Ramón Martínez Ocaranza: una superpoesía antipoética. Parte II

Por Iván Cruz Osorio

Lee la primera parte de este ensayo aquí.

En Elegías en la muerte de Pablo Neruda, el deceso de su entrañable amigo chileno, bajo las condiciones del golpe de estado de Augusto Pinochet, con el apoyo de Estados Unidos, que derivó en la cruenta muerte del presidente Salvador Allende y un grupo allegado en el Palacio de La Moneda, así como la inmediata persecución de sus correligionarios, produjo en Martínez Ocaranza la construcción de un libro en que dio cuenta del vasto río de sangre de la humanidad desde el Antiguo Testamento. Una elegía desde Caín a Pinochet, en que el mal, la ruindad humana, es producto de un creador distraído, enfermo. La forma es el versículo, el tono enraizado en los salmos, apuntalados por una intertextualidad con Shakespeare, unos salmos maledicentes, herejes, cargados de ira.

Prólogo

XXIII

Caín estaba loco.

 

XXIV

Porque Jehová dormía cuando Caín fue hecho por un loco.

 

XXV

Shakespeare tiene razón.

 

XXVI

La Historia es el gran cuento de un idiota.

 

XXVII

Sólo que Jehová desconocía que el cuento estaba loco.

 

XXVIII

Y que la gran quijada del asno de la tierra lo iba penetrando.

 

XXIX

Lo penetraba con patología.

 

XXX

Caín estaba loco.

 

XXXI

Fue hecho por un asno mientras Jehová dormía.

 

XXXII

Y así nació la Historia.

Es un libro de denuncia, poesía de conciencia social, pero tratado de una forma en que resulta innegable la enfermedad humana, la sangre que siempre será derramada por el crimen. El libro enuncia que el enemigo somos nosotros mismos.

Elegía de Shakespeare

III

¡Qué condición de perros!

¡Qué sañales!

Por cada TEMPESTAD hay un silencio

de miedo abandonado.

 

IV

Vemos la podredumbre de la vida

y no decimos nada.

 

Recorremos

              el corazón

                              con

                                   puños

                                            oxidados.

Y la palabra muere de sí misma.

 

V

Cada reloj es un camino oscuro.  

Ramón Martínez Ocaranza
Ramón Martínez Ocaranza

En el último libro que publicó en vida, Patología del ser, Ramón Martínez Ocaranza resume la búsqueda de un libro de la creación y de la destrucción total. Todo lo aprendido en su primera etapa de poesía tradicional, de su socorrida forma del soneto, es la base para la concepción y destrucción poética, desde su “Prólogo del actor” lo deja muy claro: “Yo soy mi dios y el odio es mi profeta. Yo soy la sustancia de mi conciencia vengativa. Yo consagro en el cáliz de la blasfemia y de la maldición. Toda metáfora terrible tiene origen en la metáfora del odio. El odio contra el odio es la más pura belleza del amor”. Este libro recorre algunos caminos del anterior, desde luego, el odio como leitmotiv, el tono de los salmos, el diálogo descarnado y blasfemo con el Antiguo Testamento. Sin embargo, agrega nuevos diálogos cruentos, por ejemplo, con la tragedia griega, con Dostoyevski, con Baudelaire y otros tantos, de nuevo asumiendo la tradición para elaborar un enorme libro de la enfermedad humana, un libro enmuñonado de la afección del ser.

5).Tercer Edipo.

Y si quiero pintar una conciencia, pinto el número tres lleno de signos. Que no hay amor

si los quebrantos tienen metáforas de amor con los axiomas.

O los perros comulgan con el diablo metido entre las patas.

¿Usted no mira a Dios cuando asesina sus fantasmas?

¿Usted es un fantasma?

¿Usted se mira en Dios cuando se mata de amor en un espejo?

¿Usted es la palabra descompuesta que se mira en un god muy complicado?

¡Versículo de amor de perro muerto!

De god en dog el hombre se transmigra. Para después oír el subterráneo conocimiento

de su podredumbre.

Metáforas de perros y de gatos en el camino del conocimiento.

Los hombres inventaron teogonías por miedo a los espejos.

Y la conciencia humana se dio muerte cuando miró su imagen.

Que no hay ingenitud en dog que mata un perro sobre otro.

El hombre reconoce sus delitos en las tabernas del conocimiento.

Y maldice el Génesis del Ser cuando descubre que por su propio Ser camina el viento.

El génesis del viento y de la muerte.

Y dibuja su amor en el delito de un Dios inhabitado.

Cada delito H.O.I

Para matar la ley. Para cumplirla en la ceniza de su preconciencia.

Luego dije: que los gorilas vuelvan a la muerte.

Soy el padre de los gorilas de la muerte.

Que nunca paraíso fue tan Hilton como el cráneo de Dios en un Gorila.

Patología del ser es un libro que maldice, perverso, provocador. En los años 70 del siglo XX, aparecieron o se escribieron libros lóbregamente deslumbrantes que se salieron de ese molde de la poesía mexicana de libros excesivamente cuidados en su lenguaje luminoso, de metáforas tersas, sinestesias predecibles o un lenguaje conversacional seco y ceremonioso. Aparecieron con desparpajo, antisolemnidad, y un lenguaje vivo, en constante movimiento, volúmenes como El tigre en la casa (1970) de Eduardo Lizalde, El turno del aullante (1971) de Max Rojas, Los eróticos y otros poemas (1974) de Efraín Huerta, El Pobrecito Señor X (1976) de Ricardo Castillo, Digo lo que amo (1976) de Abigael Bohórquez, Isla de raíz amarga, insomne raíz (1976) de Jaime Reyes, un (ejemplo) salto de gato pinto (1976) de José de Jesús Sampedro, Gatuperio (1978) de Gerardo Deniz, Versario pirata (1979) de Orlando Guillén. A este corpus también se agrega Patología del ser, escrito entre 1975 y 1979 según el propio Martínez Ocaranza. Estos libros han conformado una multiplicidad de rutas en la poesía nacional que, combinados con las diversas tradiciones de poesía de otras regiones, vive una sana experimentación de formas, lenguaje y ejercicios interdisciplinarios.

Ramón Martínez Ocaranza, más allá de la discusión del poeta marginal o automarginado, construyó una obra poética sólida, en la que cupo una ejecución sólida de la poesía de formas tradicionales y también una que se escindió de esas formas y elaboró otras totalmente inéditas, dialogantes, intertextuales que, ahora, en pleno ascenso de su popularidad todavía resultan desgarradoras, oscuras y provocadoras. La obra de Martínez Ocaranza tiene una legión de lectores ávida de nuevas ediciones de sus libros, lo anterior se comprueba al conocerse que las más recientes reediciones de Patología del ser (Malpaís ediciones, col. Archivo Negro de la Poesía Mexicana, 2015) y Elegía de los triángulos (Cisnegro, 2016) están casi agotadas. Ni hablar de los mil quinientos ejemplares de Poesía reunida 1941-1968 (Secretaría de Cultura de Michoacán, 2009) que está agotado. Ramón Martínez Ocaranza con su obra realizó lo que se propuso: “un nuevo libro para la eterna Bíblia”.

Lee la primera parte de este ensayo aquí.

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