Frágil zoológico

Por Daniel Silva

En contadas ocasiones se ha dicho que México y el sur de Estados Unidos están vinculados por sus complejos. Y no es de extrañarse: padecemos el despojo e intentamos subsanarlo con ilusiones a las cuales nos aferramos ―y a veces luchamos por concretarlas en la realidad― al extremo de enloquecer y ser, a ojos de la sociedad, materia infecta. Dicho delirio toma vigor y forma en El zoológico de cristal, un drama de Tenessee Williams que parecía destinado al olvido ―opacado por el Tranvía y tal vez por La gata en el tejado de zinc caliente ― y gracias al rescate de La Rama de Teatro, Bh5, Zensky Cine y Oscar Uriel podemos presenciarlo en el Centro Cultural Helénico.

Antes de comenzar, Tom ―protagonista y guía― acecha el escenario y advierte al público que está a punto de presenciar una representación real con tonalidades ficticias y anticipa la llegada de un posible héroe. Dicha explicación es un tanto engañosa. No estamos ante un fragmento biográfico: asistimos a tres variaciones de sueños. Tenemos sueños frustrados (Amanda), sueños que pese a la lucha jamás se consiguen (Tom) y sueños con una pequeña gran barrera (Laura). Tres destinos que discurren en un melodrama cuyo principal sostén es la frustración y la asfixia del peor enemigo del ser humano: la crisis en todas sus vertientes.

Cada aspecto latente en la poética de Williams se refleja, además del trabajo actoral, en el escénico, donde Jorge Ballina plasma en cada objeto ―no sólo el “zoológico de cristal” de Laura― y en el panorama general, conformado por dos habitaciones, una ruptura, una inclinación física del escenario que presagia un declive físico y psicológico entre los personajes.

Cada texto de Williams es un reto que pocos actores asumen y los exaltados sentimientos y pasiones son siempre una caída al vacío o un obstáculo bien sorteado. En el primer rubro es inevitable recordar el trabajo de Iona Weissberg y Aline De la Cruz en Un tranvía llamado Deseo, realizado el año anterior en el mismo recinto. Mientras ambas directoras se esmeraron más en el aspecto visual y con ello relegaban el actoral a un segundo plano ― Mónica Dionne llevó a una deplorable comicidad a Blanche Dubois―, en El zoológico de cristal Diego del Río, director, enmendó dichos errores en todos los aspectos y el resultado es un conjunto armónico. Cada actor plasma a su personaje con la dosis justa. Blanca Guerra (Amanda) plasma nostalgia y anacronismo a través de movimientos y fraseo nerviosos; Adriana Llabrés se adueña de Laura, de su invalidez y sus silencios; Pedro de Tavira (Tom) da verosimilitud al relato narrado y al valemadrismo al que ha sido conducido por el mundo opresor; y Mariano Palacios (quien alterna funciones con David Gaitán en el papel de Jim) es ese ideal al que la madre aspira, una solución fácil aunque un tanto distante de la realidad permeable entre ellos.

Antes de errar hacia un destino incierto, no sin antes dejarse exhibir ante un público ávido de perderse entre la selva de la condición humana, este El zoológico de cristal continúa en escena hasta este domingo 24 de junio.

 

Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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