El proceso de la bendición

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Por Daniel Silva

El proceso del embarazo ha sido poco tratado en obras de ficción, pues en la vida real, el acontecimiento suele limitarse a una alegría familiar ―o a un fatalismo rompeilusiones según se vea― y a la espera de nueve meses para conocer al nuevo miembro familiar. El proceso y las vivencias que transcurren en el periodo son, hasta cierto punto, irrelevantes.

Ana Istarú relata en Baby Boom en el paraíso toda peripecia relacionada con el embarazo; mientras que Avelina Correa y Tania González Jordan, dirigidas por Ricardo García Arteaga, llevan a cabo la representación en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico.

Al espectador no le será indiferente, en cuanto ingrese al foro, la similitud del vestuario de ambas actrices, pues en éste ya se insinúa un juego de siamesas. En cierto modo su idea no dista mucho de ello, pues la intención es, no un comparativo, tampoco una historia de gemelas. Es, eso sí, un desdoblamiento, pues ambas encarnan lo mismo a Ariana, la afortunada madre, que a su esposo, los suegros, los padres y hasta el médico encargado del chequeo. Un juego de roles donde no hay tiempo para confusiones. Hay rigidez y claridad en cada personaje (o reflejo) que “posee” a las actrices: roles de cuyo eco emana la crítica imperante a ideas, costumbres y falsos anhelos que persisten en moldear a un ser que aún no emerge en la sociedad, incapaz todavía de decidir. La crítica hacia el machismo (cometido incluso por la misma mujer), política, estereotipos y afines es recalcada en Baby Boom de tal manera que jamás incomoda o suplica al público una risa fácil, pues dentro del espacio ficticio, no habrá espectador alguno que se vea irremediablemente aludido en cada escena o diálogo y le permita reírse de sí mismo.

Basta al cuerpo actoral un catre, una pantalla y velos (una metáfora obvia, pero efectiva) que sostienen el flujo de la trama en un espacio reducido, el cual las actrices aprovechan victoriosamente (como el embarazo de Ariana) en poco más de una hora. El sonido recorre lo cómico (una canción de Queen) y lo melodramático, pues cuando la voz del bebé se hace presente, cuestiona a su madre acerca del mundo que lo aguarda, no sin antes guiarle él, apenas un feto,  un camino a seguir para no dejarse caer en lugares comunes cuyo objetivo es moldear seres casi iguales en la sociedad, ya no mexicana, sino hasta mundial. ¿Intuición o, a diferencia de la madre, el futuro niño no se deja engañar por consejos “útiles”? Queda en el público deducirlo.

Bajo la producción de las compañías El Cuarto Rojo y La Madriguera, Baby Boom en el paraíso se presenta todos los jueves, siendo este seis de julio la última función. Quienes ya gozaron la experiencia de la paternidad se sentirán aludidos; quienes estén en el proceso o aún no hayan experimentado esa etapa, sabrán a qué atenerse. Queda en ellos asumir las reglas del juego de esa bendición que la vida les brindará.

Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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