Carne

Por René RE

¿Se puede vivir como partícula subcuántica, tener perplejidad y dificultades para discernir entre el espacio y el tiempo? Las idas y retornos en el metrobús son ensayos de aceleración de la materia citadina. Sólo sentí el golpe de la propulsión de aquella fiera legionaria que son los pasajeros cotidianos, dejándome en un trance que poco ayuda a distinguir si subí en Corregidora o en Úrsula Santa, tal vez fui injertada dentro de la unidad móvil a través del enorme portal de Jacques Moeschal, su figura está impresa en la iconografía de la estación 40 de la Línea 1. Vista con calma, es un tobogán.

Perisur, donde los caminos se retuercen. Allí es donde logro entre la mujeres posicionarme en un trono, un ansiado y muy peleado lugar de asiento, rosa impactante, rosa embriagante de la rodopsina. Ahora me dispongo a la anestesia de los auriculares. El metrobús se encargará de trasmutar los cuerpos, una bala roja, eritrocito contenedor de la cercanía y la sudoración. Abrumadora prisión de los cuerpos, mientras mi mente tomará el rol del aguador del tiempo y discurrirá sobre el efluvio internet a megabytes por minuto.

Es el dulce de los mirones y los intrusivos, las redes sociales. Hago gala de mi talento en cuestiones de curiosidad, mil y un maneras de trastornar las horas, deformarlas, perderlas. Así llegué a la página de Feis de Paola Pola, una maestra de la sustancia aceitosa, de la quiromancia de los pigmentos. Creo que exagero, pero interpretar las rayas de un pincel sobre el lienzo debe ser un procedimiento adivinatorio de un pintor. Basta deslizar el dedo para recorrer las obras de esta pintora, exposición permanente, inmortales jpg a los que podemos recurrir una y otra vez, con la contemplación de quién pasa dos o tres horas en el transporte público.

La Farsa (2014) de Paola Pola. Imagen tomada de Facebook.

Tres clics: “Fotos”-“Álbumes”- “PINTURA”. Podemos empezar por cualquier obra, la exposición permanente es una piscina de pelotitas y el color que más nos atraiga será un comienzo. “El Pacto”, es una criatura nacida hace tres años donde Pola enfrenta la naturaleza cosmopolita por medio de sus habilidades quirúrgicas y registra un esquema de sus incisiones. Diagrama anatómico de sus hallazgos para comparar aquellas gastadas categorías de la reflexión: ¿cómo quiere el mundo que sea?, ¿cuáles opciones estoy dispuesta a seguir? Realiza su disección con lo más inmediato, tomado del púlpito sabio que es nuestra recámara, esa permanencia mutable, cambiante de mobiliario, hoy es un banquito o una caja de cartón, como en “La Farsa” también del 2014, tal vez un taller de pintura y el asiento reservado del metrobús. La artista manda al carajo al método científico y su instrumental de cirugía, prefiere explorarlo desde las tijeras y sus efectos: lo raído, las roturas, las rasgaduras. La cizalla, vieja compañera de nuestra época escolar, porque es un estudio el políptico de Pola, un aprendizaje del entorno domado, del conejo-ciudad desprendiéndose de su silueta con sus anticuados preceptos, sus raras conductas, sus insolentes prejuicios, sus caducos consejos.

La percepción del planeta queda plasmada bajo las texturas de una mascota cuadrúpeda, es naturaleza domesticada y compactada: hemos reducido la realidad a la sencillez y portabilidad de unos toques dactilares en el celular, nuestro propio conejito. Si las redes sociales olvidan notificarme de algo o de alguien, sujeto y objeto serán inexistentes en mis días.

Las respuestas a la frialdad de la pregunta, pintadas con la paleta de colores fríos en “El Pacto”, se resuelven en ese atrayente rojo de “La Farsa”. Ahora siento un cólico. El tejido menstrual es profundo y nutrido en matices, y también duele. La contestación es ingeniosa: el control, los hilos para hacer de la salvaje sociedad nuestra marioneta, pintarla a nuestro antojo, retratarla con la adherencia del cuerpo. Soy una pasajera hábil en procedimientos, me he anticipado a la menstruación, con una sonrisa desenfundo una droga dura con cajita rosita, ¡absurdo rosa! La vida es roja, la voluptuosidad también, es la carne con sus texturas, aunque sean repulsivas como “Cabeza”, obra de 60 x 40 cm, o los cadáveres de “Boceto para Pollos” del 2012. Pola y también yo, nos descubrimos células de este gran multicelular mamífero, hoy etiquetado por siglas aunque puede ser llamado Ex Distrito Federal, “XDF” para subirnos al tren del… ustedes saben.

El pacto (2014) de Paola Pola. Imagen tomada de Facebook.

Pola da pintura a su figura en los polípticos a través de una imagen con teatrales vestimentas y ventanas a la carnosidad de sus brazos, de sus piernas, de su abdomen, de su cara. La vanidad y la teatralidad es un Res Bina, atañe a las masculinas, los femeninos, los masculinos y las femeninas. El cuadro es complaciente conmigo, tiene ese gusto por las piernas adornadas con medias de texturas que puedan ser mostradas ante la mirada ajena, es un derecho innato. Lo sé, aún existen hombres del siglo XX capaces de denigrarnos con una agresión de sus ojos, con sus voces insultantes, también están las mujeres con su desaprobación e injuria del siglo pasado. Alzo la vista y capto al hombre del siglo XXI, fascinado con el cultivo de su barba o con su corte de pelo, cual jardinero pendiente de podar el césped, de tener bien recortado su vello facial y baja del metrobús con sus petulantes gafas de pasta en Doctor Gálvez.

Estar ante un cuadro es un suceso insólito. Aquél día me encontraba en el Café del Centro, muy lejos de la estación Plaza de la República. Tenía tantas ganas de remojar en mi mocachino aquellas “Galleta Bovina”, “Galleta Porcina”, “Galleta Équida”, pues sus pinceladas tan cremosas sólo incitaban el hambre. Sin duda el mejor autorretrato de Pola y el mundo es “Concha” del 2013, en ese cuadro logra lo que la suavidad y el volumen de la carne provocan en el apetito: morder. Morder es un detalle de la realidad que bien podría ser un llavero y un triunfo o un maldicho: “te mordió la tijera”. Casi puedo asegurar que Pola también pensó en una patita de conejo, en un lector con sus copias subrayadas, en un “Panqué de nuez”, en un celular acompañado de un medicamento en una bolsita de mochila, en las siluetas de la iconografía del “Destino: Indios Verdes”, cada cual con su pedacito de mundo, para realizar cortes o mordidas, para explicarlo con sencilleces: sabe bien o sabe mal.

Enlace de la página de Paola Pola.

Concha (2013) de Paola Pola. Imagen tomada de Facebook.

René RE se dedica a la Grafografía en la Bella Iztapalapa, ha sido ponente en el IV Simposio de Arte de la Vida “El arte, Educación para la vida” (Guanajuato. 2016), también ha compartido sus crónicas en Nocturnario Revista de Creación Literaria, y muy antaño participó bajo el efímero seudónimo de Rulo Muereme  y COCOA A. C. en Jardín de Academus (MUAC, 2010). Ahora colabora para el personaje de ficción Naoko Taro.

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