¿Quién es la última oveja del Ángel Exterminador? Una conversación con Alejandra Junco

Por Majo Ramírez

Hace unos días nos reunimos con la escritora Alejandra Junco, quien recientemente presentó su primer libro de cuentos La última oveja del Ángel Exterminador, editado por Libros del marqués, en el Festival Quimera. Esperamos que pronto pueda presentarse en la Ciudad de México.

Alejandra Junco (Ciudad de México, 1967) es licenciada en Historia y Maestra en Educación Humanista por la Universidad Iberoamericana. Sus cuentos han sido publicados en revistas como Ciclo Literario, Nierika. Revista de Estudios de Arte y La Pluma del ganso. Autora, junto con Lilia Palos, de Construye Historia, un libro sobre didáctica de la historia. Esta obra que recibió un premio de la Cámara Nacional de la Industria Editorial como mejor trabajo editorial.

L.F.: Algunos de los cuentos que aparecen en La última oveja del Ángel Exterminador ya habían sido publicados en revistas como Nierika y La Pluma del ganso, ¿los modificaste un poco para que pudieran entrar en este volumen o los dejaste tal cual? ¿Cuánto tiempo te tomó armar este libro?

A.J.: El proceso de armado de la estructura del libro fue, probablemente, de un año. Porque tenía más cuentos que no quedaron en este volumen. De escritos hay cuentos que tienen 10-12 años. En Nierika, que es la revista del departamento de arte de la Ibero, apareció el cuento más reciente que es “50 tonos de güera”, ése está tal cual. El que es de publicación más antigua, que es el de Ciclo Literario, “Tea for two”, también está igual. No los tocamos, no los toqué. Hay dos que aparecieron en La Pluma del Ganso. Esos cuatro cuentos me gustan mucho, les tengo cariño por muchos motivos. Sí hubo que pensar en la estructura, de modo que uno fuera de pronto una sorpresa e hiciera reír y otro fuera un poquito más cruel. Eso está muy pensado.

L.F.: Para algunos jóvenes que aspiran a ser escritores parece un proceso inmediato el pasar de escribir a publicar, ¿cuál es tu proceso de escritura? ¿Qué crees que es necesario para pasar de escribir a publicar?

A.J.: Hacen falta años, pero años de vida. Años vividos de una manera atenta, es decir, observando a los demás. Pensando en el mundo de las letras, yo creo que no puedes escribir con la misma profundidad cuando tienes 20, cuando tienes 30, que cuando tienes 50. Porque sí te da otra mirada, aunque veo que siempre me gustó escribir, yo noto que lo que uno escribió de joven es de otra calidad. Me refiero a otra calidad humana: con los años ves más lejos, más profundo, tienes más tiempo para detenerte en las personas, para observar. El proceso de escritura, además, se trata no sólo de escribir, sino también de corregir: escribir y corregir. Aunque, cuando tengo la idea de un cuento es como si viera la película completa en mi cabeza y muchas veces me siento y transcribo casi de corrido. Y aún ahora,  vuelvo a leer cuentos que tienen diez años y encuentro palabras que cambiaría. Porque hay términos que me parecen ahora más adecuados, creo que pueden comunicar mucho mejor la idea. Para mí sí es un proceso largo. Claro que llega el momento de imprimir y dejarlo para el lector. Sí es difícil soltar el texto y decir que está listo. La escritura exige tiempo de vivencias, tiempo personal, cosas que hayas vivido, que hayas experimentado, que tengas mucho oído. Además exige mucho tiempo de trabajo. Quizá sí hay gente muy talentosa que a los 20 o 25 años ya está publicando, pero para el resto de los mortales sí que requiere tiempo.

Foto: Twitter

L.F.: Comentabas que hay cuatro relatos que te gustan mucho, ¿cuál es el más significativo para ti?

