Voyerismo y literatura: Maritza M. Buendía

Tangos para Barbie y Ken de Maritza M. Buendía, Textofilia.
Tangos para Barbie y Ken de Maritza M. Buendía, Textofilia. Foto: Majo Ramírez.

Por Majo Ramírez

Es una lluviosa tarde de otoño y camino por el parque México antes de llegar a la cita con Maritza M. Buendía. La autora de Tangos para Barbie y Ken (Textofilia, 2016) espera en una cafetería de moda a que se presente su libro, aprovechamos los momentos previos al lanzamiento para realizar la entrevista. La encuentro bebiendo café, sonriente y emocionada por el evento.

Maritza M. Buendía (Ojocaliente, Zacatecas, 1974) es autora de los libros de cuentos La memoria del tiempo (2003), El jardín de los cautivos (2005) y del libro de ensayos Poética del Voyeur, poética del amor. Juan García Ponce e Inés Arredondo (2011). En el 2005 fue galardonada con el Premio Nacional de Cuento Julio Torri y en 2011 con el Premio Bellas Artes de Ensayo José Revueltas. Además, ha sido editora de la revista zacatecana Corre, Conejo. Es colaboradora permanente de la revista Dosfilos e imparte clases de literatura en la Universidad Autónoma de Zacatecas.

 

La Liebre de fuego: Hoy presentas Tangos para Barbie y Ken y con estos cuentos ganaste, en el 2012, el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen. El premio te rindió gran satisfacción, pero sabemos que la escritura no es un proceso fácil ni rápido. ¿Cuánto tiempo te tomó escribirlo?

Maritza: Éste, en específico, es de mis libros en los que he tardado más en escribir y finalmente ver publicado. Ocho años, aproximadamente, si no es que un poco más; pero no quiere decir que en estos años sólo haya trabajado en este libro, sino que estuve concretando otros proyectos, otras cosas. Este era un libro al que siempre volvía, después de unos meses, otra vez.

L.F.: Cuéntanos un poco del libro. Alondra es el personaje de estas historias, pero ella ya habitaba otros de tus textos, ¿cuáles son ahora sus aventuras?

M: Alondra me persigue, a veces pienso que todos mis personajes femeninos son como desdoblamientos de ella, aunque se llamen de otra manera, pero Alondra empezó, o apareció, en mi primer libro de cuentos, La memoria del agua que publiqué en 2002 en Tierra Adentro. Luego, en el 2005, publiqué En el jardín de los cautivos, ahí no aparecía ella, pero sí un personaje femenino y uno masculino, porque mi apuesta era más hacia cierto anonimato, no se sabía exactamente quién narraba, quién hablaba, me centré más en el lenguaje de los cuerpos. Alondra aparentemente no estaba ahí, pero ahora vuelve en Tangos para Barbie y Ken.

Te cuento un poco sobre este libro. Alondra quedó huérfana y tiene que crecer al lado de su abuela, pero la abuela no le permite preguntar muchas cosas o simplemente no le responde. Entonces, lo que ella busca al principio, a través de sus juegos de muñecas con las barbies, es tratar de representar lo que ella cree que fue la historia de amor de sus padres. Intuye que hay algo trágico, algún hecho violento que los tuvo que haber separado. Conforme avanza la lectura, Alondra va creciendo, no deja de jugar a las barbies aunque parece que lo hace, y la historia se complica. Barbie, aparentemente, toma el papel protagónico y empieza a ser una especie de reflejo de la misma Alondra. Después, Alondra cree que encuentra en Rodrigo, su maestro de literatura, al amante ideal, aunque esté casado. Rodrigo se va perfilando como el desdoblamiento de Ken. En determinado momento parece que su relación es posible, pero se someten a una serie de pruebas para saber si son capaces de tolerarlas, de resistir.

L.F.: Para una entrevista afirmaste que querías que este libro fuera un híbrido entre cuento y novela, ¿cómo lo planeaste?

M: Te diré que ahora estoy enfocada a escribir novelas cortas, estoy pensando en historias mucho más largas. Creo que este libro me va a permitir la transición entre el cuento y la novela. No quiere decir que ya no vaya a escribir cuento, no me lo estoy planteando en esos términos. Ya he terminado una primer novela que espero que algún día se publique. El apostar porque este libro fuera al mismo tiempo cuento y novela, un género híbrido, fue muy difícil, porque por un lado tratas de cerrar el texto y a la vez quieres que esté abierto algún elemento para que se pueda continuar en el siguiente. Sí, hay momentos en los que, como autor, tienes que estar muy consciente de los elementos de verosimilitud y de que todo encaje perfectamente. La historia está planteada en distintos planos, de pronto yo misma tenía que estar muy consciente de cuántos planos estaba proponiendo.

