Reflexiones inútiles de la Ciudad y sus habitantes

el

Por Zulay Saxe Castro

I

Amanecer y anochecer comparten el mismo tono, los dos son limbos donde no es noche ni día, a esas horas las almas se mueven silenciosas esperando lo concreto:

Un sol, una luna. 

El cielo gris apacigua a los corazones rotos que gustan de rondar las calles a esas horas, sin mirarse mutuamente, avergonzados de su pena y suspirando el aire frío. Yo los he visto, flotando como sombras tristes con la mirada perdida en algún recuerdo, y cuando la luz o la oscuridad finalmente se muestran, las sombras van retomando sus formas humanas, las miradas vuelven al mundo, los pies tocan el suelo y poco a poco salen de su letargo auto-inducido. Se materializan con naturalidad, vuelven a su rutina y se funden en la ciudad olvidando su dolor hasta que llegue el nuevo limbo. 

II

Un día, después de varias horas caminando por el Periférico bajo el agobiante sol del mediodía, sudando y con bochorno, me dirigí a un puente peatonal, recargué la mano en el barandal y noté después de unos segundos que estaba infestado de hormigas. El impulso lógico hubiera sido quitar la mano de ahí, pero el agotamiento y deshidratación me impidieron seguir al ímpetu de la razón, no moví la mano, observé el estrago que había causado en la vida de las hormigas, algunas habían muerto aplastadas, sus rutas de ida y venida se habían visto abruptamente interrumpidas y ahora se movían caóticamente sin saber a dónde dirigirse. Es admirable la persistencia que pueden tener los seres vivos ante la destrucción, al cabo de un minuto las hormigas habían creado nuevas rutas sobre el desastre, caminaban sobre mi mano y su vida poco a poco se normalizaba. 

La novedad del caos sólo duró unos segundos antes de volverse costumbre. 

Eso es esta ciudad, pensé mientras veía a las hormigas retomando sus rutas sobre mi mano sudada. La normalidad construida sobre el caos, una civilización construida sobre las ruinas de otra, la Catedral Metropolitana sobre el Templo Mayor. Tenochtitlán hundiéndose. Los huesos de los muertos no pueden aguantar el desastre de los vivos. Quité la mano y vi a las hormigas muertas pegadas en mi palma, regresé la mirada al barandal y admiré el nuevo caos que había ocasionado, lo disfruté por los segundos que duró antes de que las hormigas siguieran su vida y olvidaran mi existencia. 

Como tú.

Como esta ciudad maldita.

III

Cuando uno sale a caminar a la calle, a ciertas horas puede ver los humos que cubren a  los habitantes de la Ciudad de México; por un lado, el humo verde del hastío, por el otro, el azul de la esperanza. Es curiosa esta mezcolanza, puedes ver a las personas envueltas en distintos tonos de humo, algunos inhalan verde pero exhalan azul, hay otros que están cubiertos por una nube de hastío tan espesa que no puedes ver sus rostros. En los lugares conglomerados, como el metro, es fascinante ver los cambios y nuevos tonos que se crean, pareciera que todo es una sola mancha de hastío, pero entre la nube verde emergen pequeños suspiros azules; el humo de los enamorados, de los que sueñan, o de los que simplemente se alegran de estar vivos. El humo más azul es el de los que esperan. Pero si esperas mucho, te pudres y te vuelves verde.

Cabe mencionar que cada tono es distinto, incluso en densidad, hay personas que viven rodeadas de un espiral perfecto de azul y verde, que habitan pacíficamente en un desequilibrio dinámico. Hay otras personas que cargan un verde olivo tan fuerte que se hizo rojo violencia, si te encuentras a uno de esos, retrocede, el rojo es altamente contagioso. Todos estos humos tienen un tono amarillo smog, inherente de la ciudad y cuando salen de ella, ya sea al bosque o al campo, se limpian y se vuelven morados, una mezcla entre esperanza y dicha (y pulmones limpios).

Este humo no se puede ver en un espejo, nadie puede ver su propio humo, la única manera de hacerlo es mirándote en el reflejo de los ojos de alguien más.

Foto: echelonbaxter@ymail.com http://www.flickr.com/photos/abcalu/5651693857/sizes/l/in/faves-83466550@N06/
Foto: echelonbaxter@ymail.com http://www.flickr.com/photos/abcalu/5651693857/sizes/l/in/faves-83466550@N06/

Zulay Saxe Castro (1994, Ciudad de México). Fotógrafa y estudiante de antropología social en la ENAH, tiene una relación amor odio con la Ciudad de México y el mal hábito de usar palabras rimbombantes (y muchas veces innecesarias) para llenar vacíos; todo tipo de vacíos, desde los existenciales hasta los creativos, y en este caso, su semblanza.  Instagram y Twitter @Zzoolay

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