Sobre Angélique y sus efectos embriagantes

Por Emiliano Mora Barajas

Angélique, de Eduardo Castañeda, trata sobre la historia de una cantante negra que llega a residir a la ciudad de México a finales de los cincuentas. La obra actualmente tiene temporada en el Centro Cultural Helénico y, como la vida en cualquier bar, es decepcionante. Abundemos con ejemplos. Las personas resultan más hermosas a la luz de unos tragos. En copas las conversaciones inútiles son interesantes. Las decepciones parecen disminuir su dolor si tenemos una botella. ¿Pero qué pasa cuando salimos del bar y transcurren unas horas? La persona que conociste y ahora duerme a tu lado, en realidad, es bastante fea. Su conversación, más tarde, te resulta francamente desesperante, y, al viejo dolor emocional que tenías, se le ha sumado el malestar físico de la resaca. ¡Oh sí, así son esos lugares, encantadores del alma! No comprenderemos su importancia, hasta que no le demos un verdadero valor moral al sufrimiento.

Entonces, tenemos a Angélique que todo el tiempo está ofreciendo una copa de vino. Literal, en la puesta en escena, te están vendiendo vino para que puedas entrar al juego de seducción, para transportarte al ambiente del lugar de encuentro nocturno —entiéndase bar, cabaret, etcétera— de los años cincuentas. No hay, para variar, nada de escenografía. Es una lástima que el montaje mexicano le dé tan poca importancia a lo escenográfico. O, es una lástima que se le otorguen tan pocos recursos al montaje mexicano. O, es una lástima que seamos incapaces de producir montajes con escenografía. Como sea, no creo que, en aquella época, una copa de vino fuera el trago más frecuentado. Me cuesta trabajo imaginarlo, pero bueno utilicemos la ficción como verosimilitud y no le demos importancia. Y disfrutemos del concierto que Angélique nos ofrece acompañada de un trío de jazz bastante convencional, pues en eso consiste la puesta en escena: un concierto-monólogo de una francesa que se ha venido a vivir a México. ¿¡Qué al final resulta que no era… Bueno, si quieren saber por qué decepciona, vayan al teatro.

Angélique. Foto: Pili Pala
Angélique. Foto: Pili Pala

Emiliano Mora Barajas (1986, Ciudad de México). Aún no parece que vaya a conseguir el título en Letras Hispánicas, carrera que cursó en la UNAM. Trabaja haciendo libros: investigación, transcripción y corrección de estilo. Este año colaboró en el libro Retrato íntimo de Joan Sebastian, la exposición “Erotismos, la vida íntima de los objetos” y, actualmente, se encuentra preparando la tercera emisión de Verbo, Festival de poesía. Piensa que la poesía es más grande que Dios.

 

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