Huberto Batis: crítico literario entre la contracultura y la élite

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Por Daniel Berdejo Migranas

22/09/2015

Huberto Batis pertenece a todo un movimiento literario, editorial y periodístico que se entiende por dos elementos: 1) la situación mediática y cultural que vivía el país a partir de sus necesidades, censuras, un priismo exacerbado, las nuevas tecnologías del momento, además de los movimientos sociales en la nación y el extranjero, y 2) la generación de literatos anterior a él, que influyó en cómo escribir, qué decir y a dónde mirar, así como una tercera generación heredera de estas dos últimas, cuyo bagaje es respuesta de una inercia histórica.

Es decir, a Batis le tocó vivir una condición particular donde se puede —y debe— juzgar desde estos preceptos. Fue cofundador de la revista Cuadernos del Viento, del suplemento Sábado y la revista Siempre.

Se encargó de conciliar una aparente ruptura entre los elitistas y los contraculturales. Su capacidad de crítica le permitió encontrar matices en dichas formas de pensamiento y más que entenderlas contrarias, las consideró complementarias.

Hoy ofrece una entrevista para hablar sobre su vida editorial y periodística, pues dice que no existe ningún Huberto Batis en la intimidad. Conocedor de lo que dicen de él y pendiente de lo que se escribe en el país y en el mundo, desarrolla algunas reflexiones sobre esas etapas y decisiones que hicieron de su vida a un luchador que siempre estuvo a la mitad de los prejuicios. Moralmente incalificable, este es Huberto Batis a sus 80 años.

Huberto Batis. Foto: Facebook

Retomo una cita de Enrique Serna sobre usted… “Huberto Batis es el agitador más inteligente de la vida cultural mexicana en el último cuarto del siglo (XX)”, ¿se siente identificado con esta descripción?  

Huberto Batis: Agitador es una palabra peyorativa de activista. A un agitador se le mete a la cárcel o se le mata. Políticamente es incorrecto porque lleva a la revolución y está haciendo un llamado a la rebelión y a no obedecer. Y no, yo no hacía eso. Él dice ‘inteligente’ lo que quiere decir que entiende; entiende porque liga. Intelligere, en latín, que quiere decir que ligas una cosa con otra y con otra y con otra… entonces, el agitador de muchas cosas. Que en todo caso sería ése el sentido profundo de la frase. Inteligente en términos de Baudelair, es el que encuentra las correspondencias en la naturaleza.

La correspondencia amorosa es cuando tú amas y te aman. Cuando se aman dos. Inteligencia es amar también, o sea ligar. Ahora decimos, “me ligué a fulano, me ligué a mengano”, y eso quiere decir inteligencia. Me intellegí a fulano, me intellegí a mí mismo. O sea, me amé, me ligué, me entendí; todo eso junto. Las palabras son buenas.

Ahora, Serna es un estudioso de la literatura. Él respetó la literatura colonial mexicana y novohispana. Sin embargo, ahora él es un escritor moderno, quizá el más moderno de todos los escritores. Además tiene un oído tan increíble que fue a España, bueno él es hijo de español, y de española, creo, y entonces, se va a vivir a España y oye a los españoles y escribe una novela en lenguaje para los españoles, y tú lo lees y dices, “este cuate es un español”, y es un mexicano. Bueno es un español que nació aquí, hijo de españoles, pero es otra cosa.

¿Es posible generar una producción contracultural desde un puesto de élite?… ¿Es paradójico, es contradictorio o es necesario?

H.B.: La élite eran los de mi generación que fueron Juan García Ponce, Salvador Elizondo, Juan Vicente Melo, Inés Arredondo, Tomás Segovia, José de la Colina, ese es mi grupo. Y tenemos hermanos mayores como Rulfo, Octavio Paz, Arreola, y todos ellos son la élite de la cultura. Pero tú dirías, Rulfo no es élite, Arreola tampoco, Paz sí, se creen mucho, pero él se lo ganó a pulso, andando estudiando por todas partes. No sólo en Europa, sino en Estados Unidos, en Asia, en la India, en Japón y en los países nórdicos. Y todas esas partes le trajeron una sabiduría ecuménica, digamos mundial y elitista. Escribía mucho.

Ellos no son contraculturales. En cambio, la generación siguiente a nosotros son José Agustín, Gustavo Zaid, que acaba de morir, René Avilés Fabila, Juan Tovar, muchos otros y ellos escribieron en el lenguaje de la ciudad de México. Eran hijos de camioneros o de políticos o de periodistas. José Agustín era hijo de un aviador; en fin, son personas normales, en cambio Octavio Paz era nieto de un intelectual, hijo de un hombre que murió joven porque borracho se accidentó. Su familia era de élite. La casa de su abuelo en Mixcoac es de media manzana. Paz era muy católico y luego se volvió comunista, de ahí se fue la Revolución de España, de ahí a su Realismo francés y se volvió reaccionario, según yo, y se hizo muy alejado a los problemas de la gente.

