El rito del Demonio Neón

Por Genaro Ruiz de Chávez Oviedo

Jesse llega a Los Ángeles para convertirse en modelo. Ella tiene el “no sé qué” necesario para encumbrarse sin dificultad en el medio rapaz de la explotación de la belleza. Prácticamente es una niña, y su inocencia queda manifiesta desde el primer momento. Será la víctima perfecta para el Demonio de Neón.

Jesse conoce a tres mujeres que la inician en los misterios del rito. Tres furias, como tres son los rostros de la diosa triforme Hécate. La luna llena, propicia para los sacrificios de sangre, siempre se muestra fría sobre el panorama enjoyado de L.A. Jesse es ungida y presentada ante el sacerdote: un fotógrafo que, con su cámara y su semen dorado, apolíneo, la unge sobre el altar de las revistas de moda. Posteriormente será un diseñador quien la corone sobre el pináculo de la pasarela. Notamos ahí la ausencia física de la pasarela, los flashes de las cámaras y los rostros de los asistentes; todo parece suceder dentro de la cabeza de la modelo. Sólo vemos un triángulo de neón azul en el que Jesse se refleja por triplicado. Besa su propia imagen. La luz se ha vuelto roja.

Ella se empodera a pesar de los peligros que la rodean. Los animales predadores se han acercado, ávidos por devorar algo bello, como si trataran de comer la luz del sol. Un lince, una loba o un casero violador Keanu Reeves vuelto un fauno poseído de antigua lujuria. No obstante Jesse supera las pruebas gracias a su prístina inocencia y es coronada como una suerte de reina solar, pero cae en las manos de las tres brujas que la iniciaron en el rito de la belleza. Entra a la casa de la muerte, que es el velatorio en donde trabaja Ruby interpretada por Jena Malone, quien nos ofrece una de las mejores escenas de necrofilia desde Necromantic (Jörg Buttgereit, 1987). Por un momento, en el delirio extático, Jesse cree haberse impuesto sobre todo y sobre todos. Pero no. Desde un inicio ella ya estaba muerta y aún no lo sabía.

Las furias la sacrifican y luego devoran, se imbuyen con su belleza al tragar su carne divinizada. Adquieren un nuevo halo, pues el resplandor ha sido transmitido a través de la ingesta, y ese resplandor es capaz de disolver las tinieblas y la falsa belleza. Pero los dones divinos son terribles e incontenibles, y ellas son destruidas a causa de su hybris. Antropofagia ritual, maquillaje y música techno tronadora en esta gran película del director Nicolas Winding Refn (Dinamarca, 1970).

Algunos medios han señalado la falta de un argumento convincente. ¿Pero qué mito, y por ende, qué rito tienen un argumento del todo convincente?

Creo que el espectador de El Demonio Neón está frente a una representación más de un mito que nos resulta tan familiar como la advertencia velada en algún cuento tradicional. La materia con la que Winding Refn reviste al mito es soberbia, limpia como una fotografía de moda. La cinematografía es exquisita, una mezcla entre Tron (Steven Lisberger, 1982) y Liquid Sky (Slava Tsukerman, 1982), que nos ofrece una riqueza cromática visceral que transporta al espectador a un tugurio decadentista.

No existe una crítica articulada al mundo del modelaje y sus manejes, a la fatuidad de las modelos; tampoco nos encontramos con un acercamiento psicológico profundo de los personajes, pues estos funcionan como imágenes arquetípicas más que como identidades de múltiples dimensiones. Con este filme asistimos a la actualización de lo mítico, hipóstasis, y a un ejercicio estético que logra tocar a la belleza por medio de la transgresión. Como dice uno de los personajes: “La belleza no lo es todo. Es lo único”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s