A.J.: Quizá, “Mi querido Tote” porque me hace reír muchísimo. Trata temas que vienen en otros cuentos, pero me parece que con bastante buen humor hablo de cómo, a veces, se nos convierte a las mujeres, o nosotras nos convertimos, en objetos. Hago una especie de reducción al absurdo, de llevar las cosas al límite. Cuestiono, no tanto lo que valora la sociedad en las mujeres, sino, lo más importante, qué valoramos las mujeres de nosotras. Porque de pronto te puedes encontrar a ti misma en esta lucha a muerte por la belleza o la juventud permanente —tema que también está en otros cuentos—, o ver a otras mujeres o verlo en los medios. Es lo que la publicidad alienta, me queda clarísimo. Entonces es un cuestionamiento sobre qué valoramos nosotras de nosotras mismas. No es un tema que descubra yo, no es que sea nuevo, pero creo que sigue siendo pertinente. Justo este cuento habla de una parte del cuerpo en la que hemos puesto demasiada atención: el pecho. El pecho de esta personaje termina teniendo personalidad y acaba anulándola. Se trata un poco de cómo convertimos a las personas en objeto. A mí es algo que me problematiza y que me cuestiono mucho. Creo que uno no debería obsesionarse con la apariencia, porque el tiempo se lo lleva todo.

L.F.: Justo ese conflicto puede observarse en diferentes cuentos de tu libro.

A.J.: Digamos que tengo cerca ese ambiente, está a mi alcance. Además he visto que recientemente ha habido un boom de reality shows sobre cirugías estéticas. Este boom debe significar algo. Hay un programa que me gusta ver, me parece que se llama “Echados a perder”, donde dos cirujanos plásticos se dedican a corregir estropicios de otras cirugías. Salió un caso que me recuerda a mi cuento “Chico zapote”, en el que hablo de una relación entre una madre y una hija, ella no puede identificarse con la madre, porque la madre es una narcisista que está únicamente pendiente de su apariencia física y que le transmite a la hija que eso es lo valioso. En este programa que te comento, recuerdo que en una ocasión llegó una chica con la cara visiblemente manipulada y quería parecerse lo menos posible a su madre. Entonces, afortunadamente los doctores le dijeron que no la podían ayudar y que era mejor que buscara un psicólogo. ¿Qué está pasando en la sociedad? Porque esto es un síntoma y sé que no es generalizado, el mundo es muy diverso y hay gente que está metida en otras cosas, pero esto se da. Me llama la atención porque creo que hay muchísimo sufrimiento detrás.

L.F.: Por lo que leí, algunos de los relatos están basados en textos para niños —por así decirlo—, como Alicia en el país de las maravillas, “La Cenicienta” y “Caperucita roja”, ¿de dónde vino esta idea de parafrasearlos?

A.J.: Sí, hay varias paráfrasis. Por ejemplo, el primero, es una Cenicienta o un Ceniciento un poco pervertido. Es una actualización del cuento a lo que siento que estamos viviendo, en parte, en algunos espacios sociales. Una pérdida del romanticismo, una mala comprensión, a mi juicio, puedo estar equivocada, de lo que es luchar por la dignidad de la mujer —no digo feminismo, porque no me considero feminista—. A mi entender la dignidad femenina no pasa por copiar algunos comportamientos masculinos que creo que son bastante destructivos. Entonces, a riesgo de sonar muy conservadora, simplemente por coherencia, por madurez, por sensatez, creo que si las mujeres le queremos entrar al sexo recreativo a lo masculino, tenemos que estar dispuestas a ser tratadas como objeto recreativo. Por eso el doble juego del cuento, el título de la canción que es súper romántico en contraste con lo que vive en realidad el personaje.

Para mí es interesante reflexionar sobre qué significa ser mujer hoy, dónde están lo referentes, dónde están los modelos. Quizá mi abuela los tuvo muy claros porque había muy pocos, todos eran el mismo, a lo mejor para mi madre siguieron siendo claros. Y no sé si para mi generación, aunque las cosas empezaron a cambiar. Me pregunto cuáles son los referentes hoy para las chicas de 15, 20, 25 años. Porque el feminismo de los 60 creo que ya está atrás, han surgido otros cuestionamientos como luchar por la dignidad de la mujer sin optar por comportamientos masculinos, es decir, no buscar ser hombres.

