Desenredar un nudo con los ojos

Por Marcial Chapops

Paradójicamente, ese reconocimiento del lugar simbólico de los libros es una forma de señalar su insignificancia, su carácter puramente decorativo; en la práctica los libros están en la escuela, como material obligatorio, más allá de eso no tienen lugar en el espacio cotidiano. No hay forma de ubicarlos ni se sabe  que hacer con ellos, aunque son enormemente  importantes. 

A la sombra de los libros. Fernando Escalante Gonzalbo. 

La lectura en México, a pesar de ser fomentada y tener instituciones que la arbitran, evalúan y demuestran que los mexicanos sí leen más —que otros años—, no logra crear mejores personas, su avance en la sociedad no es perceptivo, empero, sí es alentada como la mejor forma de adquirir conocimiento formal.

Las encuestas de salubridad, corrupción y, en este caso, las de lectura, indicador tras indicador, son desalentadoras. Al hacer la comparación con otros países que, con menor esfuerzo gubernamental, tienen una mejor sociedad no por leer, sino, tal vez, ¿por lo que leyeron para llegar a ser así? ¿Hace falta una bibliografía sobre lo que leyeron los que forjaron esas benévolas naciones? ¿O es una cuestión de marketing cultural, de ciudades, de publicidad engañosa? ¿Para qué leer?

Aunque la Universópolis de Vasconcelos, lugar propicio para compartir conocimientos e ideas, pueda existir ahora, también cabe mencionar que en estos días se percibe un alto índice desinformativo, esto gracias a las herramientas tecnológicas que nos brindan grandes cantidades de información, mismas que tal vez hacen que la manera tradicional de obtener conocimiento esté teniendo su nueva época dorada.

Leer en libros es culturalmente el mejor soporte en donde se puede encontrar conocimiento, en contraparte de sus símiles más desprestigiados: tweets, algunos memes, poemojis, post de la opinión de un amigo de algo.

Entonces, leer, de hecho, es un signo aspiracional que la cultura mexicana añora: rebasar el aforo de libros leídos al año eran en México 3.8 hasta 2016. La mayoría gastará en cuatro libros algo así como cinco salarios mínimos, siempre y cuando cada libro ronde los $100. Pero eso no garantiza que esos libros sean leídos, aunque tal vez sí nos diga la cantidad que se gastará al año en su consumo.

Fueron tres las figuras legales que midieron a los lectores —aunque una no reveló la cantidad de libros leídos— y ofrecieron datos al estilo de los programas y aplicaciones intromisoras que recaban nuestro comportamiento en la web. Esos datos dicen el tiempo invertido, dónde, cómo y cuándo leen, además de lo que en realidad sí entienden los mexicanos. Cada uno de los topógrafos de la lectura se enfocó, por un lado, a los medios tradicionales y dos más en conjunto, a la lectura digital.

A decir de los números que arrojaron las encuestas, se tiende a preferir el “libro gratis”, aunque contrasta con la forma de obtener las lecturas, que fue, en su mayoría, a través de la compra, en su modo convencional. La encuesta de Banamex e IBBY considera un costo que podría gastar el lector, entre cinco y diez salarios mínimos anuales para obtener lecturas (libro digital), que en su mayoría un amigo le recomendó leer, donde predomina el género de ficción bajo la forma de novela.

Un artículo descargado o una fotocopia entró en el 40.3% de quienes pagaron por leer, datos de la prueba MOLEC. ¿Por qué los editores, autores y docentes no hacen una guerra contra las fotocopiadoras de las universidades, escuelas y papelerías? Pero sí hay una guerra legal contra sitios como archive.org (biblioteca digital donde se encuentran libros, vídeos, revistas y material educativo en diversos idiomas), The Pirate Bay que perdió en 2003 la batalla legal y ahora Sci-Hub y su creadora, Alexandra Elbakyian (quienes tienen demandas multimillonarias de las cuales no ha hecho caso) y muchos otros sitios que desconozco, ya que hasta hoy, la evolución de los nuevos medios pone en jaque el modelo de negocio de la información formal-tradicional.

El irónico resultado de saber qué leen, cuánto tiempo y en qué medios (tradicionales o digitales) está más cerca de ser una herramienta comercial o un producto político positivo. Pero sus ventajas a nivel social son escasas, casi inmedibles, tal vez simplistas, pues para a la mayoría de la población le costará un ojo de la cara acceder a la lectura.

Se reconoce que la sociedad mexicana tiene un alto índice de alfabetización y profesionalización, también una participación mundial en la web a pesar de las nacientes fronteras digitales. Al aspirar a poseer la lectura, aunque sea de ocasión, en cualquiera de sus modalidades, en este caso la del libro, que es tal vez, en su conjunto,  una enmarañada oferta con nudos en la homogeneidad en las cuartas de forros, como bien lo describió hace diez años Fernando Escalante Gonzalbo. Así el nicho oportuno, en conjunto, es para que las modas literarias y el comercio cultural florezcan, pero representan un nudo ciego para el lector que consume, pero no lee para formarse una opinión de lo que consume, el objeto en forma de libro que soporta la ficción que lee. Nudo que desenredará cada uno con sus propios ojos.

Tomado de la portada del libro: Libro de lecturas: Sexto grado. Sep. 2012.

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