Tranvía ¿renovado?

el

Por Daniel Silva

Tras varios años de silencio en la escena mexicana, Un tranvía llamado Deseo vuelve con una nueva adaptación al Centro Cultural Helénico. La obra de Tenessee Williams llega para corroborar que la fecha de caducidad aún no le ha llegado y se impone bajo una propuesta renovada gracias, no sólo al elenco encabezado por Mónica Dionne, María Aura y Marcus Ornella, sino también al trabajo de dirección realizado por Iona Weissberg y Aline De la Cruz.

Como sucede con todo clásico, no faltará quien diga conocer al Tranvía, cuando sólo lo alude por las referencias en la cultura popular (un episodio de Los Simpsons, en Todo sobre mi madre) o, con mejor suerte, por la versión cinematográfica de Elia Kazan que reunió a Marlon Brando y Vivien Leigh. Blanche Dubois (Dionne) llega de visita a casa de su hermana Stella (Aura) para conocer su modus vivendi, el cual emparenta con un lujo otrora gozado durante sus años juveniles. La fantasía se desmorona en cuanto pisa el barrio y la casa donde ésta vive con Stanley (Ornellas), un militar tan rudo como amoroso. De la visita deriva, no sólo una confrontación entre realidad e ilusión ─abundante en nuestros días─, sino también las mentiras, el engaño como arma de supervivencia y la ambición de un algo ya perdido gracias al derroche económico y de fuerzas justificado tal vez, ya no por la supervivencia, sino para vivir intensamente.

Si bien el trabajo de escenografía, vestuario e iluminación son magistrales y logran adentrar al espectador en esa Norteamérica de los años cuarenta, repleta de música de jazz, sueños alimentados por el imaginario cinematográfico y de noches eternas con los amigos jugando a las cartas o al boliche, los elogios respecto al nivel actoral son casi nulos.

Cierto es que Blanche reitera a cada momento su malestar nervioso. Mónica Dionne, no obstante, logra transmitir por lapsos dicho padecimiento, si no se transforma este en una absurda exageración. Por otro lado, la fragilidad y la abnegación de Stella se vuelven trizas en manos de María Aura, cuya entonación vocal ─dotada en su mayor parte de valemadrismo fresa que de los sentimientos reales de su personaje─ no coincide con la expresión corporal, único acierto en su representación. Mitch, interpretado por Rodrigo Murray, quien es hechizado y embaucado por la aparente inocencia de Blanche, tiene matices demasiado livianos y despreocupados, atributos discordantes en un rol que exige verse como un tonto, mas no como un chico “fresco”, si se permite el término.

Marcus Ornellas es quien logra involucrarse por completo con Stanley, pues demuestra que más allá de romperse la camisa (literal) en público, la violencia machista está magistralmente proyectada tanto en su voz como en sus movimientos corporales.

Deseo parte en una semana. Por ende, no está de más abordarlo. El público sabrá si amar, odiar o, en el mejor de los casos, quitarse la tentación de acercarse un poco al clásico de Williams y saber que Blanche Dubois no es sólo una parodia de Marge Simpson.

Daniel Silva B. (México, DF., 1989). Egresado de la licenciatura en Creación Literaria del Centro de Cultura Casa Lamm. Amante de la buena prosa, enemigo a morir de todas las películas de Marvel y amante de los buenos melodramas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s