Gustav Klimt y la supremacía erótica femenina hecha oro

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Por Itzel Fernández Ortega

Gustav Klimt nació en Viena el 14 de julio de 1862, fue el segundo de siete hermanos y perteneció a una familia grande en la que la mayoría se dedicó al arte o a la artesanía. Su padre fue grabador de oro y su madre una cantante frustrada de ópera. Conforme pasaron los años, los Klimt sufrieron problemas económicos, hecho que no impidió que la mayoría ingresara a la Escuela de Artes y Oficios de Viena, en la que aprendieron a elaborar sus propios pigmentos para pintar, confeccionar mosaicos y a trabajar con metal. También adquirieron influencias artísticas griegas, egipcias y del folclore eslavo.

Cuando Gustav cursó la universidad, admiraba a los pintores de moda, sobre todo a Hans Makart del que adquirió enseñanzas clásicas. Junto a sus hermanos, elaboró diversos trabajos para edificios públicos, como los frescos que se encuentran en la bóveda central de Burgtheater en Viena, por este trabajo, Klimt recibió la Orden de Oro al Mérito, reconocimiento otorgado por el Emperador Francisco José I de Austria. Desde entonces se le nombró miembro honorario de las universidades de Múnich y Viena, lo que le permitió mantener a su madre y hermanas cuando su padre y hermano mayor murieron. La muerte de estos repercutió en el trabajo artístico de Gustav.

En 1897 se convirtió en el fundador y presidente de la Secesión Vienesa, un movimiento modernista independiente que se convirtió en el principal grupo de producción artística de Austria, en los que destacaron cuadros, edificios, murales, muebles y ropa. Klimt, quien antes había desarrollado un estilo hiperrealista, se liberó de la crítica y dio a conocer Nuda Veritas (1899), un cuadro que contiene una cita de Friedrich Schiller, que le daría el estilo que finalmente adoptó: “Si no puedes complacer a todos con tu arte, complace a unos pocos. Complacer a muchos es malo”. Una declaración que después le costaría algunos escándalos.

Cuando el pintor ya había alcanzado la fama, el Ministerio de Educación y Cultura de Austria le encargó algunos murales para la facultades de Filosofía, Derecho y Medicina, pero sus pinturas provocaron indignación al ser clasificados como “pornografía”. Las pinturas debían trasladarse a la Galería de Arte Moderno pero en 1945 fueron destruidas por los nazis.

Los escándalos que había generado por sus obras sólo le trajeron popularidad entre la élite que lo veían como un artista rebelde. En respuesta, Klimt pintó a mujeres desnudas sin pudor como burla al puritanismo de Austria. Gustav Klimt fue un hombre subversivo para su época, rechazaba los atuendos formales vistiéndose con túnicas y sandalias, estilo que compartió con su fiel compañera Emilie Flöge quien con él llevaba esa túnica que representaba el pensamiento modernista y liberador. Emilie acompañó toda su vida a un artista provocativo y enérgico.

Del pintor destaca la famosa pintura Judith I, en la que por primera vez, Klimt usó pan de oro. La mujer sostiene la cabeza del general Holofernes, que ella misma decapitó para proteger al pueblo de Israel de la invasión del ejército de Babilonia, pero la pintura tiene una doble intención, muestra al hombre caído por el poder sexual de la mujer. La modelo que posó para hacer realidad esta obra fue Adele Bloch-Bauer, una dama rica quien embelesó al pintor. Klimt sentía fascinación y miedo por esta mujer, y este encanto que las mujeres le producían, dio paso a un arte que se atrevió a mostrar la supremacía erótica de las mujeres. Sus musas aparecen entre dorados destellos con sensualidad y descaro.

El artista también pintó a la bella modelo Zimmermann, cuando ésta esperaba un bebé del pintor. El cuadro donde ella aparece se titula Hope I y es una de las primeras pinturas en retratar de manera realista el embarazo. Más tarde, aquel bebé murió repentinamente cuando tenía poco menos de un año y, consternado, Klimt también pintó este acontecimiento.

El estilo del austríaco se caracteriza por sus ornamentos, colores y el oro en sus pinturas, por la representación de mujeres de todas las clases mostrando su sensualidad. Su gran inspiración fueron las féminas a quienes representó en sus diversas etapas: procreación, gestación, infancia, juventud, vejez y muerte, todas inmersas en una fuerte energía erótica.

A pesar de todo, Gustav Klimt se consideraba un hombre poco interesante, trastornado por las mujeres que pintaba. Solía decir: “no tengo claras mis relaciones. Lo único que sé con certeza es que soy un pobre idiota”. Y de estos amoríos Klimt tuvo 14 hijos con diferentes musas, sin embargo, mantuvo una relación con Emilie Flöge a quien también pintó en cuatro ocasiones.

Emilie fue una compañera cariñosa, respetuosa y fiel de un hombre que jamás pudo comprometerse con ella. En 1918 Gustav Klimt sufrió un ataque que lo dejó hemipléjico, por lo que decidió no tener más visitas, le avergonzaba su aspecto frágil y deteriorado, pero pedía constantemente la compañía de Flöge.

Klimt, tras haber padecido un infarto y la fiebre española, murió de neumonía el 6 de febrero de 1918. Su legado hoy es cada vez más valorado, de hecho en 2006, el retrato de Adele Bloch-Bauer I se convirtió en una de las pinturas más caras de la historia: se subastó en 135 millones de dólares.

Foto: Wikimedia Commons

Itzel Fernández estudió comunicación y periodismo en la FES-Aragón, UNAM, pero le gusta más la Literatura. Lee y escribe por amor, ama las mascotas. Su mayor logro es mantenerse fuerte y humana ante la vida.

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