#TintaVioleta: La literatura no está exenta de la crítica

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Por Brenda Pichardo

El 18 de marzo de este año, el escritor Mario Vargas Llosa (Arequipa, 28 de marzo de 1936) publicó en el diario El país, un artículo en su columna Nuevas Inquisiciones con la introducción:

“El feminismo es hoy el más resuelto enemigo de la literatura, que pretende descontaminarla de machismo, prejuicios múltiples e inmoralidades”.

Recuerdo que el único libro suyo que he leído fue La fiesta del chivo, una novela sobre el dictador Rafael Trujillo, ambientada en la República Dominicana, de la que incluso hice un análisis del discurso para una asignatura en la universidad. Y es en dicho análisis donde quiero hacer hincapié.

La literatura no está exenta de la crítica de las lectoras y los lectores 

Al afirmar esto lo hago desde la postura de ávida lectora. Cuando escribí ese análisis del discurso, lo disfruté. Develar las ideologías, las falacias discursivas y un sin fin de recursos retóricos contenidos en los diálogos de los personajes fue un trabajo de crítica sustentado. No me imagino a la literatura sin la crítica de sus lectores. No creo que la búsqueda de aprobación del público lector sea uno de los principales motores de las editoriales ni de los y las escritoras, sino comunicar, expresar a sabiendas de que guste o no lo leído.

Si algo hace significativa a la literatura es la discordia que puede despertar sobre las distintas lecturas que puede tener una obra, porque considero que leer no es un acto meramente individual, lo sería si sólo una persona leyera un libro, pero sucede que una novela se imprime masivamente y llega a diferentes lectores y lectoras. Por lo tanto, el libro literario también es un medio de comunicación y como tal, tiene la posibilidad de abrir debates públicos: lo leen varias, muchas personas con sus distintas interpretaciones. Es un bien cultural con las huellas de sus contextos y valores en cada una de sus páginas. Ahí podemos toparnos con la sensación de que algo nos disgusta, como suele pasarme con los libros de Charles Bukowski, que pese a tener una fluidez admirable en su pluma, me salta a la vista la misoginia de su obra, por mencionar un ejemplo.

Qué paradoja irnos por la tangente fácil de la defensa de la libertad de expresión, pero, por otro lado, estar montando una nueva inquisición mediática para contener la ola de críticas feministas a la literatura. Si algo hace el feminismo, es emanciparnos de la lectura mecanicista que todo lo absorbe sin cuestionar, sin lanzar críticas. Y adivinen qué: ni en la literatura nos libramos del machismo.

Me pregunto hasta qué punto solemos vanagloriar a la literatura. Creo que hace algunas generaciones hemos ido abandonando paulatinamente la noción de que las lectoras y lectores somos receptores pasivos. Ahora los círculos de lectura son puntos de encuentro de lectoras y lectores ávidos de compartir sus críticas e interpretaciones sobre variedad de libros.

Es necesario sacar a la literatura del castillo de la pureza en el que la han colocado algunas vacas sagradas.

Brenda Pichardo (Ciudad de México).Ciencias de la Comunicación, en Facultad de Ciencias Política y Sociales, UNAM. Egresada del Seminario Género, Filosofía y Pensamiento Crítico en 17, Instituto de Estudios Críticos, donde también cursé el Seminario Cine Documental e Historia: confluencias. Renunciando a mi androcentrismo literario. Descubriendo la literatura diversa: otras narrativas, otras voces. / Contacto: brendapich@gmail.com

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