Entre sonidos

el

Por Juan Arturo Martínez Paz

En esta ocasión, por medio de Ediciones Acapulco nos llega Cetacea, libro del poeta Ricardo Pohlenz. En esta obra los poemas vienen a nosotros como sonidos, repeticiones, juegos de palabras que nos mecen y hacen que nos adentremos en el alma de la poesía misma: ritmo y melodía.

Pohlenz nos traslada al mar, escuchamos al aire y a las aguas ir y venir. Su ritmo se compone de un vaivén tranquilo que nos mece. Al principio no es nada más que sonidos sin más, vocales que se unen para adentrarse en nuestras almas “a ooéoo/ a ooéoo/ oé/ oé/ aoo/ aoo/ oo-éoo”; y mientras más las leemos, más nos van alejando del mundo, nos llevan a altamar donde solo quedamos nosotros y nuestros pensamientos. Y es aquí, precisamente, donde los sonidos toman forma, se convierten en palabas y entendemos: “gime en dolor/ son muchos los muertos/ gime y canta voz/ son muchos los cuentos”. Y luego de estos atisbos de revelaciones vuelve a meternos en sintonía, regresamos a los sonidos que vienen y van; nos tranquilizamos: “ame ah mae ma/ rea cea ra mar/ ceo eo reo a lar/ reo ra are ra/ reo ra are ra/ ara are cea mar/ reo rarare a”

Es a partir de esta poesía que Pohlenz nos traslada a un lugar alejado, tranquilo para ponernos a reflexionar. Nos deja libres en las hojas, sin puntuación, sin ataduras. Podemos ir y venir, dar diferentes matices o significados: “canta y no llora/ nos e puede saber/ si llora/ si el canto es triste/ no se puede saber/ si es triste/ en sus ojos/ toda la humedad/ en el afuera/ el lejos que canta/ todo eso que se deja mirar”. A veces pareciera que no hay forma, que no nos dice nada, pero es a nosotros a quienes nos toca reconstruir todo este mundo, darle sentido y color: “los lienzos/ todos blancos en los patios/ como lápidas sin peso”.

La edición también resulta curiosa y muy ad hoc con el libro. Las hojas sueltas, ¿cierta libertad que se nos otorga? Podríamos cambiar el orden, darle un nuevo significado. Podríamos hablar de cierta influencia de Rayuela: ir de lo más alto a lo más profundo; leer en uno y otro sentido; dar saltos entre páginas, poemas o capítulos.

No me queda más que decir que esta gran lectura es una aventura por los sonidos. Dejémonos llevar por el melodioso canto de la Cetacea.

Foto: Ediciones Acapulco

Juan Arturo Martínez (Ciudad de México, 1991). Estudió Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM; asimismo ha tomado cursos en el Programa de Escritura Creativa, de la Universidad del Claustro; y en la Escuela de la SOGEM. Ha publicado tres ensayos en la revista electrónica ¡Siempre!: “Rayuela, una jovencita de cincuenta años”, “Carlos Fuentes, un pequeño paseo por su narrativa” y “Teoría literaria de Vargas Llosa y La ciudad y los perros”.

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