L.F.: ¿Dónde más presentarás Tangos para Barbie y Ken?

M: Presentaré el libro en una lectura dramatizada en Zacatecas. También estaré en Aguascalientes, Hermosillo y en Toluca. De hecho, acabo de regresar de una presentación en Argentina.

L.F.: También eres docente, investigadora y has sido editora, ¿cómo han influido estas actividades en tu obra creativa?

M: Mucho, por supuesto. Yo creo que todo lo que escribo son ecos de mí misma en relación con todo lo demás; es decir, ecos de mí, de mis lecturas, de mis fantasías, de historias que escucho, trazos, trozos de lo que veo, de lo que vivo y lo que me gustaría que fuera. Creo que la literatura es generosa, entonces, en esa generosidad, la podemos abarcar desde distintos rubros. Desde distintas trincheras la puedes trabajar. En ese sentido yo no veo mi trabajo de ensayista como algo separado de la escritura de ficción, ni lo veo separado de mi tarea como maestra. Muchas veces, conversando con un grupo sobre la teoría literaria, me doy cuenta de que hay cosas que se pueden llevar al momento en el que uno se enfrenta a la escritura de ficción. Entonces, yo no lo veo peleado, lo veo como un complemento. El trabajo de corrección me ayudó mucho. En una editorial tuve la oportunidad de trabajar con el poeta zacatecano José de Jesús Sampedro: para mí fue como un descubrimiento al momento de hacer corrección de estilo. El corregir a otros te ayuda a aprender a escribir. La edición y corrección es un trabajo muy ingrato, porque parece que no estás ahí.

L.F.: Dices que te gusta complementar lo académico con lo creativo, ¿cómo te ha abierto esto campo para lo creativo?

M: Yo he tratado de írmelo abriendo. Todavía hay una separación muy tajante entre los creadores y los investigadores, porque pareciera que son dos mundos separados. He luchado porque no tengan que ser separados. A veces es difícil, pues es mucho más trabajo, pero de algo tenemos que vivir. Por eso te digo que la literatura te da para muchas cosas.

L.F. Como alumna de letras, ¿cómo te enfrentaste a que la escritura creativa se viera limitada por lo académico?

M: Afortunadamente tuve buenas guías, no me sentí coartada en cuanto a no poder escribir ficción. Más bien sentía que era una oportunidad para ensayar distintas formas de escribir: con el maestro que me permitía ser más creativa, le di todo a la creación; con el que me pedía ser más académica, pues corté y me fui hacia lo académico. Es ver desde dónde estoy parada, desde dónde puedo pensar el texto.

Por ejemplo, mi libro Poética del Voyeur, poética del amor, es mi tesis de doctorado, sobre Juan García Ponce e Inés Arredondo, con éste me titulé aquí en la UAM. Pero le quité las partes formales, lo metí al Premio José Revueltas y lo obtuvo. Es apostar a una especie de ensayo literario, que no por ser literario quiere decir que carece de un sustento de investigación. Igual la ficción: detrás de mi libro hay  muchas lecturas que me permitieron hacerlo.

L.F.: Hablando de Poética del Voyeur, el erotismo es un tema que ha marcado tu obra, ¿planeas seguir abordándolo o le darás un cierre?

M: Todavía seguirán esos temas del amor y el erotismo, no sé desde dónde ni cómo. En esta novela que te digo que ya tengo terminada, sí sigo en la misma temática, es diferente la historia, algo donde aparentemente Alondra no está, pero aparece como muñeca. La protagonista se llama de otra manera. Creo que continuaré con los mismos temas. Ahorita no estoy escribiendo propiamente algo, estoy tramando, pensando en  lo que sigue.

L.F.: Después de Tangos para Barbie viene tu novela, además, ¿qué otros proyectos estás trabajando, a parte de lo creativo?

M: Ahorita estoy escribiendo ensayo. También estamos apunto de sacar un libro de una selección de escritoras nacidas en los 70. Es una antología de nueve narradoras. Ya tenemos un año trabajando el libro con Textofilia y esperamos que salga a finales de este año. Es el proyecto que viene en seguida. Como es una selección, no están todas, no se puede; algunas de las que están en la antología son Paola Tinoco, Glafira Rocha, Socorro Venegas, Liliana Blum, Iliana Olmedo, Karla Zárate, yo. A partir de ahí estoy pensando en hacer un libro de ensayos sobre algunos escritores nacidos entre los 60 y 70, como Vicente Alfonso, Gonzalo Lizardo, que no es un autor comercial y es extraordinario, y Eduardo Antonio Parra.

