#TintaVioleta: La otra mirada hacia la literatura escrita por mujeres

el

Por Brenda Pichardo

Debe haber otro modo…

Otro modo de ser humano y libre.

Otro modo de ser.

-Rosario Castellanos

Cuando me critican sobre por qué me “limito” a hablar y escribir acerca de mujeres escritoras, y me “encierro” al campo literario, aclaro que no lo hago sólo porque sean mujeres, que es lo que comúnmente se cree, sino porque todavía nos enfrentamos a obstáculos que nos impiden el desarrollo pleno tanto de la escritura como de su reconocimiento político, es decir, que por ser leídas socialmente como mujeres, nos enfrentamos a una serie de arbitrariedades sexistas y androcentristas que nos niegan derechos e invisibilizan como sujetas activas —un mundo construido a partir de parámetros masculinos porque son quienes han estado presentes en la esfera del espacio público, es decir, en la política y la economía.

Ya lo dijo Virginia Woolf en Una habitación propia, lo expongo en paráfrasis: para ser escritora, necesitaba construir una habitación propia, lo que tiene un costo monetario alto, algo sumamente difícil durante su época en la que las mujeres tenían prohibido poseer bienes y acumular riqueza. Por ello, Woolf reflexiona y pone la mirada en los edificios: escuelas y bibliotecas restringidas sólo para el acceso de los varones; ellos invierten en construir edificios para su formación porque son quienes tienen el derecho de salir a producir los bienes y acceder al dinero, pero nosotras también necesitamos de nuestros propios espacios para poder ejercer la escritura. En su escrito está presente la precariedad económica que vivieron las mujeres de su época, pese a pertenecer, algunas como ella, a una clase aristocrática.

Sara Sefchovich expone en su libro Cielo completo, mujeres escribiendo, leyendo, que escribir y leer son privilegios de clase: se necesita tiempo para desarrollar la escritura tanto cognitiva como creativamente, y en el caso de las mujeres está presente el sesgo del género, ya que han estado situadas en determinados espacios y actividades feminizadas, que son el sostenimiento de la vida en el hogar, y que sin éstas la vida cotidiana no se reproduce, como el trabajo doméstico y de cuidados. Concluye que “(…) biología y realidad social y sociológica son entonces las responsables de ese distinto lugar que han ocupado las mujeres y desde el cual viven la vida y escriben literatura” (2015, pág. 22).

En la actualidad, además, existen otros obstáculos que nos impiden tener un pleno acceso al ámbito literario, y que se pueden extrapolar a otras áreas de la cultura en las que también impera la brecha de género:

-Techo de cristal: se refiere a la limitación velada del ascenso laboral de las mujeres al interior de las organizaciones. Se trata de un techo que limita sus carreras profesionales, difícil de traspasar y que les impide seguir avanzando. Es invisible porque no existen leyes o dispositivos sociales establecidos y oficiales que impongan una limitación explícita en la carrera laboral a las mujeres.
La posibilidad de quedar embarazada y que por ello te nieguen un ascenso debido a la licencia de maternidad y lactancia, es un ejemplo que se contrapone a la productividad de la mayoría de empresas.

-Suelo pegajoso: se refiere a las tareas de cuidado, trabajo doméstico no remunerado y la vida familiar, actividades que tradicionalmente se ha relegado a las mujeres. Salir de este “espacio natural” que según el patriarcado les corresponde es un obstáculo para su desarrollo profesional. Existe mucha presión dentro de la pareja, en la familia y en la sociedad para hacer creer a las mujeres que son las principales responsables del cuidado. El sentimiento de culpa y las dobles jornadas dificultan su promoción profesional, tal y como está configurado el mundo empresarial masculino.
-Techo de cemento: se refiere a los límites que tienen las mujeres para crecer política, social o profesionalmente, debido a la falta de referentes. La maternidad, la vida personal, una mayor autocrítica o una forma diferente de entender el liderazgo y la ambición profesional. Este concepto tiene que ver con la educación sexista, la organización del tiempo en las empresas (sin tener en cuenta la conciliación) o la forma en la que históricamente se establecen las jerarquías en las corporaciones sin considerar el tiempo que se requiere para sostener el hogar y los cuidados de cada integrante de la familia.
-Techo de diamante: es un término acuñado por Amelia Valcárcel en su libro La política de las mujeres (1997, Ediciones Cátedra). Se refiere al hecho de que, en la sociedad patriarcal, el hombre sea un “objeto de aprecio” y la mujer un “objeto de deseo”, subordinándola así a una situación en la que el hombre perpetúa su poder.
El ‘techo de diamante’ impide que se valore a las mujeres por criterios estrictamente profesionales (y no por su “belleza”, vida íntima o aspectos físicos) y merma la autoestima femenina de cara a aspirar a un puesto de mando.

Metafóricamente hablando, el arte es como una ola. Se puede percibir una desaparición de las cosas allí donde se creía que deberían estar, pero las cosas no desaparecen, simplemente migran, pueden salir del campo de visión en el que estamos, pero permanecen. En este sentido, en la literatura paradójicamente la presencia de las mujeres ha estado marcada por las ausencias: no han desaparecido, ni han migrado, simplemente fueron excluidas del campo de acción literaria, y se integran paulatinamente con las dificultades que implica la misoginia, el androcentrismo, tanto al interior de una narrativa que reproduce la forma tradicional de representación de las mujeres, en cuanto imagen subordinada al servicio del mundo masculino, como en las prácticas dentro del ambiente editorial.

El hecho de que ahora tengamos acceso a estudios universitarios, el voto electoral, al trabajo asalariado, no necesariamente implica que transitamos hacia la equidad de género, sino que las violencias machistas continúan latentes en las constantes violencias sexuales.

Así que cuando trato de visibilizar a las mujeres escritoras es porque a su paso tuvieron que vencer obstáculos que sólo nosotras vivimos, no por mero favoritismo arbitrario. Y porque la literatura también es testimonio y necesita de una nueva mirada: una narrativa que deviene diferencia, en otras voces y otro modo de ser.

Bibliografía:

 “Significado de ‘techo de cristal’ y ‘suelo pegajoso'”, en: http://feminismo.about.com/od/trabajo/fl/iquestQueacute-significan-techo-de-cristal-y-suelo-pegajoso.htm

-Sara Sefchovich, El cielo completo. Mujeres escribiendo, leyendo. Ed. Océano, México, 2015.

-Virginia Woolf, Una habitación propia. Ed. Seix Barral, 1986.

Brenda Pichardo (Ciudad de México). Ciencias de la Comunicación, en Facultad de Ciencias Política y Sociales, UNAM. Egresada del Seminario Género, Filosofía y Pensamiento Crítico en 17, Instituto de Estudios Críticos, donde también cursé el Seminario Cine Documental e Historia: confluencias. Renunciando a mi androcentrismo literario. Descubriendo la literatura diversa: otras narrativas, otras voces.

2 Comentarios Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s