, a los torturados, a los secuestrados, a los colgados, a los descuartizados, a las asesinadas y violadas, a los desaparecidos; nos persiguen por las calles, nos cazan como perros, nos sacrifican al dios miedo, al dios sangre.

Abajo de la tierra hay lagos rojos y México se hunde cada día, cada maldita noche que le arrancan otra alma.

Cuántos huesos más tienen que aparecer en fosas en medio de la nada, reminiscencias de una vida extinta con violencia y almacenada en una bolsa de basura negra, cuerpos que murieron con miedo y ahora sólo son eso, una pila ósea echa pedazos. Cuántas familias tienen que volverse el equivalente a esos huesos y ver su alegría fracturada, su vida irreconocible, perder el color y romperse en cachitos.

¿Cuál es el número que marcará la diferencia? ¿Qué va a pasar cuando muera la esperanza?

Foto: Marixa Namir Andrade

Zulay Saxe Castro (1994, Ciudad de México). Fotógrafa y estudiante de antropología social en la ENAH, tiene una relación amor odio con la Ciudad de México y el mal hábito de usar palabras rimbombantes (y muchas veces innecesarias) para llenar vacíos; todo tipo de vacíos, desde los existenciales hasta los creativos, y en este caso, su semblanza.  Instagram y Twitter @Zzoolay

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