Otra paráfrasis se encuentra en “Para comerte mejor”, ahí está una referencia a Caperucita. En el de “Tallas italianas” retomo los personajes de Alicia en el país de las maravillas, la reina roja y la reina blanca. Para mí son una puesta al día, con temas que a mí me parecen más actuales y que creo que le pueden hablar a mujeres y a hombres. Creo que hay un cuento para cada persona. Escribo sobre desamor y soledad, sobre las relaciones con los padres, el consumismo, las adicciones y las compulsiones.

L.F.: Al final del libro vienen dos cuentos de largo aliento “Caballeros: Uno siempre quiere más” y “Damas: La última oveja del Ángel Exterminador”, ¿has pensado en pasar del cuento a la novela o a la nouvelle?

A.J.: Sí, estoy precisamente escribiendo una novela sobre un personaje que se va con la marina mercante a Argentina. Por su vocación, un poco natural, y por situaciones de la guerra civil española, de la mala situación económica, quiere migrar. Por otro lado, en el libro hay un cuento que se titula “La casa de los arrullos”, que es sobre cómo miran los padres a sus hijos, sobre su presencia. En este caso la mirada de la madre ve a su hija pequeña como un objeto, esa mirada le refleja su perfección, su belleza, porque es una mujer bellísima que está al pendiente de cómo trae el vestido, el pañuelo, de no ensuciarse, de presentarse perfecta. Y la niña es sometida a lo mismo, debe estar preciosa y perfecta para que haga lucir a su madre. Pero no la mira como persona, no se interesa por lo que la niña siente o necesita. Un niño necesita verse reflejado en los ojos de los padres, una mirada en la que se pueden reconocer, siempre, incondicionalmente queridos. Y tengo más cuentos que junto con éste me gustaría hacer una pequeña colección infantil.

L.F.: ¿Cuáles son tus autores de cabecera, tus libros favoritos a los que siempre regresas?

A.J.: Uno que es de cabecera, de hecho colecciono distintas ediciones, El principito de Antoine de Saint-Exupéry. Me encanta porque habla de lo esencial. Me gusta mucho, por el humor y la ironía, Jorge Ibargüengoitia. Uno de mis favoritos es Instrucciones para vivir en México, también Los pasos de López. Tiene un estilo muy divertido, muy irónico. De novela histórica, hay una serie de Maurice Druon, que me parece maravillosa, Los reyes malditos. Él es un historiador muy reconocido en Francia y esta serie se trata de novelas muy bien investigadas. Otro de mis favoritos es El llano en llamas de Juan Rulfo, me parecen historias muy duras. De Chesterton, por ejemplo, me gusta mucho su prosa. Alguna vez leí que si se dividieran en su vida las cuartillas que escribió, resultaría que cada día de su vida escribió dos cuartillas. Y escribir dos buenas cuartillas es muy difícil. De él me gustan Los relatos del padre Brown y El Club de los negocios raros. También me parece interesante su ensayo Ortodoxia, donde relata su proceso de conversión, cuando estuvo al borde del suicidio. Para mí es un autor completo.

Las novelas clásicas inglesas, como Jane Eyre. En realidad, todas las novelas de Brontë me encantan. La invención de Morel de Bioy Casares, me parece interesante por la inmortalidad y la relación con la imagen. También me gusta leer otros géneros, como el periodismo. Encuentro impactantes los relatos del periodista Ryszard Kapuscinsky.

L.F.: ¿Qué estás leyendo ahora y qué escritores recomiendas?

A.J.: Acabo de leer un cuento de Leonora Carrington, sobre unos habitantes misteriosos de una casa que alimentan a unos gatos con carroña, me recuerda mucho a sus cuadros. Me gusta volver al origen del cuento con Edgar Allan Poe, con “El retrato oval”, por ejemplo. Aunque justo ahora estoy leyendo sobre cine, que es otra de mis grandes pasiones. Creo que he vivido mucho del cine. Me encantan Hitchcock, Buñuel, Welles.

