Patología del ser de Ramón Martínez Ocaranza

 Por Wilson Díaz

Patología del ser (Malpaís ediciones, 2014. Colección Archivo Negro de la Poesía Mexicana), de Ramón Martínez Ocaranza (1915-1982), es la transición del último hijo expulsado del cielo en donde su camino malditamente errante va acompañado con su bravía transgresora hacia los precipicios armónicos de sus aquelarres. La existencia abismal de su melodía va plagada de alusiones estalladas entre la filosofía, la teología y la literatura con la descarnada tentativa de hacer una llaga aún más profunda en las diferentes patologías circulares, cuando el Ser se confronta con sus ataúdes de palabras que murieron adentro de la última noche de la ceniza.

Patología del ser son ecos que vienen a predicar los escombros trágicos del apocalipsis bíblico, de la literatura maldita y mística de Charles Baudelaire, El Conde de Lautréamont y Ezra Pound en donde las desgarraduras siniestras del hombre hacen erupción en la superpoesía antipoética de las potencias patológicas o superpatológicas de las metáforas.

Las transmigraciones de las metáforas hacia las imágenes llegan atravesadas por la enfermedad, trastornadas por la fuerza incrustada de los versos trágicos, para nombrar después los treinta y tres Cantares de las negaciones y finalizar con un Epílogo titulado El último profeta.

Pero antes de anticiparnos al macabro salmo, su Introducción Proteica llama a la cóncava mansión de las palabras.

/ –la cueva [de mi Ser- lloró de espanto cuando llagaron / todas las Gorgonas mi sombra. / Quinto piso de reconocimiento de mi sombra. / Monstruo infame de la circunferencia de la [muerte: ¿Qué es la muerte? ¿Verdad, Madame la Morte que la conciencia no tiene geometría?

La indagación que propone con la geometría del Ser poético, Ramón Martínez Ocaranza se encuentra atornillada por el “Poema en siete novelas” marcadas por los locos que van quemando los caminos de la muerte, las veinte brujas protegiendo a Beatriz contra Dante, a pesar del dolor comulgando con la desgracia en un triángulo de relojes suicidas del tiempo que esperan acariciar a sus amantes culebras amarillas.

En La contradicción del Ángel Tercera Novela el monólogo poético irrumpe hacia la exquisita podredumbre de los caracoles muertos, de las amantes que nunca probaron la carne de la muerte.

/Amantes tuve que nunca se acostaron con mi [muerte. / Y fue mi destrucción. / Mis existentes. / Mis esculturas hijas de la herrumbre. / Para mi condición de ser yo mismo. / O de ser y no ser en mis lejanos y amargos [continentes. /

/ Fui poeta de la prostitución / Pero muy ángel. / [O pueda ser que haya sido ángel. / ¿Pero ángel de qué? / Ángel de fieras / [construcciones de tigre sombrío. / Que ángeles no hay de perros viejos.

La fiereza iluminada entre las sombras de la Patología del ser, penetran los manicomios con sus imágenes derrumbadas o carcelarias cuando el verso encendido de Martínez Ocaranza se traslada hacia la decreciente película podrida como vaticinando en su Quinta Novela las Cartas Terribles (Contradicciones del Número) que son blasfemias anónimas, pero con la justa determinación de sus versos hirientes. Siempre haciendo referencia en el abandonado misterio de la podredumbre anclada para engendrar los neuróticos sofismas del alcoholismo.

/ Pobre número cero sin raíces y sin película sin / [nada. / Cuando los hijos de las putas se acuestan con las / [putas engendran alcoholismo. / Millones de neuróticos sofismas. / Y llevan diario de su neurastenia. /

Y por el arte de su creación poética Ramón Martínez Ocaranza rescata de las cenizas el decapitado enigma del génesis en su Séptima Novela (Lamentaciones). En el principio no fue el Verbo, fue la ceniza del Verbo hecho ceniza. El juego, el ritmo y su cadencia viaja hasta el epicentro de su decadencia. Es así que Patología del ser escudriña los recovecos más invisibles del lenguaje poético para ser de este la complicidad de las tinieblas.

/ En el principio era la ceniza. / Y el Verbo era ceniza. / También el viento era de ceniza. / Y dijo la ceniza: ¡Qué se haga la ceniza! / Y la ceniza fue hecha de ceniza. / Fue cuando el tiempo le declaró la huelga a la / [muerte. / Se detuvieron los espacios. / Y los círculos reconocieron que el enigma era la / [decapitación del enigma. / Todos los círculos eran de ceniza. / Y los enigmas eran de ceniza. /

Y sin dejar tomar aliento por el puñado ceniciento de sus versos, Ocaranza en un acto de profecía emprende el camino filosófico de la literatura griega con Los tres Edipos. De manera torrencial la voz poética pregunta a las potestades de los siglos que noticias saben de los diablos que han zarpado en su locura. Espera respuesta de las pitonisas de otros mundos, pero también se expresa hacia así mismo el terrible descontento cuando se mira detrás de los espejos. En esta meditación donde fluye la flor de la dolencia, habita el erotismo extraño del vientre que emerge hacia la oscura arquitectura de los senos cantarines en donde yacen las circunferencias.

La desgarradura del Ser en la obra poética de Ramón Martínez Ocaranza visita las puertas de los manicomios, donde las patologías de los ángeles se transforman en manifestaciones epilépticas cuando se encuentran con la tortura de los locos manicomios.

Finalmente, esta obra poética Patología del ser de Ramón Martínez Ocaranza se posesiona hacia el apogeo de los Cantares de las negaciones con sus treinta y tres Cantares representando la tradición indirectamente, de los Cantos de Maldoror del Conde de Lautréamont y los Cantares, de Ezra Pound. Es de esta única forma que los tratados de las patologías del poeta se encienden cuando las víboras son las estructuras de las diferentes negaciones que se van reconstruyendo a través de la voz del verbo.

Y de un relámpago capturado por la yerba de la muerte, Martínez Ocaranza canta la Biografía del poeta su única canción de la metáfora de su muerte ya que como dice el poeta lo demás es retórica vacía. Retórica podrida y vacía. Y de la tierra suicida de ceniza, aparece la eternidad del pentagrama del Ser por los caminos que conducen hacia la esquina de la hipotenusa extasiada con los materiales del Verbo.

Patología del ser de Ramón Martínez Ocaranza es un pacto de versos que escupen al oído del lector los panes de la podredumbre, el amor entre el sexo oscuro cuando la máquina del Ser se descompone. Es un mitin de sombras enroscadas entre las culebras que penetran el destino llamando a la desnudez de la mujer como una culebra nueva. Y de este sermón de manicomios el poeta unge de semen las vírgenes locas que han sumado su electromanía para la consagración de la muerte y recitar la palabra de Dios en un camello sin agua y sin destino y dar la bienvenida al Último profeta. 

Patología del ser de Ramón Martínez Ocaranza, Malpaís ediciones. Foto: Malpaís ediciones

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