Neruda

Por Josué Guerrero

La comunión que existe entre el bueno y el malo en ocasiones traspasa la limítrofe entre lo hostil para convertirse de alguna forma en un sentimiento conyugal. Neruda lo afianza de tal manera que termina siendo poético en vez de una cacería.

Pablo Larraín es exquisito al momento de contar historias. Lo mismo lo hace en el cine hollywoodense como en el de arte. Puede tomar la narrativa de uno de los asesinatos políticos más famosos y lo convierte en una tragedia sentimental (Jackie, 2016); o también el pasado de su país y realizar un filme de identidad y nacionalismo (No, 2012), o finalmente, presentarnos un personaje tan sagrado como el gran símbolo cultural de su tierra, el Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda, y hacer un thriller con destellos noir.

El director chileno, con apenas 40 años de edad, trae a la pantalla grande su séptimo largometraje que lleva por nombre Neruda, no es una biografía sobre el poeta, sino que toma un pasaje de la vida del también político, entre 1946 y 1948, cuando el entonces presidente de Chile, González Videla, ordena su detención por ser representante, en calidad de senador, del partido Comunista. Aquí comienza a desenvolverse una persecución al estilo al gato y al ratón. Entre un personaje simbólico y un policía a quien da vida Gael García Bernal. Decir que es la mejor actuación del mexicano llevaría mucho peso, pero sin lugar a dudas, sí es una de las más maduras. Se nota un actor con temple, relajado, y no sólo en la actuación, también físicamente.

Fusión poética

Larraín tiene una conexión con ciertos actores. Como si se tratase de una especie de cábala, el director trabaja de nueva cuenta con Luis Gnecco y García Bernal, lo hizo anteriormente en No (2012), cinta que estuvo nominada a los Premios Oscar en 2013 a mejor película extranjera. Aunque el reparto es más extendido, son tres los personajes esenciales en la historia, y una de ellas es la argentina Mercedes Morán, quien interpreta a Delia del Carril, esposa de Neruda, símbolo importante en la cinta, ya que es ella quien guía al poeta y se convierte como en una sombra de apoyo en su persecución y también en cómplice durante las fiestas de su marido, todas llenas de sexo, alcohol, orgías; un ambiente burlesque que satisfacía la vida del protagonista en aquella época.

Neruda de Pablo Larraín

Mejor imposible

La trama es deliciosa. Si Larraín deseaba no contar la vida del poeta sino hacer un poema con esta cinta, lo logró. Las escenas se van dividiendo y cada una toma un relevancia importante. Se exhiben poemas de Neruda, incluso se le ve escribiendo Canto general, a la vez que es perseguido por el policía Óscar Peluchonneau (Gael García Bernal), dispuesto a hacer de todo con tal de consagrarse ante el presidente con la caza de Neruda. Se presenta como el mejor detective pero conforme avanza la trama éste se descompone. Le es difícil dar con su presa. El Premio Nobel siempre está un paso adelante y llena de frustración a su “verdugo”. Cuando cree tenerlo entre sus manos siempre hay un motivo para que se escape, parece seguir a un fantasma amado por el pueblo. Al punto que la desesperación se apodera de él; ya no es la encomienda del gobierno la que lo hace seguir adelante, es el ego y el no poder no capturarlo. Se ha vuelto un capricho, pero, mientras, Neruda disfruta de su andar y su escapatoria a caballo por terrenos llenos de nieve.

Aún hay más…

Podríamos decir que este filme es la consagración de Pablo Larraín como director, pero es muy pronto para afirmarlo. Queda claro que es uno de los realizadores contemporáneos como mayor visión y talento. Mezcla diferentes géneros, pasa por el drama, el thriller, el humor negro, western y hasta el cine de gángsters; sí, utiliza cromas en los viajes por automóvil con la firme intención de que se vean burdos y el espectador ría y los disfrute.

Pero no todo está a cargo del argentino, en su equipo entran dos personas importantes, vitales para que esta película sea exquisita. Guillermo Calderón en el guión y Sergio Armstrong en la fotografía. El primero combina narración, literatura y poesía a partes iguales. Incluso la voz en off de Gael seduce el oído del público y envuelve cada instante. Es sublime, atrae, te lleva de la mano, crea un vínculo entre espectador y actor. Cada narración lleva lirismo puro. Por su parte, Sergio Armstrong, fiel colaborador de Larraín, lleva al extremo la utilización de la luz natural presente en sus filmes anteriores. Los planos característicos en los que una luz tenue atraviesa las ventanas sin fuerza son de una belleza cautivadora. Así como la decisión de intentar ser realista con las características del medio en 1948, tanto en los paisajes como en las tomas.

Ingenio deslumbrante

Neruda se convertirá en un clásico en la filmografía de Pablo Larraín. No importa que no ilumine y cultive al público sobre la gran figura de Pablo Neruda, al fin y al cabo para eso están sus obras y su biografía. En cambio, podemos disfrutar de buenas actuaciones, fotografía, guión y poesía en la pantalla grande.

Neruda de Pablo Larraín

Josué Guerrero. Soy melómano por naturaleza y periodista de profesión. Escribo de música, cine, teatro, autos.Todo lo relacionado con el lifestyle.

Twitter: @josuegmt

Facebook: Josue Guerrero

Instagram: _jozuet

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