Reviviendo la muerta memoria

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 Por Daniel Silva

La última vez que un cómico de carpa se atrevió a desafiar a los políticos en las carpas fue Jesús Martínez “Palillo”. Desde entonces, política y comicidad han guardado cierta distancia, y cuando se fusionan es un mero ataque entre políticos y empresas favorecidas por los primeros, en donde el menos beneficiado (y más desinformado) es el pueblo, principal destinatario de esa guerra sin sentido.

Tras el éxito que obtuvo con su espectáculo La prietty guoman, César Enríquez aborda el tema de las primeras carpas ambulantes en Por jodidos y hocicones mataron a los actores que se presentó hasta el 30 de mayo en el Centro Cultural Helénico. Sin hacer a un lado los elementos del teatro de cabaret, Enríquez muestra al espectador, acompañado de tres actores más ―Rodrigo Ostap, Eduardo Pueblo y Luis Montalvo (alternando funciones)― un espectáculo que se remonta, al antecedente directo de las carpas: el teatro de jacal.

Enríquez decanta su investigación sobre este género en un relato sobre tres cómicos ambulantes que despiertan en pleno siglo XXI. Al verse frente a un público anacrónico, los personajes van recordando el momento en que fueron privados de su vida a la par que interactúan con el público para saber si el México contemporáneo ha progresado o se ha estancado. De esta forma se abre un diálogo entre dos siglos nuevos, donde la modernidad ya no es impedimento para romper tabúes y en el cual ambas generaciones se reflejan para enmendar (o remendar) errores que ya son viejos conocidos.

Estos tres muertos son el Compiabre, el Compita y Este Güey, quienes a través de coreografías y música popular van deshilando su historia desde sus inicios como actores hasta el momento que les costó la vida. Así pues van relatando sucesos picantes que fluctúan entre la nota escandalosa donde influyentes y poderosos se ven inmiscuidos en una redada ―suceso velado con la consabida discreción para evitar el escándalo― hasta los albores del feminismo y la Revolución, época en la cual los tres cómicos fueron perseguidos por el gobierno porfirista que los silenció a base de armas.

Brisa Alonso, quien diseña el vestuario, capta en las prendas humildes la esencia del cómico como abanderado de su pueblo, ya que su origen no es obstáculo para disipar la ignorancia de los pobres, sea con muchos o pocos recursos, pues incluso en harapos se logra la magia. Desde luego, el jacal, su infalible arma, les provee de vestidos, instrumentos y hasta se transforma en tarima donde se desenvuelven, se descaran frente al público, pues la verdad, sea mordaz o sea cómica, debe difundirse a través de un juego de humor incisivo. Inevitablemente el espectador, como los personajes, se ve implicado en el juego  donde la memoria se despereza a través de la mejor moneda de cambio: la risa.

Por jodidos y hocicones mataron a los actores es una producción de César Enríquez Cabaret y Mariano Ducombs: un espectáculo donde la risa y la memoria van, como dos buenos compadres, tomados de la mano.

Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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