Temblemos todos

Por Majo Ramírez

La Tierra normalmente no parece un lugar hostil para vivir, claro que tenemos la violencia del humano, pero el planeta azul guarda tantas maravillas que, por momentos, parece imposible que la naturaleza pueda llegar a ser feroz; sin embargo, los últimos meses hemos sido testigos de su fuerza implacable. Desde huracanes hasta sismos, no nos ha sido concedida una tregua.

Para cuando terminé de leer Puertos príncipes. Temblemos todos (La Cifra Editorial, 2017), Oaxaca y Chiapas tenían municipios destruidos por un terremoto. México vivió el peor sismo de su historia y quizá sus daños no puedan ser comparables con los que vivió Haití en 2010. Y con razón, tan sólo la superficie total del estado de Oaxaca es de 93952 km², superando la del país de las Antillas con 27 750 km².

El fotógrafo y periodista puertorriqueño Huáscar Robles Carrasquillo presenta en este libro sus experiencias como corresponsal en Haití en enero y abril del 2010, cuando cubrió los días posteriores al temblor que azotó a ese país.

El libro está dividido en dos partes, la primera se trata de los reportes iniciales sobre el terremoto, la relación con la frontera con la República Dominicana y los efectos de la intervención humanitaria proveniente de la ayuda internacional en la economía haitiana. Huáscar Robles explica el recelo de los haitianos hacia la ayuda de la ONU, la Cruz Roja, etc. Y es que aún hoy en día la gente se pregunta de que valió la ayuda internacional.

“No todos encontrarían ayuda aquí, y —como fue evidente en los próximos años— ni la presencia de vehículos de la ONU, las estaciones de la Cruz Roja o los soldados estadounidenses eran sinónimo de ayuda humanitaria. Así, la relación entre los haitianos y sus benefactores comenzó a desintegrarse. A pesar de la presencia de estas instituciones el país continuaba enfermo, pobre y en estado de emergencia. A eso se sumaban los casi 9,000 haitianos que sucumbieron al cólera, y los millones de dólares en donaciones esfumados. Poco a poco los haitianos comenzaron a resentir a sus visitantes”. (66)

La segunda parte presenta la situación en los campamentos de refugiados, los abusos de género —las violaciones y la vergüenza—, y la relación de la cultura en la reconstrucción de un país fracturado.

Esta crónica también se ve atravesada por otros conflictos, los de la raza y la discriminación. La relación con el país vecino se tornó más espinosa después del terremoto: entre los desparecidos y los enfermos, también se encontrarían los repatriados.

Pero no todo lo que trajo el temblor fue la desgracia. El periodista no sólo se enfrentó a la violencia ocasionada por la descomposición social y al caos; también hizo amigos, gente que lo marcaría y le recordaría que la fortaleza se encuentra en aquellos dispuestos a sobrevivir a la tragedia.

Puertos príncipes. Temblemos todos de Huáscar Robles, La Cifra Editorial, 2017.

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