El país ha vivido momentos de tensión a nivel de su situación mediática. Existía censura. Recordemos el movimiento estudiantil del 68, “El Golpe a Excélsior” en el 76, etcétera. ¿Desde qué trinchera ha luchado Huberto Batis?

H.B.: El primer periódico que hice se llamó Cuadernos del Viento, era una revista de la Facultad de Filosofía y Letras que hice con un escritor de Guadalajara, Carlos Valdés, y juntamos a los kultos con “k”, que son los que se creen mucho y a los otros que venían de fuera, los pelados. Los primeros usaban boquilla en sus cigarros para distinguirse del peladaje. Pelado quiere decir un desarrapado, un pobretón, un tipo que anda descalzo o que tiene calzón de manta. Es una palabra muy vieja de México. Los españoles nos decían pelados a los mexicanos.

Yo los mezclaba a todos. Y se enojaron. Se enojó Juan Vicente Melo, que era hijo de un médico millonario de Veracruz que tenía un hospital. Si tú vas a contracorriente, pues chocas contra todos. Yo terminé peleado con la gente de abajo y con la gente de arriba. Todos me aborrecieron.

Octavio Paz me aborrecía, decía que yo era el peor inventor, el peor editor de la literatura mexicana. Porque he inventado el suplemento Sábado donde permitía que todo mundo se peleara y se insultara. Y publicaba en un lenguaje “total”, decíamos Raymundo Ramos y yo, usábamos el lenguaje “total”. Con todas sus palabras y palabrotas.

Usted ha hecho un esfuerzo por utilizar un lenguaje de otra manera, para acercar el idioma “académico” a una mayoría no ilustrada, incluso para hacer del cuerpo una herramienta de expresión, pero ¿cuáles son los límites de la blasfemia, del pudor o, en general, de la contracultura?

H.B.: Ningún límite. Mis hijos son hijos de una catalana. En el colegio uno de ellos le dijo a una maestra. —Tiene sucio el culo. La maestra lo mandó a la dirección. La directora llamó a la mamá. La mamá fue y le dijeron —su hijo es un pelado. Y dijo, —bueno, pues cómo quiere que le diga. —No pues, pompis, el trasero. —No, ¿cómo? Se llaman nalgas. Se llama culo. En España todo mundo dice culo y nadie se ofende.

Morelos Torres, académico de la UAM, lo califica de participar de manera irrelevante, aguerrida y combativa en la vida literaria del país, ¿en México se puede ejercer la crítica sin cosechar enemistades?

H.B.: Lo único que cosechas son enemistades totales, si dices la verdad. Si utilizas la crítica para barbear, adular, para congraciarte o para humillarte, para vender favores a otros, entonces te va bien en la vida. A los críticos les va mal. Decía Manuel Carvallo, “Somos incómodos, somos lo peor que hay en la literatura mexicana”.

A la distancia, ¿qué autocrítica le merece su gestión en el Unomásuno y en los suplementos Cuadernos del Viento y Siempre?

H.B.: Pude haber sido políticamente correcto. Todo me hubiera ido bien en la vida y mi suplemento hubiera estado bien. Pero mi suplemento fue considerado políticamente incorrecto y, ¡vaya!, socialmente incorrecto. Por supuesto, lo condenaron a muerte para desaparecer. En la revista de Octavio Paz, Vuelta, Jaime García Terrés escribió “ya hay que acabar con los del diario de Batis”.

Huberto Batis. Foto: INBA

José Agustín, en la Tragicomedia mexicana, señala al suplemento Sábado como uno de los pocos textos contraculturales del país junto con La Jornada Semanal de Juan Villoro y El Búho, de René Avilés Fabila. ¿Qué se requería para ejercer esta línea editorial?

H.B.: Se requiere que José Agustín esté de acuerdo y como él es un pelado y habla como escribe o escribe como habla, entonces… porque Juan de Valdés, en España, en el siglo XVIII dijo “hay que escribir como se habla”. Pero entonces hablaban muy bien, entonces escribían muy bien, o sea, elegantes. Pero si tú escribes como hablas ahorita… Ve cómo hablamos todos, con mentadas de madre, insultos y ofensas. Un día, yo di a leer mis cuentos a una muchacha judía y me los regresó diciendo —¡Qué porquería! Te pasas atacando a los judíos. Y le pregunté, —¿Dónde? Me contestó —Te puse marcas en todas las partes donde atacas a los judíos. De veras decía: “Eres un ladrón judío. Eres un perro judío”. ¿Por qué te comparan con un perro rabioso? Un perro es el mejor amigo del hombre, o una maravilla, o un perro de pelea o un policía o un perro que sigue a los pobres. Echarle los perros a alguien es vomitivo. Cuando llegó Hernán Cortés a México aperreaban a los indios. O sea, les aventaban a perros y se los comían vivos. Los aterrorizaban. Los animales son dignos de mayor respeto.

