Macabros encantos

Por Daniel Silva

Es cierto: la época invernal y sus festividades son asociadas a la reflexión sobre el pasado, la vida y sus posibles soluciones para restaurarla o, cuando menos, para no caer en el mismo error de días, años o siglos anteriores. La meditación viene con la nostalgia, pero también viene de golpe en forma de un extraño que irrumpe en la cena de Navidad, tal como sucede en Solsticio de invierno, obra que tras gozar de éxito el año anterior, regresa a escena en esta temporada invernal gracias a la compañía Por Piedad Teatro con las actuaciones y dirección de Ana Graham y Antonio Vega.

De la autoría de Roland Schimmelpfennig, el Solsticio de invierno se introduce en el apartamento donde un matrimonio de intelectuales ―Albert (Vega), sociólogo y escritor, y Bettina (Graham), cineasta con un proyecto trunco debido a factores económicos y creativos― relata una crónica minuciosa de la cena navideña, donde una de sus invitadas ―Corinna madre de Bettina― llega con un hombre a quien conoció apenas unas horas en el tren donde ambos viajaban. El intruso muestra cortesía hacia su nueva amiga y a los anfitriones a través de anécdotas y observaciones que rebasan la mera galantería: son un recurso para enganchar a sus ingenuas víctimas y desenmascarar a otros cuya ideología política y religiosa es inadmisible en la mentalidad del invitado.

Al igual que en otro montaje de la dupla Graham-Vega (Abismo, presentada el año anterior en el Teatro Helénico), el detalle y la minucia de los personajes los lleva al análisis disfrazado de crónica (a veces en un tono de sarcasmo que termina siendo un tanto reiterativo en ocasiones) que los va desnudando desde el inconsciente. Pero a diferencia del montaje aludido con anterioridad, donde un mismo actor encarna a dos o tres personajes, se recurre a la voz en off y a réplicas en miniatura ―muñecos― que facilitan  el minucioso análisis de los actores protagonistas. No es de extrañarse que Bettina utilice una blusa blanca y larga, sinónimo de frialdad médica, y que Albert sea un poco más informal e, irónicamente, un tanto vulnerable y cobarde.

No obstante, esta representación no se ve limitada por una premisa. Si bien el programa de mano obliga al espectador a ver una alegoría política, los temas deambulan entre la infidelidad, un amor filial resquebrajado y el enfoque de la creación artística donde las palabras y los trazos pictóricos son banales sin una buena dosis reaccionaria. ¿Será este cúmulo de reflexiones un efecto de la Navidad? ¿De la nostalgia? ¿Del friolento clima? Una respuesta no bastaría, es tarea del espectador captar cada línea o acorde musical, pues el público está en riesgo constante de ser víctima de un buen y perverso demagogo.

Solsticio de invierno se presenta lunes y martes (con excepción del próximo lunes 5 de febrero) a las 20 horas en el teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque. Quizá haya que aprovechar este frío para adentrarse en el calor de una discusión donde no hay perdedores ni ganadores: sólo seres manipulados por encantos macabros.

Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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