La escritora azul

Por Ana Lobato del Castillo

 

Capítulo 1

Todo había cambiado. Pero las calles eran iguales anchas y grises, las personas espectros congelados del tiempo. El pueblo de la zona central conservaba la esencia de foto antigua, descolorida e inmóvil, con la novedad de algunos anacronismos. Rosa María aún vivía allí con la saeta clavada por el paso del tiempo. Ella vio como sus amigas abandonaron cada rincón cálido para convertirse en un hueco frío. Unas se fueron del país, otras dejaron el seno materno buscando cambios.

Capítulo 2

Me siento como si estuviera envuelta en una caja de regalo vieja. Lástima que nadie me quiera cerca. A quién le voy a importar, carajo. Me he quedado postrada en esta cama. No entiendo qué voy a hacer… maldita sea… si pudiera salir corriendo… no sé, iría a cualquier parte. No soporto esta realidad.

Magda entró en el cuarto. Traía un pomo con jugo de naranja y una jabita de nylon. Había un terrible olor a desinfectantes. La vida se presentaba como un paisaje seco. Hacía dos meses que la visitaba, pero aún ella no había reaccionado. Posiblemente, se quedaría así, como una planta mustia asfixiada por el encierro.

 

Capítulo 3

Rosa María siempre fue una extranjera en su propio terruño. De niña introvertida y temerosa, tradujo su frustración en relámpagos y lluvias. Empezó varias cosas pero nunca las terminó. Dejó inconcluso el curso de inglés, porque Yosvany y Yoel, se rieron cuando pronunció una palabra con timidez… issss you canif you can. Abandonó la pintura cuando una tía le dijo que los colores de su cuadro eran “bonitos” pero “a quién le iban a gustar esos mamarrachos.

Terminó casándose con un muchacho bastante acomplejado, que reparaba equipos electrónicos. Julián pasaba horas ante circuitos e integrados, observando cada detalle de las tarjetas electrónicas. Muchas veces olvidaba comer y hasta bañarse. Cuando ella se le acercaba como perro manso, él le decía que lo dejara en paz, que tenía mucho trabajo. “Tampoco hay dinero para salir” concluía. Ella sentía un portazo en la cara.

Capítulo 4

Esa mañana estaba desesperada. Se sentía muy encerrada. Necesitaba salir, ver las palmas… la enfermera se acercó e hizo los exámenes de rutina. Ella estaba desmadejada en la cama como una muñeca de trapo con la mirada perdida. Limpió sus  miembros, sus genitales, la secó de manera mecánica.

“Déjame, no me toques, déjameeeeeeeeeeeeeee… Me estoy volviendo loca y nadie lo sabe. Bueno la locura siempre ha estado en mí. Qué voy hacer, esto no es vida. Por qué no me acabo de morir. Y esa luz azul, me gusta el color. Siento el sonido del violín, me iré en dulce sueño de transparencias azules y tú no sabrás mi nombre…”

Capítulo 5

En un lejano noviembre de veladuras marítimas decidí abandonarlo todo. Los ruidos cotidianos y voces se acallaron, mientras me acercaba a la dimensión de mi propia voz. Esto fue un salto a un pozo profundo cuyas paredes albergaban enigmáticas máscaras y rostros que me gritaban incoherencias. Las voces se transformaron en el rugido de un león.

Sentí el sabor salado y un mojado entorno dialogando con mi piel. Después un terrible ahogo se apoderó de mí, no podía respirar, estaba en las profundidades, era imposible encontrar la superficie. Mis pensamientos cesaban, se extinguía mi razón por la nada. De pronto una sensación agradable me invadió, nadaba libremente, tenía branquias.

Capítulo 6

Julián entró en la casa. Se quitó los zapatos. Sacó un pequeño sobre y esparció su contenido por una superficie transparente. Los observó. Le gustaba mirar sus exquisitos movimientos de bailarines, la rapidez, la suavidad y paz que emanaba de ellos.

Se preparó un pan con jamón y un refresco. Decidió reanudar su trabajo. Después del accidente lo había invadido una rara tranquilidad. No experimentaba ni alegría ni tristeza.

Capítulo 7

Rosario llegó a la casa vacía. Sacó unas fotos. El cuerpo enjuto se contrajo en un estrepitoso sollozo. No entendía por qué le había pasado eso a su niña, a su pequeño bultico que ella acallaba con besos y mimos. “La vida es demasiado dura, coño, por qué a ella…” pensó.

Escuchó el ruido de la llave, la puerta se abrió. Magda entró ensimismada. La saludó con desgano. Le quitó las fotografías de las manos huesudas, las guardó en una gaveta de la cómoda. Le dio un beso en la frente para consolarla. “Vamos a preparar el almuerzo”, dijo.

Capítulo 8

“Floto a través de los violines en este planeta por mi creado. Amo mi cuerpo, mi complexión de pez, con ese toque sensual de fina cintura a lo Cecilia Valdés, esas sinuosas caderas y mis tres pechos erguidos retando al mundo. Mi boca es un eterno silbido que crea micro universos en cada burbuja.
Habito en los restos de un galeón del siglo XVII, sepultado por el misterio del mar. Allí encuentro en cada objeto el aliento de los años pasados. De una época que no viví pero quise imaginar a través de libros y películas. No estoy segura de que esto sea la felicidad. Pero es mucho mejor que todo lo que visto antes. Me gusta escribir cada mañana en el alba azul-verdosa de las profundidades.

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Ana Lobato del Castillo (Placetas, Villa Clara, Cuba, 1979). Actualmente radica en Guadalajara, Jalisco, México. Periodista, dibujante y pintora. Sus artículos culturales han sido publicados en las revistas cubanas Signos y Juventud Técnica. Participó en la sección Galereando del programa “Razones”, en emisora COCO (Cuba). Pertenece al taller de minicuento de Letras Tintas. En la actualidad, colabora de manera permanente con Diario de los Altos de Jalisco, en Jalostotitlán. En dicha publicación tiene dos secciones: la Cultural y Secreter Azul (de ficción). Como artista plástica ha participado en alrededor de 80 exposiciones colectivas en Cuba, España y México. Recientemente participó en la Exposición Colectiva e Itinerante “Tierra de Tequila” en Club Puerta de Hierro, así como en numerosas subastas de arte en la ciudad de Guadalajara. Además, ha realizado varias muestras y exposiciones personales en Cuba y en México. Por otra parte, ha figurado como ilustradora en revistas culturales y se ha desempeñado como curadora de exhibiciones de artes plásticas.

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