De la antología de basura publicada por Ashauri López

ashauri

Por Pedro Montes de Oca

Todos conocemos a Ashauri López o hemos escuchado algo sobre él. Todos hemos visto cómo se revuelca cuando hace sus performances en el foro móvil La Chula. Sí, también nos hemos dado cuenta de que cada cosa que escribe en Twitter tiene un millón de favs: “voy a cagar” cincuenta mil, “esta mota está bien pegadora” dos millones. No pocos han notado que tiene cierto aire de directioner y que el THC ha manchado sus dientes de un amarillo como el de los ingleses. Sí, todos conocemos a Ashauri, ¿pero alguien se ha detenido a leer La guácara romántica, antología de basura publicada en internet? Hoy me di a la tarea de hacerlo.

La guácara romántica se puede concebir como “una carta de secundaria mal redactada” (basta con ir al quinto poema de la antología para entender de qué hablo), que fácilmente asustaría a una mujer tapatía panista. En esta carta las constantes sugerencias a que la amada se quite los chones, se meta “una paleta de amor entre las piernas” o se deje nalguear después de una fiesta son un guiño que se mofa de la acostumbrada solemnidad de los poetas y, en general, de la gente de letras.  

La poesía, o lo que quiera que sea, de Ashauri es un receptáculo del humor; el estilo de vida y la forma de ser de la generación de finales de los ochenta y mediados de los noventa que creció usando Myspace y escuchando Reactor ya Radioactivo había desaparecido. Cada poema es como un meme que línea tras línea muestra con cierto humor amargo un desprecio por esta época:

Todo lo que tiene ritmo duele, despertar solo y con la ropa puesta te duele. Comer con veinte pesos te duele. Quedarte todo el día entre cobijas y esperando algo que no existe te duele. Soñar con sus ojos sus labios sus piernas que se abren hasta que te duele. Despertar a media noche con todas las luces de tu cuarto encendidas te duele. Abrazar al gato porque no la puedo abrazar a ella te duele. Poner Titanic en Netflix te da pena y te duele. Ver cómo Jack se muere por salvar al amor de su vida te duele. Comer muchas papitas te duele. Sentir que estás engordando porque la extrañas te duele. Salir a andar en bici ya no duele (p.27).

Al nombrar a su propia producción “basura”, Ashauri se evita futuros conflictos con expertos, por ello no debe temer a encontrarse con grandísimos teóricos del arte, como Roland Barthes o la afamada Avelina Lesper, quien, por desgracia, nunca disfrutará de textos como “La balada del orín en la boca”, “Los dedos entre tus piernas” o de pasajes tan emocionantes como “te ves bien guapa frente al escusado de rodillas mientras te veo vomitar toda la historia” (p.33). Tal vez a la Lesper le haga falta una buena dosis de Ashauri, quizá sólo así se relaje un poco.

Para leer la basura de Ashauri no hay que tomar al autor en serio ni él lo hace, mucho menos a uno mismo. Tampoco hay que esperar una métrica delicadísima o una prosa tan pulcra como un mingitorio de El Palacio de Hierro. Sólo hay que relajarse un poco y aceptar que con los poemas de La guácara romántica uno no va a enamorar a la mujer deseada.

Ashauri López, La guácara romántica, Ediciones Acapulco, México, 2015.

Aquí un video para que escuchen a Ashauri.

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