El viaje

Por Fernando Cervantes Radzekov

—Disculpe, ¿va a bajar?

—Eventualmente sí. No en esta estación, claro, pero considero que sí voy a bajar en la estación en la que planeo bajar. Puede que alguna contingencia ocurra y no pueda bajar, como que en la estación de destino un cúmulo de gente me arrastre de la entrada hasta el fondo del vagón. Tal vez en ese momento pida ayuda “Por favor, voy a bajar en esta estación”, no es mi intención seguir a bordo del tren. Y los que estén frente a mí abran una pequeña brecha por la cual me pueda colar. Se me atorará la mochila con mi almuerzo, tal vez del esfuerzo se aplasten los plátanos que guardé con la intención de comérmelos en el almuerzo, pero podré salir ileso.

—Me refiero a que si va a bajar en la estación que sigue.

—Eso depende de que la estación siguiente siga siendo la misma. Verá, por lo general las estaciones siempre conservan su consecutividad, por lo cual uno prevé que se seguirán unas detrás de las otras como una familia de elefantes. Pero ocasionalmente cambian, puede que una estación sea saltada o que vaya en dirección contraria a la esperada. En estos casos atribuirá a su despiste el que estas estaciones no estén en su sitio, aunque en realidad son ellas las que han decidido cambiar de lugar pues, al igual que le ocurre a usted o a mí, permanecer siempre en una misma postura resulta muy cansado, de ahí la dificultad de jugar a las “Estatuas de marfil”. Pero no se preocupe, el servicio de transporte anticipó estos problemas, por lo cual usted fácilmente puede bajar y tomar el tren que va en la dirección correcta y el problema se solucionará.

—Sólo deme permiso, ya voy a bajar.

—Con gusto le daría permiso, pero somos bastantes en el tren y no es posible abrirle paso. Lo mejor sería pedirle que se recorra a la persona que se encuentra al fondo del vagón, así las siguientes tendrían la posibilidad de recorrerse; pero no creo que ni su voz ni la mía alcance los oídos de aquélla. Otra de las formas en las que podría mover a la masa sería asustarlas. Una araña gigante, como la que recién descubrieron en las Californias, podría funcionar bastante bien. El temor a las arañas está bastante generalizado, no sólo por su toxicidad, sino por su forma tan distinta de la humana. Una araña así podría repetir el milagro de Moisés en este mar de cuerpos. Claro, la araña no tendría ningún báculo mágico, sólo contaría con el supuesto miedo que su figura impone. Pero si no cuenta con una araña de esas dimensiones en este momento será muy difícil que yo pueda moverme para que usted pueda pasar.

—Mire, no importa. Bajaré cuando los demás salgan.

—Oh, me parece una excelente idea. Seguir a la multitud es una conducta bastante común. Podría decirse que esa actitud es propia de la especie humana, ya que en la inercia actúan dos fuerzas cósmicas: la pereza y el delirio. La primera, también conocida como “ley del menor esfuerzo”, hace que los hombres se comuniquen de una forma no verbal, con lo cual, un mensaje urgente se disperse por las mentes y las alerte del peligro. La segunda, por su parte, es el alma de todos los actos voluntarios del hombre: inflama cualquier deseo al grado de obsesión y aviva las pesadillas cotidianas. Entonces, ¿realmente es malo seguir a esta mixtura que viaja en el vagón? Yo creo que no. Aunque no hubiese planeado bajar en determinada estación o le impidan bajarse, el lugar a donde lo lleve la masa será el correcto. Incluso el propio viaje es el destino. Tan impredecibles son los designios del Señor. Así que, joven, me parece que tendrá un buen día pese a los empujones.

En ese momento, el tren detuvo su marcha. Las puertas se abrieron y una consecución de cuerpos soñolientos marchó fuera. Preferí no salir. Y de aquel hombre nunca volví a saber.

FOTO: TERCERO DÍAZ / CUARTOSCURO.COM
FOTO: TERCERO DÍAZ / CUARTOSCURO.COM

Fernando Cervantes Radzekov (San Salvador Atenco, Estado de México, 1989). Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Redactor en LINNE Magazine. Sus cuentos han aparecido en Revista Marabunta y Revista Hysterias. Sufre de trastornos del sueño y otros males de la psique. Su inspiración: una tesis que lo frustra, venlafaxina y mucho café.

lf.cervram@gmail.com

Twitter: @FernandoCervan3

 

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