Frustración universal

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Por Daniel Silva B.

La creación artística ha sido un tema casi olvidado en el teatro, y uno de los casos más recordados es Pirandello y sus Seis personajes en busca de autor. Pocos directores se han arriesgado, hoy día, a retomar el tema. Alonso Íñiguez apuesta por dicha temática con Tréplev. En esta versión libre de La gaviota de Antón Chéjov, el dramaturgo se enfoca en el hijo de Arkádina, el cual desatará los demonios del teatro; éstos deben sobrepasar los límites del escenario e incitar al público a un espectáculo (metafóricamente) sanguinario.

No en balde la obra lleva como subtítulo Taxidermia en cuatro actos, pues la meta de la historia es develar el misterio que conlleva la creación artística. Es decir, la parte más grotesca: la búsqueda de claves para el triunfo, el continuo fracaso y el hundimiento de un aspirante a la belleza y a la novedad que sólo halla destrucción a su alrededor.

No son ajenos al espectáculo los sentimientos del creador ─miedo y el amor del protagonista por su creación─, pero quienes ganan terreno son los factores internos (frustración) y, ante todo, los externos. Tréplev se topa con tres enemigos: la madre que se niega a admitir a su hijo en el medio y a envejecer; un viejo amor que nunca está presente (en la obra aparece siempre fría, ausente, representada como un maniquí sin expresión), otro amor por el cual se resigna sin admitirlo del todo… y el tío de gran éxito cuyas obras, aunque mediocres, son enaltecidas por un público restringido y de “mal gusto”.

Tréplev, no obstante, expande su temática más allá de factores que agobian al artista y a su entorno. Es un reflejo de la falta de ilusiones, de confianza en uno mismo y del cómo la misma sociedad abusa de esa debilidad a la que se aferra el ser humano. Gracias al cuarteto de actores en escena ─Raúl Briones, Pamela Almanza, Paula Watson, Alan Uribe y Axel Arenas─ y de las múltiples máscaras que adoptan a lo largo de casi tres horas, el público se torna cómplice de los personajes, quienes fungen por momentos, no sólo de espectadores, sino de jueces cuyos criterios desmoralizantes y críticos son puestos en tela de juicio. Ello provoca en el público dos cuestiones a esclarecer: ¿quién es el verdadero blanco de críticas? ¿Tréplev o el público mismo, que inconscientemente proyecta en el escenario sus miedos, su impedimento por verse juzgado día-a-día en una sociedad acostumbrada al juicio fácil? No se trata de un simple juicio moralista, o al menos no de manera explícita hacia el público. Si bien la individualidad de los antagonistas de la obra permanece intacta ─no villanos, sino contrafiguras─, cada uno se resquebraja cuando sus defectos son expuestos a la luz o cuando sus virtudes son objeto de burla. No hay vencedores ni ganadores. Sólo una lucha contra sí mismo: saber qué elegir, qué rechazar; dejarse vencer o afrontar una vida miserable extrayendo fuerzas y sostenerlas hasta el cansancio. Eso es Tréplev. Ese es el ser humano.

Tréplev ofrecerá su última función este martes 30 en el teatro La Capilla a las 8 de la noche.

Tréplev. Taxidermia en cuatro actos. Dirección: Alfonso Íñiguez

Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

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