Dulzura americana: joven energía femenina

Por Itzel Fernández Ortega

La historia de Star —Sasha Lane— comienza desde el momento en que abandona a su familia; comprende que un padre que abusa de ella y una madre a la cual no le interesa, no podrán darle lo que necesita en el momento más demandante de su vida, su juventud. Dulzura americana (2016) es una película que habla sobre la búsqueda de identidad y de una vida “mejor”.

Star, después de ser atraída por Jake —Shia LeBeouf—, se une a un grupo de jóvenes que se dedica a la venta de suscripciones de revistas alrededor de Estados Unidos, publicaciones que carecen de sentido en una época como la actual. Sin embargo, el grupo hace su mejor esfuerzo por ganarse el derecho de continuar en un viaje en el que se comparten algunos intereses, como la música, el alcohol y las drogas.

Dulzura americana, película de Andrea Arnold, pone especial atención en la dinámica grupal, en la que se puede distinguir el rol que juega cada uno de los integrantes que la conforman, principalmente en la líder, Krystal —Riley Keough—, quien se dedica a mover al grupo con el poder que, sabe, puede ejercer su belleza y seguridad.

Pero la energía femenina de Star no se encuentra en su belleza, sino en su valentía, decisión y emociones. Una vez más, Arnold nos presenta a una protagonista femenina genuina. Es debido a ella que el panorama desolador de las clases marginadas que nos muestra la cinta, se percibe con sutileza.

Star es una joven que sueña con cambiar su futuro desde la energía que le brinda el amor que siente por Jake, sin embargo, aunque él le corresponde, sus gestos son cobardes. Sí, puede decirse que también es una historia de amor, desde varios sentidos: el amor por disfrutar la vida, por continuar con un viaje incierto. Este sentimiento se presenta como el combustible para lograr lo que se desea; mientras, el trayecto es una metáfora, un camino sin dirección, en el que no se sabe qué viene después, ¿no es así como transcurre hoy la juventud?

Esta historia también trata sobre disfrutar el presente, sin importar las circunstancias en las que se viva, pues la película nos muestra también un Estados Unidos desigual, plural, irracional que a ratos, debido a las esperanzas puestas, parece dulce.

La cinta, por su duración, puede tornarse tediosa, pero vale la pena contemplar su fotografía, la música y su magnética visión femenina.

Itzel Fernández estudió comunicación y periodismo en la FES-Aragón, UNAM, pero le gusta más la Literatura. Lee y escribe por amor, ama las mascotas. Su mayor logro es mantenerse fuerte y humana ante la vida.

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