#TintaVioleta: La utopía de la emancipación masculina

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Por Brenda Pichardo

Vivian Abenshushan (Ciudad de México-1972) obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2002 por El clan de los insomnes, un breve compilado de seis cuentos que giran en torno al insomnio de los personajes: “Homenaje al Doctor Zorasky”, “Kuboa”, “Ningún rapto es pasajero”, “La esposa despierta”, “La conjura de los peatones” y el último cuento que por su contenido da título a este breve ensayo literario: “La cama de Lukin”.

Las implicaciones feministas de este último relato, nos permiten vislumbrar una utopía masculina que no deja de ser interesante debido a los conflictos que surgen en la vida de los personajes: padecen la ausencia de las mujeres.

Únicamente la ausencia producida por la migración invernal que emprenden todas las mujeres del poblado hacia rumbos desconocidos, hace que los varones pueden atisbar la posibilidad de una emancipación masculina: descubren que pueden sobrevivir sin la presencia de las mujeres.

El trabajo doméstico que las mujeres realizan cada día, adquiere una dimensión diferente a la habitual cuando los varones de este poblado notan lo cansado que resulta hacerse cargo de sí mismos, sin depender de las mujeres. El abandono de éstas crea un momento de tensión para cada uno de los varones que se limitan a observar cómo salen de la ciudad, ya que tendrán que pasar un invierno sin las atenciones y cuidados que les proporcionaban las mujeres. Deben asumir la responsabilidad sobre sus propios cuidados pero sobre todo, enfrentarse a una cama que les resulta inmensa, fría y solitaria. También se ha marchado el amor y con ello la vida sexual.

Esta renuncia de las mujeres a permanecer junto a sus maridos durante el invierno, enfrenta a los varones a cuestionarse el papel que ellas tienen en sus vidas, entonces Lukin, el personaje principal, comienza a convencer a los otros de liberarse de las ataduras que los unen a las mujeres. Incluso las mujeres del burdel, su único refugio en tiempos desesperados, deciden marcharse, lo que no había sucedido antes en ninguna otra migración de este tipo.

La feminista Silvia Federici teorizó sobre el trabajo doméstico en su libro Revolución en punto cero, en el que afirma que ese trabajo está social y contradictoriamente asociado a la feminidad como si se tratara de un atributo “natural”. En este sentido, la migración temporal de las mujeres en el cuento de Vivian Abenshushan desmitifica las funciones domésticas que cumplen. Los roles de género se invierten sólo en la medida en que las mujeres deciden ausentarse, dejar de ser imprescindibles para sus compañeros varones, aunque sólo temporalmente.

En el cuento se revela el momento en el que los hombres comienzan a sentir los estragos de la vida cotidiana sin mujeres:

“(…) cualquier maniobra, por insulsa que fuera, nos tomaba a todos el doble de tiempo (…) Pero no era sólo la falta de sueño generalizado y la intensidad del frío lo que contribuía a crear ese ambiente de lentitud y letargo. La causa fundamental se encontraba en la ausencia de las mujeres: sin ellas, nuestras obligaciones y labores se multiplicaban hasta extenuarnos, las horas de descanso efectivo desaparecían y la economía entraba en recesiones alarmantes.”

En su libro, Federici también menciona la importancia de ver el trabajo doméstico como lo que es: un trabajo, que además de no ser asalariado, es realizado en su mayoría por las mujeres:

“Sólo cuando los hombres vean nuestro trabajo como trabajo y nuestra determinación a rechazar ambos, cambiarán su actitud hacia nosotras”; sin embargo, no tenemos la certeza de que asuman la corresponsabilidad del trabajo doméstico compartido si no es a través de ausentarnos como sucede en el cuento.

La pregunta tácita en el relato de La cama de “Lukin” es: ¿Las mujeres son necesarias en la vida cotidiana de los hombres? Sí, son las que llevan a cabo todo el trabajo de reproducción de los cuidados que requiere una familia y un hogar, pero no debería ser atribuido a las mujeres como si hubiesen nacido con un chip biológico para cocinar, limpiar y cuidar. Este cuento desmitifica dichas labores al poner esta carga en los personajes varones, que aceptan el efecto contraproducente que genera en sus vidas cotidianas.

El personaje principal, Lukin, que disfruta de los discursos políticos, aprovechaba cualquier ocasión para iniciar un debate o discurso, y decide que esta crisis es propicia para convencer a sus compañeros de la necesidad de una emancipación masculina, y darse cuenta de que pueden prescindir de las mujeres: “Le gustaba repetir, sin la menor consideración ante nuestro hartazgo, que mientras no resistiéramos con dignidad las noches y las nevadas, sin esperar nada más de las mujeres, nuestra etapa de emancipación se aplazaría indefinidamente.”

El departamento de Lukin se convierte en el centro de reunión de todos, en el que, además de comer y beber vino, queman las fotos de sus esposas. Después de quedarse sin fotos y ver los rostros abatidos de los demás, él decide sembrar sus ideas con un breve discurso:

“Detesto ver cada año en ustedes ese semblante de mendigos de la existencia. ¡Las mujeres no volverán! ¡No debemos dejarlas volver! Reflexionen camaradas, entren en razón (…) Hemos vencido las presiones de la especie, hemos logrado paralizar en nosotros el impulso de la concepción (…) Aprovechemos entonces la coyuntura para librarnos de todo sufrimiento, de toda pasión malsana: celos, temores imaginarios, infidelidades. ¡Ni una noche más pensando en ellas!”

Logró contagiar su entusiasmo a todos. Su discurso tuvo tanto eco que decidieron unirse a la propuesta de Lukin: construir juntos una enorme cama universal, algo que sería tomado como símbolo de su libertad. Pasaron el invierno construyendo La Cama, sin darse cuenta de que el tiempo transcurría y que el regreso de las mujeres se aproximaba. Lukin vive un cambio repentino que deja a todos contrariados. La utopía queda suspendida en una melancólica esperanza.

La promesa de una civilización nueva fundada por varones, según el cuento, surge con la finalidad de prescindir de las mujeres, promesa que tiene tintes feministas en un punto crucial: desmitificar el trabajo doméstico y la feminidad puesta al servicio de los hombres. Ellos también pueden cuidarse a sí mismos, cocinar, limpiar y con ello dejar de precarizar a las mujeres.

Que la utopía de la emancipación masculina sea para abandonar la idea de que los hombres deben depender de las mujeres y que el trabajo que ellas realizan en el hogar deje de ser feminizado. La emancipación como un asunto cotidiano, no temporal, que se construya con la presencia de otras y otros, más allá de la presión que ejerce una ausencia.

Mientras tanto, la literatura da otra vez señal de que a través de la narrativa, se pueden desmitificar los roles de género o ponerlos en cuestión.

Vivian Abenshushan, El clan de los insomnes, Tusquets (Andanzas), 2004.

Bibliografía:

-Silvia Federici, Revolución en punto cero: Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas. Traficantes de sueños. Madrid, 2013.

Brenda Pichardo (Ciudad de México). Ciencias de la Comunicación, en Facultad de Ciencias Política y Sociales, UNAM. Egresada del Seminario Género, Filosofía y Pensamiento Crítico en 17, Instituto de Estudios Críticos, donde también cursé el Seminario Cine Documental e Historia: confluencias. Renunciando a mi androcentrismo literario. Descubriendo la literatura diversa: otras narrativas, otras voces.

Contacto: brendapich@gmail.com

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