La deslumbrante sencillez: Manantial transparente

el

Por Genaro Ruiz de Chávez O.

Hay una extraña familiaridad en los poemas de Manantial transparente, obra del poeta y sanador peruano Pedro Favaron. Este libro está habitado por palabras sencillas en las que el lector puede advertir una intensidad inusual, pues a través de su transparencia se aprecian experiencias vibrantes, poemas o himnos naturales que alaban a todas las manifestaciones de la existencia. Es fácil ser suspicaz frente a esta transparencia; se vuelve necesario buscar cosas que no están ahí, sentidos figurados, estructuras, ritmos, figuras retóricas… complejidad.

En Manantial transparente (ed. 20.20, 2016) encontramos dos tendencias entrelazadas. Una de ellas es de índole taoísta y presenta una escritura afín al precepto del wu wei, o “hacer sin hacer”. Favaron procura sugerir, por medio de negaciones, delineando el espacio entre palabras y silencio, lo pronunciable apuntalado por lo inefable, lo que bien nos remite a la máxima: “el Tao del que se puede hablar, no es el Tao”.

De este vacío emana el recurso más utilizado en el trabajo realizado por Favaron en Manantial transparente. Para ejemplificarlo, no estaría de más citar este poema que parafrasea a uno de los pasajes más memorables del Tao Te King:

“Tenemos un cuenco decorado con fina pedrería. Hecho por los más diestros artesanos. A los cortesanos deslumbra, ansiosos de poseerlo. Pero el cuenco no se realiza gracias a los bellos diseños de su exterior, ni por ese brillo que ha de oxidarse. Es merced a su vacío que todo recipiente es capaz de contener agua y cumplir su función”.

Por otro lado, los poemas que componen el libro señalan hacia un misterioso ritual: la liturgia del gran libro de la naturaleza, libro alegórico en el que están escritas todas las cosas del mundo y del cielo, en cuya lectura existe la posibilidad de sanar o recomponer a quien lo sabe leer.

En estos días, me parece sorprendente encontrar una poesía cuya mayor potencia radique en la sencillez. Hombre de ciudad, el pesimismo y la estridencia me resultan afines, y de ahí la extrañeza que encuentro en los poemas de Manantial transparente, textos que me parecen deslumbrantes, imbuidos de una pureza desconocida, y en los que noto una invitación para retornar a una, a alguna, condición original.

No obstante, en este caso la sencillez no debe ser entendida como abandono. La poética que anima Manantial transparente ha nacido de un ejercicio de contención y precisión realizado por Favaron; ejercicio que asemeja aquel de los místicos tradicionales y su recorrido por las vías purgativa, iluminativa y unitiva, respectivamente. En el texto introductorio a Manantial transparente, Favaron subraya el nacimiento de estos poemas como un suceso natural:

“Estos poemas me fueron surgiendo, sin artificio, poco a poco, durante mis estancias en los bosques húmedos de la selva peruana. Se deben al influjo y contemplación de estas rústicas geografías, y a la amistad de quienes las habitan”.

Auspiciada por la figura tutelar de Kokopelli, la editorial 20.20 nos acerca este texto por demás interesante, al cual, creo que el lector debería entregarse de manera franca, suspendiendo toda incredulidad por el tiempo que dure su lectura; entregarse a ese “instante absuelto y puro” emanado del  manantial aéreo a donde regresan todas las almas puras.

Pedro Favaron Manantial Transparente Ed. 20.20 México, 2016. 196 páginas.

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