Refractario, una visión ecléctica

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Coral Medrano
Ilustración de Coral Medrano

Por Kevin Aragón

Todo poema es un acto de resistencia, un intento de oposición frente al olvido. Tal vez por eso Eduardo Parra Ramírez haya titulado a su último libro de poesía Refractario, adjetivo que se utiliza para calificar a los materiales que resisten sin inmutarse —de igual manera que las mitológicas salamandras— a las altas temperaturas del fuego, que en este caso se puede interpretar como símbolo de la destrucción provocada por el paso del tiempo.

Con este intento de permanencia, Eduardo Parra nos devela sus poemas desde seis lugares propicios para su particular contemplación del mundo —Ático, Ventana, Litoral, Sótano, Alcoba, Cuaderno—; independientes, pero que en conjunto ilustran una ecléctica visión, que a pesar de las numerosos ecos de la tradición de la poesía mexicana —José Gorostiza, Xavier Villaurrutia, Octavio Paz, Efraín Huerta, Eduardo Lizalde, entre otros— , hace un intento por ser original y propia; también otra manera de resistir bajo el quemante sol que no conoce nada nuevo.

Así es como desde el Ático podemos observar, la descripción de un mundo interior hecho de melancólicos e hirientes espejos, camas enfermas y un terrible miedo a lo que pueda suceder en la realidad externa; un deseo por motivarlo y “prolongar los desiertos personales” a través del silencio, estado en el que percibe una perfección que se define precisamente cuando éste no existe, una posibilidad de entender la natura secreta de las cosas a través de su liberación para “Que prospere la verdad de la piedra/ adherida al mundo por su callado peso”. La torre de marfil del poeta no sólo como refugio, sino como medio para el entendimiento.

Cuando Eduardo Parra enuncia desde esa franja de tierra junto al mar, el Litoral, se reconoce lo nimio del alcance del hombre: “Lanzo al mar la mirada/ como una red/ que quiere ser abrazo al infinito/ pero es prisión de un breve tiempo humano”; así como la condena a perecer de todas cosas, entre ellas nuestra propia especie: “La ola engulle al pez/ restaurando la playa/ También las humanas huellas reciben sepultura”; también se piensa el mar como un símil del amor en el que “Entrar los genitales es el primer gran salto”, la experiencia sexual como un acto aún en las zonas poco profundas, a las cuales se puede acceder sólo tomando el riesgo de “ahogarse o regresar a la dureza/ para volver a entrar desmemoriado”.

Pero un Cuaderno también es un mirador que el poeta dirige hacia la escritura misma, en el que es consciente de una necesidad de decir: “Al final de la noche/ hay un texto deforme/atrapado en la boca/ y el ruido se agazapa”; pero en él también reconoce esa  incapacidad de nombrar lo inefable: “Entre el ojo y la cosa/ no hay línea recta/ sino grieta que declara el desgaste”, un mirador donde la palabra no basta y de nuevo el silencio brota con su perfecta forma.

Eduardo Parra Ramírez (Ciudad de México, 1970) es un escritor de una amplia carrera literaria en la que ha cultivado la poesía, la novela y el cuento; su poemario Refractario fue merecedor del Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2007 convocado por el Instituto Guerrerense de la Cultura.

Parra Ramírez. Refractario. Malpaís Ediciones, México, 2016. Foto: Malpaís ediciones

Kevin Aragón, estudiante de Lengua y Literaturas Hispánicas, UNAM. Actualmente reportero en el área de Difusión en Prensa Cultura UNAM.

Facebook: /Kevin.aragon1

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