Un libro que recomiendo es El cuento de la criada de Margaret Atwood, es una distopía muy interesante que ha sido llevada al cine y, actualmente, a una serie televisiva.

L.F.: ¿Hay algún personaje del cine que te haya inspirado a hacer un cuento?

A.J.: Bueno, no un personaje en específico, pero sí la película El ángel exterminador de Buñuel —aunque siempre me viene a la mente Silvia Pinal, guapísima, con un vestido divino—. Para el cuento “Damas: la última oveja del Ángel Exterminador” no es que me inspirara en un único personaje, es toda esta situación de imposibilidad de moverte del lugar vital en el que estás. En Los olvidados también parece que es imposible salir. El niño que lo logra, lo hace porque muere.  Por eso el personaje del último cuento de mi libro, es una mujer que no puede salir del centro comercial.

La película termina con mucho dramatismo, llega el ejército y de pronto ves a una manada de borregos, me parece muy fuerte. Yo me resisto a creer que seamos todos borregos. Podemos actuar como borregos, de pronto podemos no darnos cuenta y copiar comportamientos y no cuestionar cosas. Pero, también, creo que cada borrego puede decir que algo no le parece, que no está bien, que no es justo, que se le denigra o que no lo construye como persona. Yo creo que más bien se trata de un llamado a abrir los ojos.

En el caso de mi texto, me parece que hay ciertas cosas que entran mejor con el humor, por eso, en el cuento, creo que es divertido que se lleven al personaje al manicomio con una camisa de fuerza. Pero de alguna manera es alguien, que en ese momento de su vida, no puede ver o no ha querido ver…

L.F.: Luis Felipe Hernández escribe en la reseña de la contra portada de tu libro que la literatura sólo puede dividirse en buena y mala —menciona un poco la problemática que hay sobre etiquetar a cierta literatura como femenina (aunque él menciona feminista), ¿piensas de la misma manera?

A.J.: Sí, no creo que el camino sea dividir las cosas entre qué está hecho por hombres y qué está hecho por mujeres, no va por ahí. Si se trata de calidad, entonces tiene que haber los mismos criterios. Yo creo que si trabajas en el oficio para lograr, probablemente de las cosas más difíciles, la voz del otro sexo, eso no siempre se puede conseguir. Yo no creo que un hombre no pueda lograr la voz de una mujer, o que una mujer no pueda lograr la voz de un hombre, porque nada humano nos es ajeno. Es que, llevado a sus últimas consecuencias, qué significaría, ¿que las mujeres estamos restringidas a escribir sobre mujeres porque no podemos dar la voz masculina? Creo que podemos estar todos de acuerdo en algo bien hecho o bien logrado, indistintamente si lo hizo un hombre o una mujer. Otra cosa es que haya menos mujeres en la literatura, en las artes plásticas o en la música, porque han carecido de una habitación propia. Otra cosa es que no tengan un espacio propio. Entonces, si se trata de conseguir una habitación para ti, para que puedas escribir, pintar, etc., pues vamos a hacerlo. Virginia Woolf relata cómo no sólo las universidades eran espacios masculinos, es que la comida, la proteína estaba reservada para los hombres, que eso es fuertísimo. Históricamente no se dieron las condiciones para que la mujer tuviera una habitación propia e, incluso, una alimentación adecuada. Eso es una lucha en marcha, es un proceso en marcha. Pero dividir las cosas en literatura de hombres y literatura de mujeres yo no creo que sea la aspiración. Hay que luchar por los mismos criterios, no se trata ni de privilegios ni de diferencias. La literatura es una, te gusta o no te gusta. Por ejemplo, en el cine también hay pocas directoras conocidas. ¿Qué falta para cambiar esto, promoción? En fin, este me parece un tema mucho más complicado.

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