Hoy persiste la censura e incluso eso que algunos periodistas denominan como autocensura, por lo tanto, los espacios y los personajes para ejercer la crítica literaria parecen reducirse, ¿comparte esta noción?

H.B.: Bueno, a mí me llegaban avisos de gobernación todo el tiempo diciendo que iban a cerrar el suplemento porque publicaba fotografías eróticas. Desnudos. ¿Qué tienen en contra del desnudo? “Una vieja encuerada”, dicen. Fíjate qué lenguaje tan asqueroso. ¿Por qué una mujer desnuda va a ser reprobable cuando es adorable, cuando es venerable, cuando es amable —de amar—, cuando es deseable —de deseo—, cuando es todo? Porque publicas a una mujer desnuda, porque escribes de un acto sexual, porque hay un poema sobre el deseo, porque publicas dibujos de Eco, ese dibujante maravilloso que decía que mezclaba el erotismo con la sangre y eso estaba prohibido por gobernación porque incitas a las bajas pasiones. El sexo. ¿Y por qué va a ser reprobable el sexo? Nosotros venimos del sexo. Nuestros padres tuvieron que coger. Porque mi padre le metió la verga en el coño a mi madre, a la vulva o a la pucha, como decimos en México.

Hoy persiste la censura. Hay autocensura de los escritores, autocensura de los editores. Hay autocensura en los periódicos. Y en la televisión. Tú ve una telenovela y las muchachas siempre llevan minifalda pero se tapan con un cojín o un algo para que no vayas a verle los calzones. Y los camarógrafos andan cachando a ver si toman las fotos de sus calzones. En la televisión son tan hipócritas que todos los anuncios son sexuales y todos los camarógrafos tratan de ver las tetas a las mujeres.

¿Su etapa como docente en la UNAM fue un espacio para la lucha crítica o un escudo ante la oposición política?

H.B.: Soy el peor de los maestros del mundo. Soy obsceno. Tengo un libro que se llama Estética de lo obsceno. Que se lo robé a un italiano que escribió un libro que se llama, traducido, Estética de lo obsceno. Eran puras reseñas de libros eróticos. Obsceno quiere decir lo peor del mundo. ¡No seas obsceno!, te dicen. ¿Por qué? Porque hablas de lo bello, con la bondad, con lo verdadero. Que son los tres valores que proponían los griegos: bondad, belleza y verdad. Considero que así actué en mis clases y en la vida, y en todas partes. Hay que perseguir la ética, es decir, el bien, lo bueno, lo bello y lo verdadero.

¿Qué camino debe seguir hoy un editor de crítica literaria?

H.B.: El camino que le dicte la sinceridad y permitir a sus críticos que no teman a adquirir amigos o enemigos porque todo lo consigues. Puedes conseguir ser amigo de un asesino o de un escritor que corrompe o que esté llamando a la Iglesia pero que sea un buen poeta. Octavio Paz llama a la gente a que diga lo que a él le conviene. Es un convenenciero. Comenzó llamando a la rebelión pero al mismo tiempo Elena Garro decía que era un tipo siniestro, malvado.

¿Huberto Batis se considera a sí mismo como contracultural o elitista? Tomando en cuenta las críticas que producía desde algunos cargos importantes. 

H.B.: No tuve nunca cargos importantes. Un cargo importante es el que te da dinero y a mí no me dieron nunca un centavo. Nadie se hizo rico publicando conmigo porque le pagábamos 100 pesos parejos a quien publicara. Cuento, poema, reseña, lo que fuera: 100 pesos. 100 páginas, 50 páginas, lo que fuera: 100 pesos lo mismo. Enrique Serna un día llegó por sus 100 pesos y no nos alcanzaba para pagarles completo. Les pagamos 75 pesos a todos y él dijo, -No puede ser. A mí me tienes que pagar 100 o no vuelvo- y ya nunca volvió.

¿Desea hacer una declaración inédita?

H.B.: Extraño todo este mundo del que te estoy hablando. Ya estoy rodeado de cadáveres, de tumbas. Veo fotos y todos están muertos. Yo espero que pueda vivir un poco más. Mi papá ha sido el más longevo de toda la familia Batis. Todos morían a los 60, 70 años. Mi papá murió a los 81. Acabo de estar muy enfermo de neumonía y la superé. Yo espero no morirme antes de los 81 y superarlo.

Foto: Saira Blosoño

Daniel Berdejo Migranas, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Colaborador para la Langosta Literaria, suplemento de Penguin Random House, Picnic y VidayCasa.mx. Actualmente inscrito en la maestría en Sociología en la Universidad París V, René Descartes.

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