Retrato matinal 

el

Por David Cacho

Salí en la mañana, hacía frío

como en los vestigios de una guerra,

las calles se crispaban en mi cuerpo

como hojas que el otoño hubiera enrojecido.

 

Me encontré con algunos amigos

y muchos otros habían muerto,

había gente desaparecida,

ya sabes, algunos desaparecen

sin dejar una estela sobre el aire de octubre.

 

El sauce de la calle

está por ser derrumbado,

pasábamos juntos como una rama

que tocara el suelo

después de vivir ahí toda su vida

y de eso me acuerdo.

 

Amor, ¿cuánto puede quedar vivo sobre un cuerpo

que ha sido golpeado por el viento?

Han pasado vientos fuertísimos

que han roto portones

y ojos distraídos

que han cegado la luz

de otros ojos ajenos.

 

Los ríos soñados ahora son ataúdes

que en su paso almacenan mi humo,

me desprendo de barcos de otra época

cuando en tu sueño me refugio.

 

No sé qué tan solo deba estar

para llorarte como un loco

y escupirle a la tierra

donde has nacido cada día.

 

Me falta el aliento de un volcán,

la imagen delgada del sol sobre la lejanía,

tu cuerpo como una estepa

donde solo internaras ánimas y sombras,

tu voz donde solo tal vez,

existieran palabras humanas.

 

Salí en la mañana, hacía frío,

los volcanes que cobijan mi hogar

juro que eran nubes balcánicas

o lágrimas que la galaxia

hubiera hecho brillar como una estrella.

 

Amor, no te despidas

cuando llegue el último suspiro

a la testuz dorada de la tarde,

cuando el sol salga por la gente

que teme por no temer la vida.

 

Debes amarme como la hoja

que nutre su contorno con la lluvia,

debes amarme sin que el tiempo

se divida entre ventanas apagadas o encendidas.

 

Salí esta mañana, hacía frío

entre los coches que abandonaban la avenida,

te vestiste de fuego y carne morena

como una mariposa que dorara sus alas

al comienzo de la tarde.

 

Perdí mi juventud tratando de entender

cómo era que habitaras esa realidad

y por fin esta mañana, salí a verte morir

en mis brazos como una planta maldita.

 

Algunos periódicos lo anunciaron,

algo de eso fue un sueño horroroso

y otra parte una realidad imprecisa,

estabas muerta en mis brazos caídos,

 

el amor que te tuve

fue como una lámpara implacable,

mi calor está sesgado,

tu presencia se está desvaneciendo.

*Texto extraído de Caminar el horizonte, el más reciente poemario del autor. 

David Cacho (2000). Estudia el bachillerato, escribe poesía y cuento. Ganador de la décima entrega del certamen “Concurso Infantil y Juvenil de Cuento” organizado por el IEDF. Miembro del taller “poesía en la cornisa” organizado por Proyecto Literal e impartido por Manuel de J. Jiménez.

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