Tangos para Barbie y Ken de Maritza M. Buendía, Textofilia. Foto: Majo Ramírez.
Tangos para Barbie y Ken de Maritza M. Buendía, Textofilia. Foto: Majo Ramírez.

L.F.: En otra entrevista afirmaste que “la historia de vida marca la forma de cómo escribas, leas, veas y comprendas el mundo, pero no está ligado tajantemente”, ¿cómo ha marcado tu historia de vida a tu obra?

M: Me preguntaron mucho si lo que escribía se trataba de mí. Al principio me sacaba de onda, me sorprendía. Ahora con los años a veces digo “ojalá fuera yo”. Quisiera ser la protagonista, haber vivido todo esto, pero no soy yo, lo cual no quiere decir que no esté de alguna manera, en el sentido en el que soy yo la que elige las palabras, soy yo la que orquesta. Es una paradoja, estás y no estás en lo que escribes, y en el momento en el que lo publicas, ahí definitivamente ya dejas de ser tú, es el texto, es el libro.

L.F.: ¿Consideras que algún autor ha influido en tu obra?

M: Te podría hablar de autores favoritos, les tengo tanto respeto y los admiro tanto, que me daría pena decir que ellos me han influido. Si ellos me leyeran, a lo mejor dirían “no, yo no la he influido, me leyó mal”. Entre mis escritores favoritos están Juan García Ponce, Inés Arredondo y Margarite Duras, que es de esas escritoras que te gustan o las odias, no te permite términos medios. Me gusta mucho leer teoría en torno al amor y al erotismo, porque me permite reflexionar sobre los temas que me gustan. Entre mis favoritos están Bataille, Klossowski, Ortega y Gasset y sus Estudios sobre el amor, Michel Foucault, que pudiera parecer una lectura que ya está rebasada, pero, a mí, Historia de la sexualidad me sigue aclarando muchas cosas de nuestro proceder en cuanto a los temas de la sexualidad, a lo mejor a grandes rasgos, pero eso ayuda a contextualizar dónde estás y por qué.

L.F.: Nos imaginamos que muchos de tus alumnos, que comienzan a escribir, se acercan a ti para pedir consejo sobre el oficio, ¿qué les recomiendas?

M: Simplemente que lean mucho, muchísimo. Que vayan a presentaciones de libros y que se empapen de la lectura.

L.F.: Por último, ¿cuáles son las cinco lecturas imprescindibles de Maritza M. Buendía?

M: Historia de O de Pauline Réage, lo recomiendo muchísimo; si te gustan estos temas de amor y erotismo, es un clásico de la literatura erótica francesa, es apabullante y asombrosa la manera en la que describe las torturas físicas por las que pasa la protagonista, porque las narra a través de un lenguaje poético y terminas enamorándote. Eso es lo que a mí me gustaría hacer, poder relatar algo que en otro contexto pudiera llegar a ser considerado una perversión o una nota roja o una crónica periodística, pero que dentro de la literatura se convierte en algo estético: el lenguaje, el uso de las palabras, lo transforma en eso estético.

El ensayo novelado de Klossowski que se llama El baño de Diana, es una prosa preciosa e inteligente. En éste fabula el mito de Diana y Acteón, que escribió Ovidio en Las Metamorfosis, y reinterpreta ese mito del voyeur; le da una explicación diferente a la de Ovidio. Lo que en el autor latino es por azar, en Klossowski se convierte en premeditación. El voyeur está buscando ver a la diosa desnuda, antes de mirarla, ya va imaginando por dónde pasó, por dónde posó sus pies en la hierba y toda esa ambientación lo empuja hacia el encuentro de la diosa.

El hombre sentado en el pasillo de Margarite Duras, es otra obra que me ha gustado mucho; esa mirada que tiene Duras es tan sensual y tan aparentemente anónima.

El ruido y la furia de William Faulkner, me sorprendió la estructura. Al principio no sabes quién está hablando, los personajes se llaman igual, ya después te das cuenta que quien narra es un adulto que tiene retraso mental. También influye en esto que está narrada en distintos planos, que son dos o tres generaciones y por eso se llaman igual los personajes.

Y, por último, el cuento “El gato” de Juan García Ponce. Es bastante sensorial, muy íntimo y delicado, de una prosa muy fluida. Te envuelve poco a poco en el espacio tan íntimo de la pareja, te invita a ser voyeur.

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